sábado, 21 de enero de 2012

LA MOLÉCULA SE AMOTINA, LOS HOMÍNIDOS BAJAN Y OJOS INVISIBLES EN LA ARENA: UN PEQUEÑO TALLER DE VALORES

Por: José María Castillo Hidalgo.

Casualmente la molécula, hasta ahora impertérrita, se suma a una entidad más amplia a la que no ha pertenecido y allí quiere permanecer a toda costa. Aunque nada entiende, recibe instrucciones directas e invisibles que más bien se parecen a la nada, pero son tan sonoras y claras que a ellas se aferra y tal pareciera y cada vez le parece más, que las órdenes intangibles son realmente lo importante y lo trascendente. No obstante si hay algo que para sí misma quiere, es permanecer detrás de la línea que hace la diferencia, aunque no pueda hacerlo por mucho tiempo y más temprano que tarde tendrá que salir expelida del círculo,  porque así son las reglas, hasta que cambien, si alguien las cambia.

Las rutas del viaje para llegar hasta allí donde por el momento se encuentra, quedan incorporadas en ella misma, desde el primer paso hasta el último, y aún más lejos, tiene abiertas las puertas a las posibles direcciones que deba asumir e improvisar para aventurarse a la vida perdurable que es a donde en definitiva quiere llegar sin saber dónde queda, pero no hay vuelta atrás y su deber ineluctable es entregar el bastón de información a su relevo quien divulgará las noticias y capacidades incorporadas lo más pronto y ampliamente que pueda, para mantenerlas y eventualmente, perfeccionarlas. Cada vez que este mágico evento se produce, es un reencuentro y una reincidencia confusa, harto dolorosa y en cierta forma absurda, en que se huye una vez más de la inercia hacia el entretejido tenue y complejo, al que se aferra, con todas sus fuerzas y con las garras y dientes que tan solo en sueños tiene. Pero como siempre hay peros, transita con algo desagradable. Es la primera herramienta que realmente tiene y que es toda suya, que viene y va dentro del torbellino de su existencia: llámase miedo.
Molécula de kinesina "caminado" a lo largo de un
microtúbulo, transportando una carga de substancias en
una vesícula (esfera verde) de un lugar a otro
dentro de una neurona. 

Pero aunque sea por un fugaz instante, la molécula se desentiende del miedo, se asoma, te saluda, y chimuela y sincera te sonríe, mientras está sumergiéndose en ese grupo de leyes distinto, exótico y estrambótico en que la materia conjuga los verbos con el apoyo de la energía solar para darse cuenta, por medio de algún tipo de percepción del rededor, que le permite desentenderse cada vez más eficazmente de la entropía, con estabilidad dudosa buscando una complejidad cada vez mayor a través de la replicación de estructuras cada vez mas rebuscadas y mantener el equilibrio de la diversidad de manifestaciones de lo que es lo mismo, pero cada vez más amplio y variado y tan solo porque la orden lo dice así, y aunque sucumbe, la supervivencia de sus réplicas que ha sabido dejar, es su victoria, porque su semejante es su esencia y su esencia es la que mantiene desde siempre la conexión con el lugar de donde ella vino, y lleva incorporados los pasos que ella dio y esencialmente tratará de llegar a donde ella jamás pudo y establecer el puente definitivo.

Y ya verás como tendrá hijos de la carne. Pero también hijos del espíritu y aún podrá levantar hijos de las piedras para que vivan por siempre.


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Desde la arboleda descienden a la sabana a por los despojos de las fieras carniceras como opción a los frutos que por esa época escasean. Van a competir por la proteína que se desplaza en manadas, de mejor calidad, que la que hasta ahora les ha sido prodigada a cuenta gotas por los gusanos y otros insectos embutidos en los vegetales. Este alimento está crispando sus cerebros de la mejor manera, pues ya no tienen que deambular largas horas recolectando y les deja opción a la inventiva, coadyuvando a ello, la necesidad de planificar y producir ideas abstractas y a que la convivencia social forja la conexión directa con órganos que ya les permiten ciertos alaridos para hacerlos ahora más adecuados a una gesticulación que les permita la comunicación fluida instrumentalizando la palabra para uso externo, en la preparación de expediciones, pero para uso interno, en contemplar sus propias ideas.

Su memoria ahora viaja más expedita y más lejos, con proyecciones más claras que le permiten adquirir experiencia y con la comunicación inter partes aprenden unos de otros. Y eventualmente captar situaciones cada vez mas intrincadas. Ya pueden usar su voluntad para hacer o no hacer algo y se percatan que de sus decisiones dependen los resultados: Pasar hambre, enfermar, perder miembros del grupo, hacer daño o beneficiar. Al beneficiar se hacen amigos y cuando hacen daño se granjean enemigos con consecuencias potencialmente peligrosas. Hay competencia, pero también colaboración dentro del grupo. Sobre todo con un buen liderazgo que surge de manera espontánea por el ascenso del mas capaz, moderado y ecuánime al poder y que hace al grupo todo más fuerte.

Pero no podía haber liderazgo sin instituir reglas claras y principios de equidad. También se dieron cuenta que andaban desnudos y que mucha de las calamidades de la vida eran evitables con previsión. Es importante hacer lineamientos y proyectar, sudar la gota gorda y parir con dolor.

En efecto, a menos que fuera criado por legítimos monos o tuviera a una loba por nodriza, todo homínido adquiría de su propio grupo ciertas reglas y tabúes nacidos de la experiencia y de su interpretación libre y pre-científica dimanando costumbres inveteradas y paradigmas sociales. Aventurarse fuera de las reglas es arriesgado. Podía atraer a los depredadores o llevarlos directo a los enemigos, extraviarse en zonas desconocidas, caer fulminados por alimentos venenosos, pescar una enfermedad o indigestión o ser atacados por avispones y el mismo grupo sancionaba a los transgresores, con tarascadas, garrotazos y pedradas.

La inteligencia refina los sentimientos y el gusto por la belleza, el sedentarismo y la acumulación levanta civilizaciones. Y amplía las reglas. Generalmente válidas pero con el tiempo prueban perder vigencia hasta llegar al ridículo o ser vacuas, pero derrumbarlas es como sonarle los mocos a la jirafa.

Pero los avances, el triunfo y permanencia del grupo está condicionado precisamente por la calidad de las reglas que siguen así que su importancia es crucial puesto que cada vida inicia con el marcador en cero, aunque con excelente capacidad de entender, ya que genéticamente solo se transmiten los tejidos mejorados pero no el software. Sería bueno establecer normas abstractas y coherentes que puedan ser enseñadas y seguidas con convicción sin necesidad de aprenderse todo el fárrago más o menos sin substancia de la historia y tener que asimilar toda la experiencia de las generaciones previas para sacar conclusiones, máxime cuando la escritura no está disponible, e inclusive cuando al fin lo está, tampoco es comida de trompudos, y para en todo caso precaver si el individuo algo aprende y logra interpretar correctamente de lo suyo vivido sumado a lo contado por los demás, y si acaso llegaba vivir hasta los 30 años. Simplificar y hacer que los miembros cumplan las reglas sería sumamente conveniente y esto se logra sabiendo jerarquizar los valores de la vida e insuflando creencias y dogmas.

Ahora bien, en eso estaban pero despacio, mas como acontece en la especie humana, cada cierto tiempo, aparecen en su seno individuos con una capacidad intelectual extraordinaria. Así se ha documentado a individuos con 220 CI que en comparación con el 90 a 120 promedio, implica la diferencia entre ser acariciado por un céfiro tenue a ser embestido por un rinoceronte cargando a los niños de la princesa.

Nacen Buda (1500 A.C.), Akenatón (1350 A.C.), Moisés (1300 A.C.), Zoroastro (1000 A.C.), Confucio (550 A.C.), Platón (428 A.C.), Aristóteles (384 A.C.), Jesucristo (1), Mahoma (570), Kant (1724), Gandhi (1869) y varios otros que dan cátedra a la humanidad y crean un marco completo o doctrina de valores éticos y/o religiosos, que construyen ya aprendiendo, estudiando y analizando, ya por revelación, visión o misticismo.

Así los hombres y mujeres actuales en su gran mayoría, encuadran sus conductas que van desde las más elementales para la vida social como NO MATAR A TUS SEMEJANTES hasta las más humildes y sencillas como decir siempre gracias con una sonrisa.


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La pequeña aldea situada al margen de un afluente del Danubio en que vivía su madre de ella, fue arrasada por huestes provenientes de Oriente, con el resultado que todos los hombres, ancianos y niños pequeños se acabaron. Su madre de ella y otras muchachas fueron penetradas en serie y llevadas por un tiempo en marcha forzada en las filas de los invasores, para después dejarlas ir. Su madre niña la parió a solas en otoño bajo las ramas de un árbol que se deshojaba. Pronto la llamó Ojos Invisibles.

Cuando ella pesaba unas setenta libras fue abusada por uno de los hombres fuertes del grupo al que se había unido su madre un tiempo después del desastre en su aldea. Esa situación duró un poco de tiempo hasta que tuvo valor y huyó. Mientras deambulaba fue capturada por miembros de una tribu extraña donde también la abusaron y por esos días dio a luz unos gemelos a los que solo vio al nacer.

Cuando una vez más escapó se unió a un grupo de renegados donde le enseñaron a usar el hierro para matar. Tan pronto aprendió jamás otro animal hombre volvió a tocarla so pena de quedarse sin cabeza. Su grupo se dedicaba especialmente al pillaje, a la destrucción y al incendio y pronto llegaron noticias de sus correrías a la capital del imperio de donde partió una legión con la misión de darles caza. Durante varios soles y lunas, les siguieron los pasos por los riscos de las montañas nevadas, vadeando ríos y hundiéndose en los pantanos. El día que la atraparon no hubiese pasado así a no ser por un mastín que desde atrás le atravesó el muslo, le tiraron encima una red y le apagaron las luces.

Ahora estaba en una recámara subterránea tan solo alumbrada por una antorcha y haciendo fila. Un hombre enjuto le preguntó en el mismo chapucero latín que podía hablar ella: “¿Aceptas que el Señor Jesucristo es tu Salvador?” Viéndole directo a los ojos ella contestó: “¿Y ese quién es?” A lo lejos un estruendo metálico los alcanzó. No había tiempo. El hombre insistió exasperado: “¿Sí o No?” La muchacha calculó que la pregunta no solo parecía ridícula sino que efectivamente lo era, por lo que contestó: “Ok pero no vayas a tocarme”. Y el hombre la santiguó. Poco después los soldados la jalonearon y empujaron a través de unos pasillos hasta una escalinata de piedra y ascendió a una explanada amurallada. Detrás y por encima de las murallas, las graderías estaban atestadas de una multitud delirante. Más importante, sobre la arena en que estaba parada, a cierta distancia, había una veintena de felinos enormes disputándose restos humanos y más allá un grupo de gladiadores en cuclillas con escudos y lanzas, entretenidos dibujando en el suelo, que apenas la vieron de reojo.

El calor de la mañana levantaba desde la arena el guiso de la muerte y las aves de rapiña y las carroñeras dejaban caer sus sombras ondulantes en el suelo tachonado de charcos de sangre. No tardaron los felinos en percatarse de su presencia casi desnuda y a paso lento primero pero imprimiendo aceleración después, se dirigieron a ella. Pudo sentir cómo el estomago le saltaba arrítmicamente y cómo a rudos golpes le salía y entraba el aire por los labios tiritando y le cruzaba el cuerpo transmitiéndole el temblor a las rodillas, y parecía que se desvanecía y fue entonces que le vino a los ojos aquella neblina que creía haber olvidado.

“¡Hey chinita!” le dijeron desde el borde del muro. Los felinos todavía estaban algo distantes, así que volteó a ver. “Hiciste una buena elección”. Era el mismo hombre que adentro le había hecho la pregunta, y desde el otro lado del portón le arrojó una espada que cayó a sus pies. Ella la levantó y sintió su buen balance y con la yema de los dedos oyó el chillido del filo en ambos bordes. Apretó la empuñadura con todas sus fuerzas y la blandió. Los tigres, leones y panteras que iban corriendo hacia ella, al ver aquellos malabares disminuyeron el paso y ninguno rugió sino ella: “Hoy sí hijos de su poca madre”.

Enero 15, 2012.

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