sábado, 30 de octubre de 2010

Comunión en la luna: Buzz Aldrin toma la Santa Cena a 250,000 millas de casa el 20 de Julio de 1969.

Edwin Francisco Herrera Paz. Decidí traducir y publicar este pequeño artículo que recibí por correo electrónico de un amigo. Después de realizar una búsqueda en Google, di con la página fuente: http://www.snopes.com/glurge/communion.asp. A continuación comparto el artículo con ustedes:

Hace cuarenta años dos seres humanos cambiaron la historia al caminar en la superficie de la luna. Pero lo qué sucedió antes de que Buzz Aldrin y Neil Armstrong salieran del módulo lunar es quizás más sorprende, y más aún porque muy pocas personas saben acerca de ello. Hablo del hecho de que Buzz Aldrin tomó la comunión en la superficie de la luna. Algunos meses después de su regreso, escribió sobre eso en la revista Guideposts.

Y hace algunos años tuve el privilegio de conocerle personalmente. Le pregunté sobre el asunto y me confirmó la historia, y lo escribí en mi libro “Todo lo que usted siempre deseó saber sobre Dios (pero temía preguntar).” 


El trasfondo de la historia es que durante ese período de su vida Aldrin era anciano de su iglesia presbiteriana en Tejas, y sabiendo que pronto estaría haciendo algo sin precedentes en la historia de la humanidad, sentía que debía marcar la ocasión de alguna manera y le pidió ayuda a su ministro. 


Y de esa manera el ministro consagró una oblea de comunión y un pequeño frasco de vino de comunión. Y Buzz Aldrin los llevó con él fuera de la órbita terrestre hasta la superficie de la luna. 

Manuscrito original de Aldrin con el
pasaje de Juan 15:5
Él y Armstrong habían permanecido en la superficie lunar solo por algunos minutos cuando Aldrin hizo la siguiente declaración pública: “Éste es el piloto del módulo lunar. Quisiera aprovechar esta oportunidad para pedir a cada persona que escucha, a quienquiera y dondequiera que esté, que se detenga por un momento y contemple los acontecimientos de las últimas horas y que dé las gracias a su propia manera.” 


Luego cortó la transmisión de radio y allí, en la superficie silenciosa de la luna, a 250.000 millas del hogar, leyó un versículo del evangelio de Juan y tomó la comunión. Aquí está lo qué sucedió, en sus propias palabras:
“Durante el apagón de radio, abrí los pequeños paquetes de plástico que contenían el pan y el vino. Vertí el vino en el cáliz que nuestra iglesia me había proporcionado. En la gravedad de un sexto en la luna, el vino se alborotó y subió lentamente y con gracia por un lado de la taza. Luego leí las Escrituras, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer”.

Me había propuesto relatar mi experiencia de comunión a mi retorno a la tierra, pero a última hora me solicitaron que no lo hiciera. La NASA se encontraba enredada en una batalla legal con Madelyn Murray O'Hare, el célebre opositor de la religión, acerca de la lectura del Génesis por parte del equipo del Apolo 8 mientras se movía en órbita alrededor de la luna durante la Navidad. Acepté a regañadientes. 

Comí la pequeña ostia y bebí el vino. Di las gracias por la inteligencia y el espíritu que habían traído a dos jóvenes pilotos hasta el Mar de la Tranquilidad. Fue interesante para mí reflexionar: el primer líquido vertido alguna vez en la luna y el primer alimento comido allí, fueron los elementos de la comunión. Y por supuesto, es interesante pensar que algunas de las primeras palabras habladas en la luna fueron las de Jesucristo, que hizo la tierra y la luna - y que, en las palabras inmortales de Dante, es en sí mismo “el amor que mueve el sol y las otras estrellas.”

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