jueves, 7 de febrero de 2013

ROMPAMOS LA HEGEMONÍA DE LOS MOVIMIENTOS O CORRIENTES POLITICAS


Por: Lic. Carlos A. Urbizo Solís



Ciudadano, compatriota:

         Por más de veinte (20) años el pueblo hondureño ha sido sometido a un caudillismo y oligarquía política, que por tradiciones y nepotismo malaventurados y deplorables, les han permitido controlar a su antojo y conveniencia los partidos políticos legalmente inscritos.

Foto de Quique Ortéz poniendo tinta indeleble
         Esta trama ha sido posible por la confabulación de dirigentes políticos que lograron, sin debate público y a espaldas del pueblo, promulgar una Ley Electoral que en la práctica viola los más elementales y fundamentales derechos políticos del ciudadano. Estos derechos políticos están plasmados y garantizados por la Constitución Política de la República de Honduras, así como por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas suscrita por el Estado de Honduras.

         Y este atropello y violación a los derechos humanos individuales y a la soberanía popular se ha llevado a cabo impunemente a través de una trampa legal introducida por los caudillos de los partidos en la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas vigente desde 1981. Al terminar los gobiernos militares de facto, erróneamente se le hace creer al pueblo que con esa ley se ha retornado a la democracia.

Pericles hablando en la plaza
¿Qué es democracia?

    Simple y sencillamente democracia significa que el ciudadano tiene la libertad y el derecho de “elegir y ser electo”, y así lo establece el Artículo 37 de la Constitución, sin más condiciones que las establecidas en la misma Constitución.

        Aun para el cargo público más alto, el de presidente, el Artículo 238 de la Constitución señala que se requiere únicamente:
1. Ser hondureño por nacimiento
2. Ser mayor de 30 años
3. Estar en el goce de los derechos ciudadanos; y
4. Ser del estado seglar.

(Nótese que no dice, como sostienen incorrectamente muchos, que debe saber “leer y escribir”. Y así debe ser porque el pueblo puede y debe elegir a quien quiera ─ aunque sea solo hipotéticamente, porque en la realidad no elegirá a alguien que no sepa  leer o escribir).

Este derecho es personal, individual e intransferible tanto para elegir como para ser electo.

¿Por qué no tenemos,  ni  hemos  tenido, democracia?

         A pesar que  la Constitución establece y garantiza claramente, y sin la más remota duda, que el derecho es del ciudadano (Artículo 37), que el voto es directo (Artículo 44), que es punible todo acto que prohíba o limite la participación del ciudadano en la vida política del país (Artículo 45), y que no se aplicaran leyes y disposiciones gubernativas o de cualquier otro orden  ….   si disminuyen, restringen o tergiversan esos derechos políticos (Artículo  64), una ley secundaria, la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas, en violación abierta y temeraria a esos artículos constitucionales, crea obstáculos artificiales, barreras arbitrarias, y requisitos absurdos para que el ciudadano pueda ejercer sus derechos políticos.
Libro de la Constitución de Honduras

         La Constitución establece y garantiza los derechos políticos del ciudadano; sin embargo, la Ley Electoral, en franca contradicción, le traslada ese derecho personal a los movimientos o corrientes de los partidos políticos.
                  
         Mientras la Constitución dice que el ciudadano tiene el derecho de “elegir y ser electo”, la Ley Electoral, artículo 116) dice que “Tendrán derecho a postular candidatos para cargos de elección popular los movimientos, corrientes o tendencias de cada partido político…”   Y como si este abuso y arbitrariedad no fuera suficiente, la misma ley establece requisitos enormes para poder inscribir un movimiento, invalidando así el derecho constitucional del ciudadano.

         Si democracia es que el ciudadano tiene derecho de “elegir y ser electo”, NO puede ser democracia que una ley secundaria le quite ese derecho para transferírselo a un movimiento, es decir, al dueño del movimiento, como vulgarmente se conoce, reconoce, y pregona.

¿Quién puede inscribir un movimiento y qué requisitos tiene que cumplir?

Publicidad del Partido Nacional         Aquí se presentan otras violaciones inexcusables a los derechos  constitucionales establecidos en los artículos 44 y 45 de la Constitución al no ser el voto directo, y al crear limitaciones a la participación política del ciudadano.
         
         Específicamente, el Articulo 108 de la Ley Electoral manda que para que un movimiento pueda participar en elecciones internas, debe inscribir nóminas o planillas de candidatos a cargos de autoridades (Comité Central, Consejo, etc...) a nivel local, departamental y de convencionales o delegados en más de la mitad de los departamentos y de municipios de la república. (Esto quiere decir 10 departamentos y 150 municipios! Si no será esto una limitación a la participación política!)

¿Quién o que es el movimiento?

Movimiento de Yani Rosenthal         Simplemente, un movimiento es en realidad un aspirante a la presidencia de la república. En este sentido de la ley, no hay, ni puede haber, movimientos para diputado, alcalde, vicealcalde, regidor, y convencional! Un movimiento no puede existir sin un dirigente, y nadie forma  movimientos  para  que otro sea candidato a la presidencia. El resultado es que el movimiento es el precandidato presidencial; es el que se convierte en el dueño del o su movimiento, como se refieren a él popularmente. Y como dueño puede disponer de su propiedad, es decir, de todas las candidaturas a cargos de elección popular, y por ende, quita y pone a su conveniencia y antojo, a quienquiera en cualquier momento.

        Por esa razón es que nadie, aun pasadas las elecciones internas, se siente seguro de la nominación y posición, privilegiada o no, que lleva en la planilla. ¿Y a esto le llaman democracia?

         Por su parte, el Articulo 116 de la Ley Electoral, ordena que tendrán derecho a postular candidatos los movimientos que inscriban listas o panillas de candidatos a los cargos de presidente (invariablemente el dueño del movimiento), designados (ahora vicepresidente), diputados, y corporaciones municipales, en más de la mitad de los departamentos y municipios de la república. 

¿No es esta una barrera (limitación en el lenguaje de la Constitución)  monstruosa y arbitraria para el ciudadano que busca un solo cargo, y tal vez el más bajo de suplente?
        
Si alguien aspira a presidente ¿porqué tiene que remolcar esas inmensas planillas?

         Si algún ciudadano quiere ser alcalde ¿porqué tiene que ir a buscar un movimiento presidencial que lo acoja?

         Si algún ciudadano desea ser regidor, ¿por qué tiene que ir a buscar refugio a una planilla municipal, y depender de la bendición del candidato a alcalde y del candidato a la presidencia quienes, en cualquier momento, pueden aceptarlo o rechazarlo sin derecho a pataleo?

Papeleta del Partido Nacional
         ¿No es todo absolutamente contrario, y un atropello, al derecho individual y a la soberanía popular?

         Así las cosas, por disposición artificiosa de una ley secundaria, sólo existe oficial y legalmente un movimiento para presidente, y este, en elecciones internas, arrastra a todos los demás precandidatos a cargos de elección popular.

         Si bien se ha logrado, por benevolencia de los caudillos, que el voto puede ser separado para presidente, alcalde (y sus regidores), y diputados esta opción ha sido burlada por el “voto en cascada” que se han ideado  las cúpulas de los partidos. ¡Por otra parte, para que exista esa opción hay que pertenecer forzadamente a un movimiento!

En conclusión, los artículos 108 y 116 no permiten que un ciudadano pueda postularse por sí mismo, dentro de su propio partido, a un cargo de  elección popular sin la bendición del dueño del movimiento, o jefes de las argollas u oligarcas políticos. (El caso de candidaturas independientes es otro tema, e igualmente contrario a los derechos constitucionales, pero está fuera  de  esta  denuncia.)
Papeleta del partido liberal

¡Y todavía tienen la audacia y temeridad de llamarle a esto democracia?

En una democracia no hay razón por la cual un ciudadano que desee  representar a su comunidad como diputado, alcalde, vice-alcalde, regidor o  convencional, tenga que buscar el beneplácito del “dueño” de un movimiento político.

El aspirante o precandidato debe responder únicamente por él mismo ante sus bases o electorado, y saldrá electo por voluntad de los votantes, por sus propios méritos, por su capacidad, por su honestidad, por su integridad, por sus propuestas, sin ser favorecidos o contaminados por un movimiento o dueño, y en muchos casos aun por el partido a que pertenece. (Estos son cargos eminentemente de responsabilidad individual, y no colectiva o de grupo.)

Confirmando la grave y perniciosa falta de democracia en Honduras, los caudillos de los partidos políticos se reúnen para negociar, entre sí y para ellos mismos, las reformas a la ley electoral que convengan a sus intereses y no a los del pueblo hondureño.

La fotografía NO es una solución

         Se le ha hecho creer al pueblo que la inclusión de la fotografía de los precandidatos es un gran paso o adelanto democrático. Si bien puede tener algunos méritos, la final de cuentas es un espejismo, un artificio para posponer las reformas verdaderas y democráticas que el pueblo clama, reclama, y necesita para ejercer sus derechos.

¿Quién va a decir que fotografías se exhibirán en la papeleta?
         ¡Pues, de vuelta, nada menos que el mero dueño del movimiento! (No es que los  interesados o aspirantes van a enviar sus fotografías para que los incluyan en la papeleta, estemos claros!)
  
         Y con esto, regresamos a la hegemonía de los oligarcas políticos, la cual permite, y les ha permitido, un virtual monopolio de las instituciones públicas. Esta concentración de poder en pocas manos es una de las razones primordiales por las cuales se empeora y profundiza la condición de pobreza, violencia y desempleo del pueblo hondureño.

¿A quién  le sirve la fotografía?       

        En primer lugar, como la huella digital en vez de firma, es para aquellos que nos saben leer, y que no podrían elegir por nombre al candidato de su preferencia. Pero eso de la fotografía no es democracia; eso es reconocer un impedimento que en cualquier caso debe subsanarse.

En segundo lugar, serviría para una mejor identificación de aquellos homónimos (para el que sabe leer), suponiendo, que no es el caso, que hubiera una diseminación masiva de fotografías de delincuentes, prófugos, e inhabilitados legalmente, para que el votante no se equivoque o confunda involuntariamente.

         El pueblo no puede ni debe conformarse ahora mismo con nada menos que su derecho constitucional de “elegir y ser electo” sin obstáculos artificiales de ninguna naturaleza. Y esto debe ser para las próximas elecciones.

¿Es cara la democracia?

         Los intereses en mantener la hegemonía de los partidos alegan que permitir que el ciudadano pueda “elegir y ser electo” sin pertenecer a un movimiento o corriente, sería “demasiado” caro (a pesar de tratarse de su derecho constitucional y no de un privilegio) ¡Qué argumento más absurdo y desatinado!

         Ni el tiempo ni el costo deben ser impedimentos. La democracia no puede ser cara, y no puede ni debe ser postergada con pretextos pueriles. Lo que es caro es lo que tenemos ahora ─ gobiernos de argollas y nepotismo, pobreza, violencia, desempleo….!

         Los responsables que ostentan los poderes públicos deben y tienen que dedicar el tiempo, el esfuerzo, y el dinero necesario para implantar los derechos humanos y democráticos de todos y cada uno de los ciudadanos de “elegir y ser electo“, directa e individualmente como lo garantiza la Carta Magna.

COMPATRIOTA:

         Con tú apoyo y protagonismo podemos lograr, a corto plazo, que la Ley Electoral se reforme para que podamos ejercer todos nuestros derechos políticos en un ambiente democrático. Solamente entonces los electos serán verdaderos y legítimos representantes del pueblo, respondiendo sólo al pueblo, rindiéndole cuentas cabales, y respetando en primer término el derecho y los intereses de las mayorías. 

         Este será sólo un comienzo. Necesitamos después asegurar la representación de todos los sectores. Pero derogar las trampas legales de los jefes, es indispensablemente el primer paso en el camino correcto que nos permitirá realizar el único compromiso que tiene validez en la política: lograr el más alto nivel y mayor calidad de vida para el mayor número de personas posible.

         Sólo en un pueblo libre para votar por quienquiera puede haber genuina democracia.

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