martes, 19 de junio de 2012

NIKO

 A Kidbi.

Por: José María Castillo Hidalgo.

No o si, si o no...?
Al fin al traerlo
cabía en mi mano
como una frágil taza
de leche caliente.
 
Tembloroso y en silencio
lo vi como un corazón sufrido
que con las horas
recobró la ilusión.

Entonces todos en casa
nos inundamos de un entusiasmo fresco
y él con su irreverente insignificancia
se hizo el nuevo dueño.

El más grande se acomodó a sus impertinencias
y el más chico,
sin más remedio,
a su encanto sucumbió.

¿Y quién era yo?
Me imagino su amigo.
Donde me apostaba
se subía a los muebles,
si me carcajeaba,
saltaba de emoción
y si sollozaba
mas lastimero y más sentido
él gemía conmigo.

Transparente como las lágrimas de un niño,

brillante como un lucero
intrépido, listo,
geniosabio instantaneo,
nunca le entró una lección,
pues ya venía sabido.

Severo con los desconocidos
jamás aceptó que lo tocara
más nadie que mis hijos,
y desde el principio no dudó
para quien había nacido.

Vano. El mundo es vano.
¿Existe acaso algo más grande que esto?

Si los buenos y valientes van al cielo
nadie tiene más derecho al cielo que mi amigo.
Y nadie peleará más fieramente que mi amigo
por mi puesto en el cielo
aunque yo no tenga derecho,
¡Gracias alero
por ahorrarme el rezo!

¡Hasta pronto Nikolai!

17-6-12

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