sábado, 23 de marzo de 2013

DE PILOTOS PREHISTÓRICOS O, "MAMÁ, COMPRAME UN NINTENDO"

Por: Edwin Francisco Herrera Paz

Estrellas
Mucho se ha escrito sobre teorías de conspiración de civilizaciones pasadas poseedoras de unos portentosos conocimientos tecnológicos y científicos; se ha especulado que dichas civilizaciones vinieron de más allá de nuestro sistema solar, probablemente de alguna estrella de la constelación de Orión. Se ha dicho que la raza humana fue modelada como una especie pensante mediante la utilización de técnicas de ingeniería genética. La evidencia, se dice, se encuentra en todos lados.

Existen narraciones sobre una civilización constructora de pirámides que influyó en la formación de los grandes imperios pasados, y se especula que dejaron su legado en puntos estratégicos de la tierra; que una parte de su conocimiento milenario fue heredado al pueblo hebreo a través del Patriarca Moisés; y que otra pequeña parte de esa herencia ha llegado en secreto hasta nuestros días, portada por sectas o asociaciones como los Iluminati. Dicen que hay evidencia de una sociedad humana sedentaria y antigua en las ruinas de ciudades de hasta más de 90,000 años de antigüedad. Incluso se ha encontrado evidencia de una posible detonación nuclear antiquísima en las ruinas de Mohenjo Daro.

Mucho se ha dicho y escrito, pero al final el asunto no queda sino en teorías de conspiración. Es por eso que me dediqué a cavilar desde hace algún tiempo sobre algún otro tipo de evidencia; algo que nos indique que nuestra evolución no fue lineal desde los ancestros compartidos con nuestros primos simios antropomorfos; o al menos algún indicativo, alguna huella, la firma de algún pasado tecnológico. ¡¡Y creo haber dado con algo!!

Viendose espejo
Véase al espejo. Su apariencia, cada aspecto de su imagen, así como de su personalidad y su funcionamiento interno, obedecen a fuerzas evolutivas. Tiene unos ojos porque la fotorrecepción es necesaria para la supervivencia. Por ello es que las personas ciegas de nacimiento no abundan. Por otro lado tal vez usted sea miope, como yo. Los miopes, a diferencia de los ciegos, abundamos en la vida moderna. Ello se debe a que no se necesita una visión perfecta para sobrevivir en nuestra sociedad. No la necesitamos para la cacería ya que alguien más produce la comida con la que subsistimos. Tampoco para la guerra, ya que nuestra civilización es relativamente pacífica en comparación con aquellas existentes hace algunos miles de años. Aun así, sin necesitarlo para la supervivencia, una gran proporción de las personas que viven en la actualidad tiene una visión perfecta, de 20/20. ¿Por qué? Porque la buena vista alguna vez fue necesaria para la guerra y la cacería; y remontándonos mucho más atrás, la vida arborícola necesita de una visión extremadamente buena puesto que el fallo en el cálculo de un salto a una rama resultaría fatal y pondría fin a los genes de la visión defectuosa. En aquellos remotos tiempos, un miope como usted o como yo tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir; sus variantes genéticas no se propagaban y por ello eran escasos, tal y como hoy en día lo son las personas con ceguera congénita. Este es solo un ejemplo de cómo una habilidad física se encuentra ligada al pasado evolutivo.

Chimpances arbol
Desde luego, hoy sabemos que la estructura física de un organismo vivo no solo es moldeada por la selección natural. El azar tiene mucho que ver con lo que somos. Por ejemplo, si en este momento una hecatombe nuclear destruyera el planeta y algunos pequeños grupos humanos lograran sobrevivir, entonces, si la tierra se repoblara, esa nueva humanidad sería portadora de las características de estos grupos. Si uno de ellos (grupos) fuera extremadamente bueno en algo, trepar árboles por ejemplo, entonces una buena proporción de esa nueva humanidad sería buena para trepar árboles, y probablemente las actividades sociales de esa humanidad futura se realizarían en construcciones arborícolas. La humanidad entonces habrá cambiado radicalmente sus hábitos debido a lo que los genetistas llamamos “efecto fundador”, uno de los varios fenómenos que se agrupan dentro de la categoría de cuellos de botella en los que la supervivencia de unas pocas variantes genéticas cambian drásticamente las características de una población.

Primate triste pequeño
Otro tipo de cambio en la composición genética de una población se da por lo que se denomina aventón, o en inglés, hitchiking. Le explico de manera sencilla. Imagine usted que ocurre una mutación en un gen, con lo que se origina una variante genética. Imagine que esa variante le confiere al individuo poseedor una ligera ventaja evolutiva, por lo que en cada generación la mayor probabilidad que tiene el sujeto de sobrevivir, hace que la proporción de la variante aumente. La selección natural estará beneficiando la variante. Ahora imagine que cerca de ese gen, hay otro, en el mismo cromosoma, que determina otra característica del individuo. Cuando ocurrió la mutación beneficiosa en el primer gen, en el segundo se encontraba una variante genética específica. Entonces, esta variante se heredará junto con la primera, y a medida que aumente la frecuencia de la una por selección, aumentará la frecuencia de la otra. O sea, se va de aventón.

Planeta de los SimiosPor otro lado y a pesar de los cambios aleatorios, es difícil que una habilidad particular se desarrolle en una especie si no es por intensas presiones evolutivas. El lenguaje, por ejemplo, probablemente se desarrolló en solo unas cuantas decenas de miles de años bajo las presiones de la caza y las guerras entre grupos rivales, dejando una increíble ganancia secundaría que nos ha permitido un nivel elevado de abstracción. La habilidad para la manipulación fina de objetos se desarrolló concomitantemente debido a la ventaja que proporcionó la elaboración de armas y otros utensilios para la caza y la guerra, dejando esta destreza un gran número de ganancias secundarias, como la ejecución de instrumentos musicales.

Chango primate simio
Ahora bien, hay una habilidad que me intriga ya que en la historia evolutiva del ser humano, tal y como la aceptamos hoy en día, no tiene parangón, ni tiene ninguna razón de existir a menos que se haya desarrollado en el seno de una sociedad tecnológica de viajeros, ya sea durante unos cuantos miles de años, o mediante ingeniería genética. Si al lector se le ocurre un mecanismo evolutivo que explique esa característica, por favor me lo hace saber. Por favor explíquenme, ¿Cómo adquirimos las finas destrezas motoras y de equilibrio necesarias para maniobrar una nave a velocidades que superan la del sonido? Nacemos con la potencialidad para maniobrar y tripular velocísimos jets de combate, y manipular aparatos electrónicos que los simulan en los videojuegos. Todos sabemos que para los niños el desarrollo de destrezas en las consolas de Nintendo o de otras marcas, se da naturalmente, como si estuviéramos equipados con las conexiones necesarias para guiar veloces naves a través del espacio o sorteando intrincados obstáculos.

Caballo yegua
Se podría argumentar que la guerra y la caza se vieron favorecidas con la domesticación y el uso de animales de carga, como el caballo. La ventaja en el combate (entre grupos rivales) que proporcionaba la velocidad de los animales debió haber determinado la proliferación de individuos con una mayor habilidad motora a altas velocidades. Sin embargo este argumento no me convence del todo, ya que los parámetros que debe controlar un jinete solo alcanzan a ser una pequeña fracción de los que deben ser controlados por un piloto de combate. Y sin un aliciente evolutivo, la capacidad irá desapareciendo lejos de aumentar.

Avion guerra fuerza aerea
Otra posibilidad es que durante un cuello de botella originado en la población humana hará unos 100,000 años, hayan sobrevivido los genes que benefician este tipo de control motor. Sin embargo esto es sumamente improbable ya que, como mencioné anteriormente, al no ser utilizada la habilidad se hubiera perdido en el corto tiempo de unos miles de años. Entonces, lógicamente, esos humanos debieron haber desarrollado una sociedad tecnológica en donde esa enorme capacidad tuviera una ventaja competitiva en sus poseedores, dándoles prestigio, favoreciendo el apareamiento y permitiendo la expansión en frecuencia de las variantes genéticas responsables. La evolución de la destreza motora para tripular veloces naves se pudo incluso desarrollar en una sociedad avanzada sin necesidad de un cuello de botella, si dicha civilización hubiese subsistido por un tiempo suficiente, como unos cuantos miles de años.

aviador leyendo
Le diré lo que pienso. Las variantes genéticas de la extrema habilidad motora necesaria para el control de veloces máquinas motorizadas terrestres o voladoras evolucionaron natural o artificialmente en una sociedad tecnológica avanzada que debió haber desaparecido hará unos 4000 años, pero que debió haberse desarrollado a lo largo de muchos miles de años. Los viajeros o sobrevivientes de esa avanzada civilización debieron haber propagado sus genes entre diversas culturas, así como sus técnicas arquitectónicas, especialmente aquellas destinadas a la manipulación de la piedra.  Otra característica heredada de esa gran civilización pudo haber sido la alta valía dada a los metales preciosos, especialmente el oro. ¿Qué partes importantes de sus naves o instrumentos pudieron haber sido construidas con dicho metal? Tal vez nunca lo sepamos.

Niño Playstation
Es incluso posible que en nuestro desarrollo como especie no haya habido una, sino varias civilizaciones avanzadas. Especulaciones fantasiosas, dirá usted, y tal vez tenga razón. Pero si no es así, si acaso mi hipótesis tiene una pizca de verdad, cada vez que usted vea a su hijo manipular de forma natural el control de su Play Station, es posible, tan solo posible, que esté contemplando en plena acción, en todo su esplendor, los genes de los viajeros de aquella gran civilización perdida.

Saludos. 

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