sábado, 26 de junio de 2010

La hipocresía moral de los poderosos

Por: Edwin Francisco Herrera Paz
La clave del por qué el presidente Porfirio Lobo Sosa piensa que se trama un golpe contra él.

Un presidente hondureño envía su helicóptero desde Tegucigalpa hasta Comayagua para comprar chicharrones para la cena. Otro presidente hondureño abandona su país (en crisis) por diez días junto con un gran séquito de personas, incluidos gran parte de su gabinete, el alcalde de la capital, y el viceministro de seguridad para ver el mundial de futbol. Aumento desmedido de los impuestos a los ciudadanos, mientras los gobernantes continúan en el mismo derroche de siempre, y el gigantesco y parasítico engranaje burocrático sigue en aumento. ¿Es el abuso de los presidentes y de los poderosos en general exclusivo de Honduras? Pues no. Al parecer, la hipocresía y el abuso de los poderosos es una característica universal, tal y como lo muestran los experimentos realizados por un grupo de investigadores del Instituto Tilburg para la Investigación de la Economía de la Conducta, en Holanda.

Los investigadores mencionan el despilfarro y la glotonería de los gobernantes mientras, al mismo tiempo, se quejan de falta de fondos y crisis financiera que impiden la realización de proyectos. Los investigadores entonces proponen la hipótesis de que el poder y la hipocresía moral tienen un vínculo causal, definiendo hipocresía moral como “el fallo en seguir las normas morales y reglas expresadas por uno mismo”, o en palabras sencillas, no practican lo que predican. Dado que las decisiones de los poderosos usualmente afectan a un gran número de personas, vale la pena revisar el estudio en cuestión.

Es necesario diferenciar “hipocresía moral”  de “inmoralidad”. Mientras la persona inmoral admite que su conducta es inmoral y por consiguiente no espera o exige un comportamiento mejor de las demás personas, el hipócrita moral es aquel que tiene un rígido conjunto de valores que expresa públicamente esperando que los demás cumplan, pero el (o ella) mismo viola en público o privado. Diversos estudios han demostrado que las personas no son juzgadas por otros únicamente por la aplicación de un código de valores personal, sino también por el derecho que cree tener esa persona de juzgar a los demás y de ostentar el poder legítimo (sense of entitlement). Como consecuencia, el poderoso se percibe a sí mismo con el derecho de desviarse de las reglas que exige de los otros.

Los cinco experimentos del estudio, realizados con estudiantes universitarios, demostraron que las personas en posiciones de poder son mucho más proclives a la conducta hipócrita. Por el contrario, las personas carentes de poder muestran la característica contraria: son más autocríticas pero permisivas con la conducta de los demás, fenómeno al que los investigadores se refieren como “hipercresía”. Sin embargo, el efecto de hipocresía es mucho más marcado en los poderosos que el efecto de hipercresía en los no poderosos.

El estudio sugiere que el status quo social no solo es impuesto por los poderosos sino que, en general, los no poderosos contribuyen con su aceptación. Esto significa que las personas con poder toman lo que quieren no solo porque pueden sin ser castigados, pero también porque intuitivamente se sienten con derecho a hacerlo. Por otra parte, los carentes de poder no toman lo que necesitan no solo porque no se les permite, sino también porque intuitivamente se sienten sin el derecho.

Sorprendentemente, uno de los experimentos del estudio reveló que el sentimiento de derecho de los poderosos puede ser minado por un sentimiento de ilegitimidad, y este último se puede originar de dos formas: por medio de la rebelión, o atreves del desprestigio originado por los rumores.

El artículo en donde se publican los resultados termina su sección de discusión general con estas palabras, las cuales traduzco textualmente: “Si el poderoso siente que su auto satisfacción desenfrenada trae como consecuencia los chismes, la detracción y el minado de su reputación de líder sensato, entonces se puede ver inspirado a encarrilar su comportamiento a los estándares impuestos por él mismo. Si falla en hacerlo, puede perder rápidamente su autoridad, su reputación, y –eventualmente- su poder”.

Referencia: Joris Lammers, Diederik A. Stapel, y Adam D. Galinsky. Power Increases Hypocrisy: Moralizing in Reasoning, Immorality in Behavior. Psychological Science. Mayo 2010, 21: 5: 737-744.

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