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miércoles, 25 de mayo de 2011

El Huevo

Edwin Francisco Herrera Paz. Encontré esta bonita narración en internet y la traduje (con ligeras modificaciones, como podrá ver). El original lo puede encontrar en: The Egg.



Ibas de camino a tu casa cuando moriste.

Fue un accidente automovilístico. Nada extraordinario, más sin embargo fatal. Dejaste una esposa y dos hijos. Fue una muerte sin dolor. Los paramédicos lo intentaron todo para salvarte, pero fue en vano. Tu cuerpo estaba tan destrozado que fue mejor que murieras, créeme.
Y fue entonces cuando me conociste.

“¿Q q que ha pasado?” Me preguntaste. “¿Dónde estoy?”

“Moriste,” te dije de golpe. No tenía objeto disfrazar las palabras.

“había un… un camión patinando…”

“Sip,” te dije.

“¿Mo mo morí?”

“Sip. Pero no te sientas mal por eso. Todo el mundo muere,” te dije.

Miraste alrededor. Solo estaba la nada; y nosotros dos.

“¿Qué es este lugar? ¿Es esta la vida después de la muerte?”

“Más o menos,” te contesté.

“¿Eres Dios?” Preguntaste.

“Sip,” contesté. “Soy Dios.”

“Mis hijos... mi mujer,” dijiste.

“¿Qué pasa con ellos?”

“¿Estarán bien”?

 “Eso es lo que me gusta ver,” te dije. “Acabas de morir y tu preocupación es tu familia. Eso se valora por aquí.

Me miraste con fascinación. Para ti, yo no parecía Dios. Solo parecía un hombre cualquiera. O posiblemente una mujer. Tal vez alguna vaga figura de autoridad. Más como un maestro de gramática de la escuela primaria que el Todopoderoso.

“No te preocupes,” te dije. “Estarán bien. Tus hijos te recordarán perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo de crear resentimientos contra ti. Tu esposa te llorará por fuera, pero en secreto sentirá alivio. Para ser justos, tu matrimonio se estaba desmoronando. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable por sentirse liberada.”

 “Ah,” dijiste. “¿Y qué va a pasar ahora? ¿Iré al infierno, al cielo o a algún lado?”

“No,” te dije. “Reencarnarás.”

“Ah,” dijiste. “Entonces los hindúes tienen razón.”

“Todas las religiones tienen razón en alguna forma,” dije. “Acompáñame.”

Me seguiste mientras recorríamos la nada. “¿A dónde vamos?”

A ningún sitio en particular,” te dije. “Solo que es agradable caminar mientras platicamos.”

“¿Entonces, cual es el punto?” Preguntaste. “Cuando vuelva a nacer solo seré una hoja en blanco, ¿cierto? Un bebé. Así que todas mis experiencias y todo lo que hice en esta vida no tendrá importancia.”

“Pues no es así del todo”, dije. Llevas dentro de ti todo el conocimiento y las experiencias de todas tus vidas pasadas. Solo que en este momento no las recuerdas.”

Paré de caminar y te alcé por los hombros. “Tu alma es más maravillosa, bella y gigante de lo que puedas imaginar. Una mente humana solo puede contener una pequeña parte de lo que eres. Es como meter un dedo en un vaso de agua para saber si está fría o caliente. Pones una pequeña parte de ti dentro del vaso, y cuando la sacas, adquiriste todas las experiencias que este tenía”.

“Estuviste en un humano por los últimos 40 años, así que todavía no te has estirado y sentido el resto de tu inmensa conciencia. Si nos mantuviéramos aquí el tiempo suficiente, comenzarías a recordar todo. Pero no hay objeto en hacer eso entre cada vida.”

“¿Entonces cuantas veces he reencarnado?”

“Ah, muchísimas. Y en muchas vidas diferentes,” te dije. “En este momento serás una niña china pueblerina en el 540 DC.”

“Espera. ¿Qué?” Exclamaste. “¿Me mandarás atrás en el tiempo?”

“Bueno, técnicamente sí. El tiempo, como lo conoces, solo existe en tu universo. En el sitio de donde vengo las cosas son diferentes.”

“¿Ah sí?” Preguntaste.

 “Claro,” te expliqué. “Vengo de un sitio. Otro sitio. Yo sé que te gustaría saber cómo es ese sitio, pero honestamente, no entenderías.”

“Ah,” dijiste, un poco desilusionado. “Pero espera un momento. Si reencarno en otros lugares en el tiempo, podría haber interactuado conmigo mismo en algún punto.”

“Claro. Sucede siempre. Y siendo ambas vidas solo conscientes de su propia experiencia tu ni siquiera te das cuenta que esto pasa.”

“¿Entonces cual es el punto?”

“¿En serio?” Pregunté. “¿En serio me preguntas sobre el significado de la vida? ¿No es acaso esto un poco estereotipado?”

“Bueno, es una pregunta razonable,” insististe.

Te miré a los ojos. “El significado de la vida, la razón por la que hice todo este universo es para que madures.”

“¿Te refieres a la humanidad? ¿Quieres que NOSOTROS maduremos?”

“No, solo tú. Hice este universo para ti. Con cada nueva vida creces y maduras y te vuelves un intelecto más grande.”

“¿Solo yo? ¿Y qué de los demás?"

“No hay nadie más,” dije. “En este universo solo estamos tu y yo.”

Me dirigiste una mirada de extrañeza. “Pero toda esa gente en la tierra…”

“Todos son tu. Diferentes encarnaciones de tí mismo.”

“Espera. Yo soy ¡¿todos?!”

“Ahora lo estas entendiendo,” te dije, dándote una palmadita en la espalda como felicitación.

“¿Yo soy todo ser humano que ha vivido alguna vez?”

“O que vivirá alguna vez, sí.”

“¿Yo soy Mel Zelaya?”

“Y también Roberto Michelleti,” añadí.


¿Y Pepe Lobo?


Sí, te dije. Y también Salvador Nasralla. Hiciste un gesto de disgusto como cuando alguien chupa un limón muy ácido.


“¿Yo soy Hitler?” Preguntaste luego.

“Y también los millones de personas que mandó a ejecutar.”

Te quedaste en silencio, reflexivo.

“Cada vez que victimizas a alguien,” te dije, “te estás victimizando a ti mismo. Cada acto de bondad que has hecho, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento alegre y triste experimentado por cualquier humano, fue, o será experimentado por ti.”

Pensaste durante algún tiempo.

“¿Por qué?” Me preguntaste. “¿Por qué hacer todo esto?”

“Porque algún día serás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres de mi raza. Tu eres mi hijo.”

“¡Wow!” Exclamaste incrédulo. “¿Quieres decir que soy un dios?”

“No. Todavía no. Eres un feto. Todavía estás creciendo. Una vez que hayas vivido todas las vidas humanas de todos los tiempos, habrás crecido lo suficiente para nacer.”

“Entonces el universo entero,” dijiste, “es, es tan solo un…”

Un huevo,” contesté. “Ya es tiempo de que partas a tu siguiente vida.”

miércoles, 27 de abril de 2011

El dilema del huevo o la gallina en la teoría del cosmos evolutivo

Edwin Francisco Herrera Paz. Se supone que el universo se formó hace algo menos de 14,000 millones de años a partir de la expansión de un punto –llamado singularidad– de infinita densidad en un fenómeno que se ha llamado big bang.
Árbol en medio del campo¿Y que había antes del big bang? Bien, hay múltiples teorías, pero las más llamativas son las que suponen la existencia de un infinito número de universos, cada uno formado por un universo anterior colapsado en la singularidad. Es decir, cada nuevo universo surgido como rebote del colapso del anterior.

Una alternativa es que existe un número infinito de universos paralelos, cada uno diferente a los demás. Este tipo de “multiverso” surge de forma natural en las soluciones a las ecuaciones de la teoría de cuerdas.

Pero de las múltiples teorías de multiversos que hay, la que más me llama la atención –tal vez por mi formación en las ciencias biomédicas–  es la del cosmos evolutivo, desarrollada principalmente por Lee Smolin. Básicamente, esta teoría dice que al momento de la formación de un agujero negro, dentro de él se origina todo un universo. Es decir, el colapso gravitacional en el que se origina un agujero negro en este universo, formaría un agujero blanco adentro que originaría un nuevo universo.

Evolución de los seres vivos
Lo llamativo de esta teoría es que el número de universos (hijos) originados por un universo (padre) dependería de sus constantes físicas, muchas de las cuales se definen durante los primeros segundos de expansión después del nacimiento del universo (big bang), de tal manera que aquellos universos cuyas constantes físicas favorezcan la formación de agujeros negros serán los que originen el mayor número de universos descendientes.

Así, si un universo tiene una constante gravitacional demasiado elevada, es posible que la gravedad detenga prematuramente el proceso de expansión y lo colapse en un único agujero negro. Por el contrario, una constante gravitacional muy pequeña haría que la materia nunca se condensara lo suficiente para originar un agujero negro. Este tipo de universos serían poco fértiles para la formación de agujeros negros, pero hay un enorme número de universos cuya constante gravitacional caería dentro de un rango adecuado para la formación de agujeros negros en grandes cantidades.   

Me gusta esta teoría porque se parece mucho a la manera en la que se relacionan entre sí las poblaciones de seres vivos, pudiéndose construir árboles filogenéticos en los que se integran todas las generaciones. Ahora bien, en la práctica, si esta teoría fuera cierta nunca lo sabríamos ya que la información proveniente de un agujero negro es inaccesible. Es decir, la comunicación entre universos no sería posible y por lo tanto no habría forma de recopilar la información necesaria para la realización de un árbol filogenético de universos.

Árbol de Ceiba en parque
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre la teoría del cosmos evolutivo y la teoría de de la evolución tal y como funciona en los organismos biológicos. Se supone que las constantes físicas de un universo surgen de manera arbitraria durante los primeros instantes de su formación. En este sentido, las constantes físicas del universo padre serían completamente independientes del universo hijo. Por el contrario, en la evolución biológica las características de los hijos, aunque con ligeras variaciones, dependen de las características heredadas de sus padres. Para que la teoría del cosmos evolutivo se asemejara completamente a la de la evolución biológica, cada nuevo universo debería tener sus propias constantes físicas surgidas por azar, pero limitadas por las condiciones del universo padre en una suerte de “herencia cósmica.” De esta manera, solo las mejores características (en cuanto a la capacidad para formar agujeros negros) se reproducirían, y estos universos fértiles terminarían siendo la regla.

No me extrañaría que la teoría del cosmos evolutivo fuera cierta, especialmente si resultara que aquellos universos más fértiles también tuvieran las condiciones adecuadas para la formación de organismos complejos.

Estructura compleja reproductiva
Y es que vemos que al menos nuestro universo funciona de forma recursiva, a manera de fractales. Por ejemplo, la fuerza electromagnética permite la existencia de moléculas complejas, que a su vez permite la aparición de organismos complejos como los seres vivos. De la misma manera, la gravedad favorece la acumulación de materia originando estrellas y galaxias. Esto es más que una analogía. El macrocosmos se ve reflejado en el microcosmos. Cada pequeña parte del universo simula el todo. Como ejemplo, nuestros cerebros son tan complejos como la totalidad del cosmos, y es por eso que la realidad física, con todas sus leyes matemáticas, puede reflejarse en ellos.

Los procesos ligados a la evolución son efectivos no solo en la escala de los organismos biológicos. Las sociedades, las empresas y las economías en general son ejemplos de estructuras que evolucionan. Por lo tanto no resulta tan descabellado inferir que el mecanismo evolutivo es válido para estructuras de complejidad o dimensiones muy superiores a las que estamos acostumbrados.

Dilema del huevo o la gallina
Ahora bien, si descendemos por las ramas de un árbol filogenético de un multiverso evolutivo hasta llegar al tronco, inevitablemente nos toparíamos con el primer universo. Pero si no había un universo anterior, ¿de qué agujero negro se formaría ese primer universo? ¿O es que hubo un primer big bang sin un universo anterior? ¿O creó Dios ese primer universo ya terminado?

Aquí debemos volver necesariamente al viejo dilema de qué fue primero, ¿el huevo o la gallina? Sin embargo, debo decir, a una escala mucho más grande.

Saludos.



domingo, 10 de octubre de 2010

Después de todo sí somos el centro del universo

Complejo sistema ideado por Ptolomeo para demostrar la teoría geocéntrica

Edwin Francisco Herrera Paz Una de las quejas de la ciencia reaccionaria es que durante mucho tiempo la humanidad vivió en una era de obscurantismo principalmente debido al dominio de la iglesia y su imposición de los paradigmas religiosos las multitudes. De estos tal vez los más criticados son el antropocentrismo y el geocentrismo.
Galileo Galilei, el primero en utilizar el telescopio para observar el movimiento
de los planetas, aseguró que es la tierra la que se mueve
alrededor del sol, y no a la inversa.
Los trabajos de Galileo, Kepler, Copernico, Darwin, Wallace y otros pusieron fin definitivamente a esa falsa concepción y demostraron sin lugar a dudas que la tierra no es el centro del universo, ni él ser humano un ente especial y único.
No somos el centro del universo, y la religión ha tenido que pagar caro el hecho de imponer una concepción errada a una humanidad atada por el poder eclesiástico. Las autoridades eclesiásticas se equivocaron. Creyeron que algunos textos bíblicos, especialmente el Génesis, debían ser interpretados textualmente. Que el fruto prohibido era realmente un fruto de algún árbol, y que Satanás realmente se hizo pasar por una serpiente. Que Dios realmente construyó el universo en siete días, etc.
Orígenes
Sin embargo, desde los tiempos antiguos muchos sabios estudiosos de las escrituras advirtieron que los mencionados textos debían ser interpretados como alegorías, y como ejemplo notable refiero al lector a la exégesis del alejandrino Orígenes. En los tiempos de Orígenes la alegoría se utilizaba para reconciliar el viejo testamento con el nuevo, sin embargo en nuestros tiempos y a la luz de la ciencia la alegoría bíblica se hace más obvia.
Que los Textos Sagrados son alegóricos se vuelve obvio cuando uno se pregunta: ¿Cuánto duraba un día antes de que existiera el sol y la tierra? Puesto que un día se define como el período en el que la tierra da una vuelta completa sobre su eje, si se toma literalmente el texto bíblico no tiene sentido. Y si vamos más allá cabe preguntarse: ¿Cuánto era un día cuando no existía el tiempo? Porque el tiempo y el espacio fueron creados a la vez y no pueden ser separados uno del otro.
Para mi sorpresa he podido descubrir que cuando el Génesis se lee tomando en cuenta que fue escrito para todas las generaciones de humanos y no simplemente como manuales técnicos que encajen con nuestros modernos paradigmas científicos, la Biblia se acopla perfectamente con el conocimiento científico de esta época.
Moises recibe de Dios la Tablas de la Ley
Dios creó a Adán y a Eva del barro, porque del barro surgieron las especies y entre ellas surgimos nosotros. Y eso a Dios le ha tomado algún tiempo. Siete días son en realidad 13,700 millones de años (año más, año menos) según las mejores aproximaciones de los astrofísicos. Los humanos compartimos con todas las especies de la tierra el mismo código genético y la misma estructura protoplásmica construida esencialmente de proteínas. Pero por alguna razón nos sentimos especiales; diferentes a cualquier otro ser vivo, y así llamamos animales a criaturas tan disímiles como una lombriz y un chimpancé y nos extraemos nosotros mismos de la definición, a pesar de que el parecido entre nosotros y los chimpancés es muchísimo mayor que entre aquellos y las lombrices. 
Pero ¿Qué nos hace sentirnos diferentes? ¿Realmente tenemos el espíritu de Dios en nosotros? Yo creo que sí somos hechos a imagen de Dios, y que sí somos (en cierto sentido) el centro del universo.
Nuestro hogar. Un pequeño punto azul flotando en el inmenso espacio.
Según Stephen Hawking los seres humanos somos materia bioquímica ordinaria, viviendo en un planeta ordinario, de un sistema planetario ordinario, ubicado en una galaxia ordinaria. Es decir, este es un lugar típico del universo sin ninguna característica especial. Sin embargo, la materia en el universo está lejos de ser lo típico. Lo característico es un vacío casi absoluto. La materia es una rareza. Y las temperaturas y condiciones de nuestra tierra están lejos de ser típicas. Aun si hubiera un millón de mundos que albergaran vida, esto no sería para nada algo típico. La vida sería más bien la excepción.
¿Y qué decir sobre el hombre? El cerebro humano es una extraordinaria máquina informática capaz de procesar información extremadamente compleja. Así, podemos hacer modelos matemáticos de fenómenos grandiosos, como de una explosión supernova, la formación de un agujero negro, la naturaleza de los quásares y los pulsares, y de lo que ocurre en la mismísima frontera de nuestro universo visible.
Esta imagen muestra con bastante fidelidad el
espacio intergaláctico, en donde ¡no hay nada!
Un lugar bastante típico del universo.
Podemos modelar matemáticamente el origen del universo, de las galaxias y las estrellas, y de la vida misma. En otras palabras, la complejidad del cerebro, a pesar de su pequeñez, puede reflejar los mismos esquemas físicos de ambientes completamente disímiles. Los puede imaginar, interpretar, modelar y hacer predicciones. Dos cosas que no pueden ser más diferentes, como el colapso de una estrella y el cerebro, pueden seguir los mismos patrones matemáticos. El cerebro humano es capaz de reproducirlos, de ser una caja de resonancia de los fenómenos universales.
La información que el cerebro es capaz de manejar entonces se equipara a la información contenida en el universo. Aunque debo decir que no toda la información, sino aquella que comprende los principios básicos, lo cual sería en teoría suficiente para recrear la totalidad de lo existente. Y estamos solo en los inicios, aprendiendo constantemente a un ritmo exponencial, y si al cerebro humano le añadimos un escalón más de complejidad que incluya el cerebro global con todas las ayudas informáticas, nos damos cuenta que el potencial humano es casi infinito.
Carl Sagan decía que nuestro hogar no es más que un punto azul pálido flotando en el espacio infinito. Yo digo que somos frágiles y efímeros, pero cuando comprendes la potencialidad que se encierra en el ser humano; que nuestra inteligencia nos podría llevar a las estrellas  algún día y aun más allá; que podría llegar el tiempo en el que dominemos la información a tal grado que controlemos la segunda ley de la termodinámica; que como raza podríamos, tal vez algún día, crear complejidad eternamente tomando de la energía inagotable del mundo oculto en el microcosmos en donde nacen y mueren partículas continuamente, entonces tu percepción de la realidad cambia.
Nuestros cerebros son "cajas de resonancia" de la
información del universo.
Cuando te das cuenta de eso surge el sentido de teleología; que no estamos aquí casualmente y que cada uno de nosotros al igual que todas las especies de la tierra somos puentes hacia propósitos superiores de los cuales aún no tenemos una conciencia clara. Y es precisamente eso lo que nos enseña las Escrituras. Propósitos eternos que aun no comprendemos, y de los que solo tenemos un atisbo atreves de la Palabra Revelada. Sin duda la ciencia nos abrirá paulatinamente los ojos a ese propósito y poco a poco entenderemos nuestro sitio en el cosmos.
En este sentido somos hechos a imagen de Dios. Somos criaturas con mecanismos de interpretación de la realidad complejísimos pero aun en desarrollo. Los seres vivos tecnológicos, incluyéndonos a nosotros y a cualquier otra raza tecnológica en el vasto cosmos, somos el centro del universo en el sentido de que somos centros de conocimiento, interpretación y dominio, pero además y concomitantemente con el desarrollo intelectual, hemos obtenido la capacidad de relacionarnos con el Creador por medio de la espiritualidad.
El árbol de la vida. Tomado de: http://en.wikipedia.org/wiki/Tree_of_life_(science)
No hay contradicción entre la teología y la ciencia. La ciencia revela cada día un poco más lo maravillosa que es la creación de Dios. 

miércoles, 31 de marzo de 2010

!Exijo una explicación!

Stephen Hawking, pionero en el estudio de los agujeros negros. Imagen por: José M Castillo Hidalgo
Recientemente he estado comentando un blog español de ciencia muy interesante que es frecuentado por físicos de articulas. Hay una pregunta que le tengo a mis amigos, y me gustaría me la contestaran con lenguaje mortal no tan cuántico, ya que si bien soy aficionado a la física teórica aun estoy lejos de dominar la materia.
El siglo pasado fue un carrusel de descubrimientos en física y cosmología. La relatividad de Einstein y la física cuántica de Bohr, Schrodinger, Heisenberg y otros, destruyeron por completo los viejos conceptos mecanicistas, al menos en lo que concierne a escalas espaciales y velocidades extremas.
Un subproducto de estos hitos de la ciencia es el descubrimiento de los extraños objetos conocidos como agujeros negros, dentro de los cuales la gravedad es tan intensa que tuerce y rompe el tejido del espacio tiempo, atrapando en su interior incluso a la luz. Dichos objetos –llamados también singularidades- han sido ampliamente estudiados por Roger Penrose, Stephen Hawking y otros.
Otro descubrimiento interesante, realizado por Edwin Hubble (en honor a quien el famoso telescopio lleva su nombre) fue el corrimiento hacia el rojo del espectro electromagnético de las galaxias lejanas. Dicho corrimiento se conoce como efecto Doppler, e indica que las galaxias se están alejando y por consiguiente el universo se expande.
Pues bien, la expansión del universo lleva a una interesante inferencia: si en la actualidad se expande entonces en algún momento debió estar comprimido en un único punto de densidad infinita, es decir, en una singularidad. Dicho punto debió haberse expandido en una gran explosión que conocemos como “big bang”. La noticia del “big bang” fue bien acogida por la comunidad científica, así como por las religiones ya que implicaba un momento de creación, contrario a lo que la física clásica mecanicista creía: un universo estático infinitamente viejo.
¿Cuáles son las pruebas del big bang? En primer lugar, la llamada radiación de cuerpo negro, que significa esencialmente que el universo no se encuentra absolutamente frio, sino a una temperatura de 3º kelvin. Dicho calor representa la signatura de un evento de gran energía. La segunda prueba es la expansión del universo.
La edad del universo entonces se calcula considerando que este se expande a un ritmo relativamente lento. La gravedad de las galaxias frena la expansión, así que si la expansión ha estado frenando desde el big bang, podemos calcular el tiempo transcurrido, e inferir que los primeros instantes fueron realmente rápidos, formándose prácticamente toda la materia existente en la actualidad antes de transcurrido el primer segundo.
Hasta aquí yo entendía el asunto. Estaba un poco incomodo con las extrañas explicaciones que ofrece la mecánica cuántica sobre la estructura del universo, como por ejemplo que las cosas están en muchos sitios a la vez (cosas cuánticas, claro), pero por lo que entiendo, las matemáticas que sustentan la teoría son increíblemente solidas, y como todos sabemos el universo no solo se explica matemáticamente; en realidad el universo ES matemáticas. A pesar de eso yo era feliz entendiendo que hubo un principio en forma de singularidad, y que además podemos calcular cuando ocurrió.
Pero resulta que el asunto estaba muy bueno para ser cierto. En la actualidad existe evidencia de que el universo no se encuentra frenando su expansión sino al contrario: ¡La expansión se está acelerando! ¿Cómo? Todo esto es una locura. Si se está acelerando entonces, si retrocedemos en el tiempo llegará el momento en el que el universo estaba estatico, sin expansión, pero ese tiempo no confluye en una singularidad. ¿O sí? ¿Por qué el universo acelera su expansión? ¿Será que el espacio se está creando continuamente a un ritmo exponencial? ¿O es que hay una quinta fuerza, externa al universo que lo jala y expande contrarrestando la fuerza gravitacional? ¿Cómo podemos inferir ahora la edad del universo? ¿Será que las cifras manejadas hasta el momento son subestimaciones? ¿Ofrece la cosmología moderna una explicación lógica y racional que pueda entender un lego como yo? ¿Alguien me puede decir que está pasando aqui? !Exijo una explicación!

http://www.cienciakanija.com/2010/03/29/hubble-confirma-la-aceleracion-cosmica-con-galaxias-distorsionadas/