
Imagínese usted que se encuentra en un importante coctel diplomático y le comienza a picar la barriga. Disimuladamente desliza su mano entre los botones del saco y con movimientos muy lentos pero firmes, procede usted a rascarse la barriga sin que nadie se dé cuenta. Si le pica la entrepierna, disimuladamente mete su mano en el bolsillo del pantalón, y haciendo un gesto distractivo de “oigan, ¡que interesante este tema!” procede luego como se describe ut supra.
¿Y qué decir de la punta del dedo gordo? Solo flexiona el primer ortejo y en un movimiento rápido de recuperación, se rasca contra el fondo del zapato y se acabó el problema. Pero, ¿Y si lo que le pica es la zona I? Usted sentirá una pequeña incomodidad. Realizará un movimiento circular de la cabeza intentando relajarse, pero todo será inútil.

Si su esposa está cerca, puede pedirle que lo rasque. –No mi amor, más a la derecha. No, no, un poco más a la izquierda. Poquito más abajo, noooo, no taaantooo. Ay, allí, así, asííí, siiiii-. Bien, esa es una de las utilidades de las esposas. Pero, ¿Y si usted está en el coctel diplomático charlando con una atractiva actriz de cine que también fue invitada? Como decía anteriormente, moverá su cuello nerviosamente.
Después de unos segundos que parecerán eternos, mantendrá la mirada fija en su oyente y los ojos se le pondrán vidriosos. No parpadeará. Toda su conciencia estará centrada y concentrada en el punto de comezón o prurito y no le importará más lo que diga la beldad. Pedirá permiso y a paso rápido se dirigirá al baño o cuarto de estar, buscando la manera más apropiada de aliviar la terrible tortura. Una vez aliviado el espantoso suplicio regresará a la cordura y buscará la rubia despampanante con la que alegremente departía solo unos minutos atrás, pero esta se habrá ido a platicar con un interlocutor menos “picoso”.
Después de unos segundos que parecerán eternos, mantendrá la mirada fija en su oyente y los ojos se le pondrán vidriosos. No parpadeará. Toda su conciencia estará centrada y concentrada en el punto de comezón o prurito y no le importará más lo que diga la beldad. Pedirá permiso y a paso rápido se dirigirá al baño o cuarto de estar, buscando la manera más apropiada de aliviar la terrible tortura. Una vez aliviado el espantoso suplicio regresará a la cordura y buscará la rubia despampanante con la que alegremente departía solo unos minutos atrás, pero esta se habrá ido a platicar con un interlocutor menos “picoso”.

Después de esta pequeña discusión sobre el prurito espero haberlo convencido del defecto biomecánico del que adolecemos los seres humanos. Por eso quiero presentarle uno de los inventos más útiles del siglo 20, que continúa en vigencia en el siglo 21 y continuará en vigencia hasta que algún biólogo molecular amigo mío descubra la manera de arreglar el problema insertando un gen de dedo largo (al que no se le escape escondrijo del cuerpo) en un humano. El invento al que me refiero es nada más ni nada menos que "la manito rascadora”, un útil y versátil adminículo que compré en Colombia y le regalé a mi madre. Ella dice que es el mejor regalo que le haya hecho alguno de sus hijos y lo mantiene al lado de su cama permanentemente. Con él, puede rascar cómodamente los lugares más difíciles de la espalda con relativamente poco esfuerzo, y lo ha utilizado incluso en más de una reunión. Y por si la utilidad para rascarse no fuera suficiente, el aparato cuenta con una cuchara calzadora en el otro extremo. No me cabe duda de que el inventor, aunque no se quien es, debería encontrarse dentro de la categoría de genios inventores, como Thomas Alba Edison, Alfred Nobel o Leonardo Davinci.
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