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martes, 21 de agosto de 2012

MODESTIA

Por José María Castillo Hidalgo

bella rosa
Yo soy Dios
entre muchas razones
complejas, sobrenaturales
milagrosas y portentosas
por una muy sencilla
pero vivificadora hasta el fin:
Me vencí a mi mismo
en una mañana luminosa
como la de hoy.
bella flor
hermosa rosa
Mis impulsos, mis instintos,
mis motivos, mis lágrimas
el sudor de mi frente
rodaron hasta llegar al remanso de mi pecho
ínfimo, débil, enfermo y suplicante
y se conjugaron en llana aceptación
que me salvó
con fuerza arrolladora
trepidante, refulgente y transustanciadora
y mis manos antes vacías
están ahora llenas de maravillas
y te las doy
con un abrazo cálido
y una mirada prístina.

linda rosa
alt
Créeme,
la sonrisa de mis labios
es todo lo que necesitas.
Hoy.


sábado, 5 de noviembre de 2011

UNO

A mi hermana Flor.

Por: JOSÉ MARÍA CASTILLO HIDALGO

Antes que todo el vacío sin luces ni sombras, pero la razón, la voluntad y la memoria con todas sus fuerzas estaban en un solo punto, aunque ya caían en forma lineal en la cuenta de sí mismas desde antes que antes. Un rugido suave y un suspiro fuerte y plano prorrumpieron el desorden cúbico, y ni el desorden ni la expansión tenían sentido. La idea estalló, inconforme porque ni esto ni aquello se parecía a nosotros, excepto en la permanencia engañosa. La luz se atragantó con la oscuridad tridimensional de manera sencilla y ya jamás el desorden volvería a ser el mismo.

La entropía navegaba raudamente entonces por el espacio y a su mismo paso delineaba manchones y perforaba orificios, sin interrupciones ni obstáculos. Todas las fuerzas giraban sobre sí mismas y la sincronía de cuatro tonos colapsaba y resurgía con torrentes espontáneos y amorfos.

Nada tiene sentido y nada se parece a nosotros. Ni el volcán en su furia, ni los gases quemantes, lo sólido, lo líquido, lo coloide, todo con el tiempo colapsa. La entropía partía la roca hasta hacerla añicos, hacía circular por estadios difusos al agua y al metano inerme y a todo esto las llamas escapaban al cielo atónitas y los cuerpos sin genuflexión viajaban a la deriva o en orbitajes silentes.

De repente en el lugar y el momento menos esperado lo que no debía estar allí, allí estaba. La equivocación que no se equivoca, la equivocación perfecta. La confusión parsimoniosa. Ciertamente era un error hasta que alguien asumió la responsabilidad y la asumió desde siempre.

“Triunfaremos. Yo te lo garantizo.” Con voz firme lo dijo. Era el Verbo, la Palabra, que no le tenía miedo a las demás fuerzas del caos y que contrariaba sin empacho a los contrarios y anti-contrarios, diciendo suavemente, todo eso es el bien y está bien y el bien triunfará.

La célula entonces se dedicó a vencer al desorden imperante. La célula en pañales, la célula empantanada en lágrimas, sudor y sangre, la célula que se estrella, se parte y se seca con el dolor milenario que aún no se sentía, pero transmitía mensajes eléctricos, difusos primero, bastante claros después.

“Vive y permanece por siempre, cianobacteria. Aunque mueras, vive. Aunque te hagas polvo, respira. Aunque sucumbas, mantén erecta tu columna. Aunque te desinfles, vuela. Aunque te disuelvas, nada y nada te detenga; se bendita, levanta tus ramas, lanza tu anhelo, aprende a replicarte, a enfrentar tus paradigmas y vive por siempre.

Y tú chica, regúlate, inflámate, llénate. Reverdécete, salta, salpica, suena. Hasta que aprendas a soñar, a reír y a llorar con mi aliento.”

El soplido era una inspiración y una vez más, lo que NO tenía que estar estaba. La conciencia y la equivocación en complot morboso habían convenido a hurtadillas en ser capaces de equivocarse exponencialmente. El Uno, toma cartas en el asunto, deshace el entuerto y delinea el mensaje que persiste y aplasta una vez más la cabeza de la entropía. La vence con su mente ordenada y cristalina y ofrece su cuerpo como combustible y su sangre para el brindis del mañana y del sueño nuevo: El mejor futuro de la complejidad está en la humanidad. Y con todas sus fuerzas la amó.

Roatán, Noviembre 01, 2011.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El Huevo

Edwin Francisco Herrera Paz. Encontré esta bonita narración en internet y la traduje (con ligeras modificaciones, como podrá ver). El original lo puede encontrar en: The Egg.



Ibas de camino a tu casa cuando moriste.

Fue un accidente automovilístico. Nada extraordinario, más sin embargo fatal. Dejaste una esposa y dos hijos. Fue una muerte sin dolor. Los paramédicos lo intentaron todo para salvarte, pero fue en vano. Tu cuerpo estaba tan destrozado que fue mejor que murieras, créeme.
Y fue entonces cuando me conociste.

“¿Q q que ha pasado?” Me preguntaste. “¿Dónde estoy?”

“Moriste,” te dije de golpe. No tenía objeto disfrazar las palabras.

“había un… un camión patinando…”

“Sip,” te dije.

“¿Mo mo morí?”

“Sip. Pero no te sientas mal por eso. Todo el mundo muere,” te dije.

Miraste alrededor. Solo estaba la nada; y nosotros dos.

“¿Qué es este lugar? ¿Es esta la vida después de la muerte?”

“Más o menos,” te contesté.

“¿Eres Dios?” Preguntaste.

“Sip,” contesté. “Soy Dios.”

“Mis hijos... mi mujer,” dijiste.

“¿Qué pasa con ellos?”

“¿Estarán bien”?

 “Eso es lo que me gusta ver,” te dije. “Acabas de morir y tu preocupación es tu familia. Eso se valora por aquí.

Me miraste con fascinación. Para ti, yo no parecía Dios. Solo parecía un hombre cualquiera. O posiblemente una mujer. Tal vez alguna vaga figura de autoridad. Más como un maestro de gramática de la escuela primaria que el Todopoderoso.

“No te preocupes,” te dije. “Estarán bien. Tus hijos te recordarán perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo de crear resentimientos contra ti. Tu esposa te llorará por fuera, pero en secreto sentirá alivio. Para ser justos, tu matrimonio se estaba desmoronando. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable por sentirse liberada.”

 “Ah,” dijiste. “¿Y qué va a pasar ahora? ¿Iré al infierno, al cielo o a algún lado?”

“No,” te dije. “Reencarnarás.”

“Ah,” dijiste. “Entonces los hindúes tienen razón.”

“Todas las religiones tienen razón en alguna forma,” dije. “Acompáñame.”

Me seguiste mientras recorríamos la nada. “¿A dónde vamos?”

A ningún sitio en particular,” te dije. “Solo que es agradable caminar mientras platicamos.”

“¿Entonces, cual es el punto?” Preguntaste. “Cuando vuelva a nacer solo seré una hoja en blanco, ¿cierto? Un bebé. Así que todas mis experiencias y todo lo que hice en esta vida no tendrá importancia.”

“Pues no es así del todo”, dije. Llevas dentro de ti todo el conocimiento y las experiencias de todas tus vidas pasadas. Solo que en este momento no las recuerdas.”

Paré de caminar y te alcé por los hombros. “Tu alma es más maravillosa, bella y gigante de lo que puedas imaginar. Una mente humana solo puede contener una pequeña parte de lo que eres. Es como meter un dedo en un vaso de agua para saber si está fría o caliente. Pones una pequeña parte de ti dentro del vaso, y cuando la sacas, adquiriste todas las experiencias que este tenía”.

“Estuviste en un humano por los últimos 40 años, así que todavía no te has estirado y sentido el resto de tu inmensa conciencia. Si nos mantuviéramos aquí el tiempo suficiente, comenzarías a recordar todo. Pero no hay objeto en hacer eso entre cada vida.”

“¿Entonces cuantas veces he reencarnado?”

“Ah, muchísimas. Y en muchas vidas diferentes,” te dije. “En este momento serás una niña china pueblerina en el 540 DC.”

“Espera. ¿Qué?” Exclamaste. “¿Me mandarás atrás en el tiempo?”

“Bueno, técnicamente sí. El tiempo, como lo conoces, solo existe en tu universo. En el sitio de donde vengo las cosas son diferentes.”

“¿Ah sí?” Preguntaste.

 “Claro,” te expliqué. “Vengo de un sitio. Otro sitio. Yo sé que te gustaría saber cómo es ese sitio, pero honestamente, no entenderías.”

“Ah,” dijiste, un poco desilusionado. “Pero espera un momento. Si reencarno en otros lugares en el tiempo, podría haber interactuado conmigo mismo en algún punto.”

“Claro. Sucede siempre. Y siendo ambas vidas solo conscientes de su propia experiencia tu ni siquiera te das cuenta que esto pasa.”

“¿Entonces cual es el punto?”

“¿En serio?” Pregunté. “¿En serio me preguntas sobre el significado de la vida? ¿No es acaso esto un poco estereotipado?”

“Bueno, es una pregunta razonable,” insististe.

Te miré a los ojos. “El significado de la vida, la razón por la que hice todo este universo es para que madures.”

“¿Te refieres a la humanidad? ¿Quieres que NOSOTROS maduremos?”

“No, solo tú. Hice este universo para ti. Con cada nueva vida creces y maduras y te vuelves un intelecto más grande.”

“¿Solo yo? ¿Y qué de los demás?"

“No hay nadie más,” dije. “En este universo solo estamos tu y yo.”

Me dirigiste una mirada de extrañeza. “Pero toda esa gente en la tierra…”

“Todos son tu. Diferentes encarnaciones de tí mismo.”

“Espera. Yo soy ¡¿todos?!”

“Ahora lo estas entendiendo,” te dije, dándote una palmadita en la espalda como felicitación.

“¿Yo soy todo ser humano que ha vivido alguna vez?”

“O que vivirá alguna vez, sí.”

“¿Yo soy Mel Zelaya?”

“Y también Roberto Michelleti,” añadí.


¿Y Pepe Lobo?


Sí, te dije. Y también Salvador Nasralla. Hiciste un gesto de disgusto como cuando alguien chupa un limón muy ácido.


“¿Yo soy Hitler?” Preguntaste luego.

“Y también los millones de personas que mandó a ejecutar.”

Te quedaste en silencio, reflexivo.

“Cada vez que victimizas a alguien,” te dije, “te estás victimizando a ti mismo. Cada acto de bondad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento alegre y triste experimentado por cualquier humano, fue, o será experimentado por ti.”

Pensaste durante algún tiempo.

“¿Por qué?” Me preguntaste. “¿Por qué hacer todo esto?”

“Porque algún día serás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres de mi raza. Tu eres mi hijo.”

“¡Wow!” Exclamaste incrédulo. “¿Quieres decir que soy un dios?”

“No. Todavía no. Eres un feto. Todavía estás creciendo. Una vez que hayas vivido todas las vidas humanas de todos los tiempos, habrás crecido lo suficiente para nacer.”

“Entonces el universo entero,” dijiste, “es, es tan solo un…”

Un huevo,” contesté. “Ya es tiempo de que partas a tu siguiente vida.”

martes, 17 de mayo de 2011

COSMOVISIONES

Edwin Francisco Herrera Paz
En el mundo hay una gran variedad de cosmovisiones, o sea, maneras de interpretar la realidad. Hace poco encontré un artículo en internet en el que se muestran las diferentes cosmovisiones y me di a la tarea de traducirlo y hacer mi propia tabla, la cual muestro aquí.

¿Cuál es su cosmovisión? La mía es “Teísta Cristiano,” con ciertas variaciones que no expondré en este post.


Lea También: Del Propósito de Dios o ¿Tiene Dios un Dios?

domingo, 15 de mayo de 2011

LA DEPRESION EXISTENCIAL: SUS CAUSAS Y POSIBLES SOLUCIONES



Edwin Francisco Herrera Paz


“¿Cuál es el pan que nadie quiere probar? Pues el pan-teón.” Hace poco leí este chiste posteado por una amiga en Facebook. Confieso que me dio risa, aunque vale la pena analizar la veracidad de su afirmación. Paradójicamente, hay personas que SÍ desean probar el panteón, como en el caso que narraré a continuación.

El 18 de septiembre de 2010 fue un día despejado en el campus de la universidad de Harvard. Por la mañana, cientos de personas residentes de Massachusetts recibieron un extraño correo que se acompañaba de un link. Al abrirlo, el destinatario era redirigido a una página web que contenía el texto de un libro de 1905 páginas.

El mencionado documento es una  obra investigativa de filosofía y teoría biosociológica que podría catalogarse simplemente como brillante. El autor razona finamente sobre asuntos como el origen psicológico del Dios bíblico, el Dios tecnológico, la inteligencia y simbolismos del pueblo judío, el transhumanismo y la historia anglosajona. El propósito fundamental del libro es convencer al lector que el nihilismo es la única doctrina aceptable, sin embargo al inicio hace énfasis en que el mismo hecho de creer en algo llamado nihilismo es una contradicción ya que no es posible creer en el “no creer.”

Una vez que uno comienza a leer el texto de la obra es difícil parar, y en mi opinión bien pudo llegar a ser un clásico de la literatura filosófica contemporánea. Digo “bien pudo” porque el objetivo del libro era el que indica su nombre: “Nota de Suicidio.”

Cuando las personas que recibieron el mencionado correo electrónico se dieron cuenta de que aquello era en realidad una nota de suicidio, intentaron vanamente comunicarse con Mitchell Heisman, el autor. Este había programado el mensaje para ser enviado unos minutos después de su muerte planificada. En las gradas de la iglesia “Memorial” de Harvard y frente a docenas de personas, Heisman acabó con su propia vida pegándose un tiro en la cabeza.

Según la psiquiatría moderna el suicidio y su planificación son signos de una profunda perturbación mental, de una depresión severa o no tratada que lleva a la ideación psicótica de la propia muerte y finalmente a su ejecución planificada. Sin embargo, en este caso se puede ver claramente mediante el análisis del texto que Heisman no llega a la autodestrucción por la vía de la emotividad, sino mediante lo que parece ser una fría aproximación racional.

Esta aproximación racional a la falta de sentido de la existencia humana –llevada al extremo en el caso de Heisman- lleva inevitablemente a un tipo de depresión, llamada existencial, que suele ser bastante común entre los intelectuales y personas de éxito de todos los tiempos.

Según las palabras de Leon Tosltoi, el célebre escritor ruso autor de “Guerra y Paz” sobre una de sus crisis de depresión existencial:

“Pero no había vida en mi porque no había deseos cuya satisfacción pudiera encontrar razonable. Si deseaba algo, sabía de antemano que no importaba si lo obtenía o no. Si un hada mágica hubiera venido y me hubiera ofrecido cumplir cada uno de mis deseos, no hubiera sabido qué desear. Si en momentos de intoxicación no tenía realmente deseos sino los hábitos de los viejos deseos, en momentos de sobriedad sabía que todo era una ilusión, que en realidad no deseaba nada. Ni siquiera deseaba más descubrir la verdad porque podía adivinar cuál era. La verdad era que la vida no tiene sentido…”

La ideación existencial de Leon Tolstoi es comprensible, pues pertenece a esa élite de individuos intelectuales de enorme creatividad cuyas capacidades elevadas se han ligado tradicionalmente a excentricidades o a patología depresiva. Por otra parte, el grupo de personas que menos se espera que sufra de depresión existencial es el de aquellas que han tenido mucho éxito en sus vidas, como los ejecutivos en jefe (CEO por sus siglas en inglés) de grandes y exitosas compañías. Después de todo, al ejecutivo en jefe promedio en los países desarrollados no le falta nada: fama, fortuna, poder, una bonita casa – en suma, todo lo que desearíamos para nosotros-, y si hay un tipo de personalidad combativa pero equilibrada debe ser la de uno de estos individuos pues la suerte económica de muchos inversionistas recae sobre ellos. ¿Por qué habría un ejecutivo de alto nivel padecer de depresión?

Pues resulta que en este grupo de personas exitosas la depresión es mucho más frecuente que en la población general, con crisis de mayor severidad que en el ciudadanos promedio. Según un reporte de la revista “Psychology Today” el porcentaje de ejecutivos en jefe con diagnóstico de depresión asciende a un 20%.

Pero mientras en el grupo de los intelectuales la depresión existencial sobreviene después de abrazar una concepción nihilista de la vida a la que se llega mediante el razonamiento, en el grupo de los CEO puede obedecer a factores ligeramente diferentes: Un vació existencial que busca llenar con éxitos materiales para luego darse cuenta que no se ha llenado; la sensación de haber escalado la última montaña, la más alta, con la consiguiente ausencia de incentivos; la sensación de haber malgastado el tiempo en la búsqueda de bienes materiales en detrimento de sus relaciones familiares; y el temor a perderlo todo, entre otros.

La depresión existencial en el grupo de personas altamente exitosas no es exclusiva de nuestros tiempos. Quizá el ejemplo más notable es el de aquel hombre sabio que gobernó Israel en su etapa de más esplendor. El rey Salomón no es famoso solo por sus innumerables mujeres y su enorme riqueza, sino por su inmensa sabiduría que lo llevaría a ser el autor de tres libros del antiguo testamento. Es decir, vemos en Salomón un modelo de persona altamente exitosa y a la vez de enorme intelecto.

Particularmente, el libro de Eclesiastés es un arquetipo de depresión existencial. Salomón, el rey que lo tuvo todo, a lo largo de muchos versículos e intercalando con reflexiones filosóficas hace breves inventarios de los logros del hombre, solo para afirmar después de cada uno que se trata de “vanidad de vanidades.” Salomón termina el libro con una recomendación a modo de asidero: “El fin del discurso que has oído es: Teme a Dios y a sus mandamiento, porque esto es el todo del hombre. Pues Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, sea buena o sea mala.” Ecl 12: 13,14.

Maduros deprimidos

En cierto aspecto, la depresión existencial es señal de madurez. Todos nacemos como pequeñas criaturas ávidas de conocimiento, deseosas de aprehender el mundo. En el transcurso de la niñez siempre estamos deseando algún juguete. Si lo conseguimos, experimentamos un enorme placer pero pronto nos damos cuenta de que aquel aparato o artilugio no llena todas nuestras expectativas, así que vamos por el siguiente. En la tienda de juguetes pataleamos y hacemos todo un berrinche hasta que nuestros padres nos complacen.

En las navidades esperamos siempre a Santa Claus (Papá Noel) con su enorme bolsa de regalos, pero al llegar la adolescencia nos olvidamos de los juguetes y los substituimos por la atracción hacia el sexo opuesto. Los juguetes dan paso a artefactos más sofisticados, como teléfonos celulares o el último videojuego, sin saber con plena conciencia que la adquisición de tales aditamentos tiene como propósito hacerse notar, sobresalir ante los iguales y las parejas potenciales.

De muchachos, los varones pensamos en el sexo. “¡Cuán feliz sería si tuviera la oportunidad de tener una relación sexual en el momento que deseara!” Las niñas frecuentemente añoran su propia familia. “¡Cuán contenta me sentiría con un hombre a mi lado que me protegiera!” Después de un tiempo encontramos una pareja, el amor de nuestra vida, nos embriagamos de emoción, probamos las mieles del placer sensual para luego pasar por desilusiones y desencantos, pero siempre vamos por más. Con los años vienen los deseos de bienes materiales y la añoranza de ser alguien ante los congéneres.

Si cada deseo es satisfecho entonces lo substituimos por otro, luego por otro, y por otro más, hasta que no quedan más deseos porque los hemos cumplido todos, o porque nos damos cuenta que los deseos ya no son tan importantes. Por fin nos enteramos de que cada vez que satisfacemos un deseo este dejará un vacío que deberá ser substituido por otro deseo, y nace en nuestra conciencia la visión de un ser humano sumergido en ciclos rutinarios, sin fin y sin sentido.

Si nos sumergimos en los libros nos damos cuenta de que no hay una verdad sino muchas; que el ser humano es finito pero infinitas son las formas de ver el mundo, y al fin nos enteramos que sea cual fuere nuestra forma de pensar, siempre habrá una manera de pensar diferente que encierre una verdad tan plausible como la nuestra.

¿Qué hacer?

La depresión existencial –como todo tipo de depresión- es negativa y dirige al individuo a la autodestrucción. Hay dos opciones: 1) La falta de significado de la vida es real. 2) La falta de significado de la vida es una simple ilusión y en realidad somos parte importante de un gran rompecabezas. Como tan probable es lo uno como lo otro el sentido común nos dice que debemos optar por la segunda afirmación con el fin de evitar la depresión existencial y la autodestrucción.

 Hay una diferencia fundamental entre percibir los sucesos del mundo cotidiano como una serie de eventos aleatorios independientes, a percibirlos como eventos, sean estos buenos o malos, que forman parte de una historia, de una trama en la cual somos una parte esencial. Lo importante es que nosotros mismos podemos escoger la ruta. ¿Opción 1 u opción 2? Escojo la 2 y a partir de allí armo el andamiaje que me permitirá encontrar propósito en la existencia.

En palabras de Viktor Frankl:

“El factor importante se llama DECICIÓN. La libertad para escoger, para decidir; saber que tengo la libertad de responder de una manera o de otra A PESAR DE las condiciones que solo en APARIENCIA parecen determinar completamente mi comportamiento”.

Viktor Frankl sabe lo que dice. Él mismo puso en práctica su prédica de libertad de decisión en su tiempo como prisionero en los capos de exterminio Nazi. El Dr. Frankl decidió no verse afectado por las severas condiciones infrahumanas vividas en ese período de su vida. Continúa expresando el Dr. Frankl que el ser humano no es totalmente libre, pues siempre estará sujeto a las condiciones biológicas y medioambientales, sin embargo, la ultima libertad humana es la de decidir cuál será su respuesta ante un conjunto de circunstancias. Así que todo comienza por la decisión de abrazar la opción 2.

Definitivamente, en la mayoría de los casos no hay una solución rápida al sentimiento de falta de propósito en la vida. Cada persona deberá abordar el problema a su propia manera y basado en sus necesidades particulares, pero voy a atreverme a enumerar algunas aproximaciones generales que pueden conducir a una “cura.”

A)   1) No tenga tiempo de deprimirse

¿Siempre quiso hacer algo por falta de tiempo o recursos y ahora sí puede? Pues este es el momento. El secreto está en no tener tiempo para deprimirse, a la vez que mantiene activos los deseos. Mantenga la ilusión. Si le aburre una actividad distractora pase a la siguiente, y luego a la siguiente. Las actividades a las que se puede dedicar son incontables. Llene su tiempo. Decídase a compartir con aquellos con quienes no había tenido tiempo para compartir. Llene su vida con arte. Apasiónese y embriáguese de la  vida. Decídase a vivir a mil por hora.

Obviamente, aunque esta aproximación al tratamiento de la depresión existencial constituye un excelente paliativo, no ataca la raíz del problema. El vacío existencial es imposible de llenar del todo con actividades adicionales.

B)    2) Dé, comparta y sirva a los demás

Si sus deseos y anhelos se encuentran en gran medida satisfechos, tenga en mente los millones de personas en el mundo que han sido menos afortunados que usted. No hay satisfacción más grande que dar a los demás de lo mucho o poco que tenemos. Si recibimos alimento, alimentamos nuestro cuerpo, pero si damos alimentos a los que lo necesitan alimentamos nuestra alma.

Lo dijo el Señor Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch 20:35).

       3) Busque su propósito en la vida

Si, tal vez sea cierto que usted es una persona exitosa en la vida, con algunas habilidades excepcionales, pero no es igual que decir que usted encontró su propósito. Habilidades y propósito no van siempre necesariamente juntos. Reflexione sobre lo que usted realmente disfruta haciendo. Remóntese a su niñez y hurgue en el cofre de los recuerdos. Alguna vez usted habrá hecho algo que le provocó una gran satisfacción, un confort interior difícil de explicar. No es necesariamente lo que usted hace mejor, sino aquello que a usted no le importaría hacer todo el tiempo, aunque no recibiera ninguna paga.  

Si usted compra una silla mecedora podrá hacer muchas cosas con ella. Si es muy bonita podrá utilizarla de adorno para su sala. También podría colocar sobre ella las cosas que no le caben en otro lugar de la casa. Si la silla es antigua podría usted subastarla por una cuantiosa suma. Todo eso está bien, pero la silla no cumplirá el propósito para el cual fue creada mientras no haya alguien que la utilice para sentarse. La vieja silla mecedora será feliz meciendo a aquella anciana que teje los calcetines de sus nietos, porque habrá encontrado su propósito. 

No hay actividad demasiado pequeña o excesivamente grande cuando sabemos que es parte de nuestro propósito. Así que busque insistentemente su propósito.

D)   4) Acérquese a Dios

¡La más importante de todas! Si usted ha llegado a una visión nihilista por la vía del intelecto, dele a Dios el beneficio de la duda. El siglo de las luces trajo consigo una revolución en la manera de pensar de la humanidad. Desde luego ahora vemos el aspecto positivo de esta revolución. Los avances en el campo médico y todas las ramas de la ciencia han sido formidables. Pero la ilustración le quitó al hombre el sentido de propósito para hacerlo un número más de una lotería estadística.

Recuerde que ni la ciencia ni la tecnología le han quitado en realidad el lugar a Dios, y la hipótesis de su existencia es al menos tan plausible como cualquier otra. Pero cuando hablo de buscar a Dios no hablo de ese Dios tecnológico futuro al que se refiere el autor de “Nota de Suicidio,” sino del Dios Padre, creador y amoroso; aquel que contesta las plegarias cuando le pedimos con fe.

Por lo tanto, atrévase a darle a Dios la oportunidad de cambiar su interior, y así remover definitivamente el germen dañino de la autodestrucción. Deje que el poderoso espíritu de Dios llene el vacío. Dele una probadita a la fe. No se arrepentirá, y después de todo, no tiene nada que perder y sí mucho que ganar. 


Suicide Note. by: Mitchell Heisman.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La evolución de la fe

“¿Cuándo despojaremos por completo a la naturaleza de sus atributos divinos? ¿Cuándo tendremos derecho los hombre a volvernos naturales, en una naturaleza pura, descubierta y emancipada de nuevo?” Esto lo expresó el célebre filósofo teutón Friedrich Wilhelm Nietzsche, en su libro “Gaya Ciencia.”
Carl Sagan, el eminente astrofísico y magnífico divulgador científico norteamericano, autor de Cosmos y otros libros, ganador del premio Pulitzer por “Los Dragones del Edén”, en su libro basado en sus ponencias en las prestigiosas Conferencias Gifford “La diversidad de la ciencia,” argumenta magistralmente que la religión es un producto de nuestra incapacidad de comprender el mundo. Cuando no se comprendía algo, entonces se les atribuía a los dioses. Se adoraba a los dioses buscando su favor.
El renombrado fisiólogo Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis intentó por su parte, en “Totem y Tabú,” dar una explicación racional a la religiosidad, principalmente al cristianismo.
Como estos, muchos otros hombres, principalmente de ciencia, han intentado eliminar a Dios de la ecuación. El universo existe por sí mismo. Mejor dejemos las cosas como están, porque con un universo complejo es suficiente. No nos hace falta un creador todavía más complejo. Eso complica las cosas.
Mas ninguna de las explicaciones esgrimidas por los más ilustres filósofos y hombres de ciencia logra deshacerse de Dios. Carl Sagan no podría explicar por qué en la actualidad la gente continúa buscando de Dios más que de la ciencia, no para intentar dar explicación a los fenómenos naturales -ya sabemos que la ciencia se encarga de esto-, sino para curar las heridas del alma. Aun en este tiempo de rápidos avances científicos, el género humano obstinadamente, insistentemente, vuelve al tema de Dios.
Se le dice al público que la religión se ha equivocado demasiadas veces; que la religión es culpable de muchos de los grandes conflictos y que el fervor religioso nos más que un subproducto de algún factor evolutivo que ya no nos es útil. Sin embargo allí seguimos, científicos y legos, en búsqueda de aquello que nos trasciende porque no podemos comprender. ¿Qué nos hace creer que hay algo, alun factor de inteligencia infinitamente superior a nosotros? ¿No es acaso más sencillo para nuestra mente racional desaparecer a Dios de la fórmula y quedarnos con lo que sí podemos comprender? Pues resulta que no. Continuamos insistiendo. Somos unos necios.
Resulta que ni Dios está fuera de la ecuación, ni el hombre está cerca aun de comprender el por qué de la existencia de nuestro universo, así como de las constantes universales, la evolución a la complejidad, los cerebros humanos, la belleza, la luz, y tampoco de la tristeza, la maldad y la oscuridad. De hecho, cada vez que un hombre se proclama poseedor de la verdad surge la evidencia apabullante que demuestra cuán equivocado estaba.
Resulta que, la búsqueda de la verdad es una cualidad humana tanto como lo es la espiritualidad. Es más, pienso que espiritualidad y razón son dos cualidades que han evolucionado simultáneamente. Además, por cada tesis de los detractores de Dios se puede esgrimir una antítesis tan plausible y válida como la primera.
En “La diversidad de la ciencia” Carl Sagan cita un proverbio yiddish que dice: “si rezar sirviera de algo, contratarían a gente para hacerlo,” minimizando el poder de la fe y de la oración a simples supercherías. Desde luego, un hombre escéptico nunca conocerá ni entenderá el poder de la fe, no porque ciencia y fe sean contrarias, sino porque la misma definición de “fe” excluye al pensamiento escéptico de su comprensión.
La fe es: la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. No existe ningún creyente que haya experimentado el poder de la fe que no crea en ella. Por otro lado, no existe ningún escéptico que sepa en realidad algo sobre el poder de la fe, a menos que se abandone por un momento y se vacíe de su escepticismo para acogerla. Es decir, la ciencia puede aproximarse por el método científico a cualquier fenómeno de la naturaleza, con excepción de la fe. Esta ha resultado una barrera infranqueable entre ciencia y religión.
A continuación presento una hipótesis alternativa del por qué el ser humano busca a Dios y a la fe, intentando simultáneamente encontrar un asidero en donde confluyan ambos caminos del entendimiento.
Hipótesis evolutiva del cerebro complejo. Debido a la complejidad de los crecientes neocortex en evolución, el ser humano comenzó a comunicarse, a formar una cultura tecnológica y a dominar su entorno. Un subproducto de esta evolución fue su percepción de lo trascendente. Debe haber algo inteligente, superior a nuestra naturaleza que maneje los hilos. Hasta aquí la hipótesis es idéntica a la de Carl Sagan, pero con una diferencia.
A partir de esos primeros contactos con la fe el ser humano encontró un factor adicional de supervivencia. La fe le ayudó al hombre primitivo, junto con otras cualidades que hacen de nosotros lo que somos, a sobrellevar su vida, a sobrevivir en los helados parajes europeos durante las eras glaciales (algo que no lograron nuestros primos los neandertales) y llegar al estado tecnológico actual. En este caso la fe habría sido un factor evolutivo y de supervivencia tan poderoso como lo son el lenguaje, la capacidad de abstracción, el manejo de herramientas y la compleja conducta social, pero eso solo es posible sí, y solo sí, la fe efectivamente ayuda a “mover los hilos.”
¿Por qué los humanos, al igual que otros animales superiores, somos capaces de categorizar, de compartimentalizar los objetos a nuestro alrededor clasificándolos en categorías que van de específicas a generales? Pues debido a nuestra estructura cerebral, la cual es en sí misma compartimentalizada y compleja. La mente humana evolucionó para sacar el máximo provecho de esta capacidad. Estructura, función y evolución van juntas. De igual manera, la complejidad de nuestro cerebro nos acerca más al concepto de Dios, una mente de una infinita complejidad.
Me parece una idea genial. Realmente buscamos a Dios porque en el planeta tierra somos los organismos más cercanos a Él. Somos lo que más se le parece y por lo tanto lo intuimos, y la fe es nada más que una consecuencia de esa realidad. De ser verdadera esta hipótesis, las consecuencias que se desprenderían serían interesantes. Estructuras más complejas que los cerebros humanos (los superorganismos, por ejemplo) se aproximarían mucho más a Dios como realidad de lo que sería capaz cualquier ser humano. Más aún. Niveles crecientes de complejidad se aproximarían paulatinamente más a Dios, hasta que en una enorme estructura mental de complejidad universal, finalmente converjan ciencia y religión en una sola verdad.
Por eso el universo está diseñado de ese modo. Por eso las partículas se unen en relaciones crecientes hasta formar seres vivos, los cuales se asocian para formar estructuras cada vez más complejas, con mayores niveles de conciencia, cada vez más cercanas a Él. En el estudio de los sistemas complejos vivos se unen ciencia y teología. Allí podemos encontrar la clave.
Bien, hasta aquí mi hipótesis. 
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sábado, 15 de mayo de 2010

Ayer Pedí






Automovil visto desde arriba

Por: Edwin Francisco Herrera Paz. 


Ayer, antes de orar, hice un repaso de las cosas que quería pedirle a mi Señor. Una casa. Si, si. Una casa grande. ¿Cómo la quiero? Hace poco revisando el correo electrónico abrí un mensaje con una presentación adjunta en la que se mostraba la lujosa vivienda del golfista estadounidense Tiger Woods. Es exactamente ase tipo de casa el que deseo. Me gusta. Es muy amplia y lujosa, y está cerca del mar.


También necesito un carro. Tengo dos, pero quiero uno último modelo. Una camioneta europea, y adicionalmente un carro deportivo. Lo visualicé. Azul metálico, que brille con el resplandor del sol, una belleza puro músculo. También necesito un quirófano para mi clínica, no solo para tener mayores ganancias, sino también para ayudar a un mayor número de personas: los bienes materiales se disfrutan más cuando se bendice a otros.
Habitación de lujosa mansiónNecesito salud y bienestar físico y mental para mí y para mi familia. Que mis hijos estén sanos y sin complicaciones. Necesito también sabiduría para escribir, investigar e impartir mis clases. No me caería mal de aquí a algún tiempo ganar el premio Nobel. ¿O tal vez el Pulitzer? Bueno, para ganar el Pulitzer hay que escribir en ingles, pero quizá un día de estos me anime. Y qué decir de unos, mmm ¿Qué tal diez millones de dólares? Antes pedía uno, pero ya que para Dios es lo mismo uno que diez, mejor pido diez. También pensé en pedir por los pobres del mundo, por los necesitados y por la manumisión de los esclavos, presos por cadenas propias o ajenas.
Certificado de premio Nobel a un famoso investigador médicoY es que no está mal pedir. Los hijos le piden a su padre y el padre, bondadoso, les provee a sus hijos. Jesús en sus enseñanzas dijo: “Pedid, y se os Dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá”, la oración de fe es una de de las fuerzas más poderosas del universo. Muchos dudan de la fe, pero el que duda nunca verá la fe en acción, pues fe y duda son términos opuestos: no puede existir la una en presencia de la otra. Jesús dijo: “Si tan solo vuestra fe fuera del tamaño de una semilla de mostaza…”. Bien, todas esas cosas le pediré al Señor, y el Señor me las dará si pido con fe.
Después de pensar sobre todos esos asuntos me puse a escuchar una alabanza: “con gran poder y gloria” y comencé a orar. Justo en ese momento sentí una presencia especial, una presencia de amor y protección. Pienso que es como la sensación que experimenta dentro del vientre de su madre un niño que no ha nacido aun. En ese instante olvidé todas esas cosas que quería pedir, porque todas las cosas quedaron pequeñas, porque todo queda pequeño cuando se está en su presencia, en la presencia del Dios creador. Y entonces, ya no pedí nada porque en ese instante lo tenía todo. Solo pude decir, “sea tu voluntad, Señor.”

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