lunes, 20 de agosto de 2012

EL PEON DE LA PALABRA


Por: José María Castillo Hidalgo

escritor hondureño
A la primera me pareció paradójico, netamente impropio y hasta denigrante, adjudicar ese epíteto a un escribidor, a un sediciente enhebrador de conceptos e ideas. Porque peón es igual que jornalero, quien por carencia de otras habilidades o de regular instrucción, recurre a su esfuerzo físico para agenciarse dignamente el pan de la prole.  

Peón de la palabra viene siendo pues, algo así como un simple bracero que silba desde el bordillo de la acera o masculla y hace señas en la banqueta pública mientras no está chorreando la gota gorda en la sementera ajena.

Pero ampliando la óptica, peón es el subordinado a los proyectos de otro, un segundón, un títere y tanto más grave, un mercenario. Pero también, por esas ironías del lenguaje, es el legítimo infante de ejército, que batalla siempre a pecho partido en el frente. Además, y aquí hay que ir poniéndose acuciosos y ¨vovis¨, es la pieza que siendo en principio de menor valor en el tablero escaqueado, bien puede ascender a la cima del poderío  estratégico.

Y ese que sirve de título a esta entrada, es el mote con que gusta ser llamado, de manera que suena con modestia, pero encubre altos vuelos, el novelista, dramaturgo, poeta, editorialista y hasta filósofo, César Indiano, conocido coloquialmente como Lunar de Vieja (por el que ostenta a la manera de Cindy Crawford) auténtico orgullo de las letras catrachas, no siendo óbice su merecida gloria, a cuantiosas animadversiones granjeadas por ese amor temerario y lacerante pero productivo que le profesa a la verdad sin tapujos. Y además por el hastío que le produce y que pareciera le carcome las entrañas, la mediocridad salvaje que medra, entre otros vicios no menos asquerosos, en la parte de la sociedad en deuda con la misma sociedad entera y que sin mayores ambages se hace la loca, enfatizando siempre sí, en sus obras, sobre la clase política, como responsable en última instancia y de fin de cuentas, en crear mejores derroteros para el pueblo.

De pluma ceñuda e incisiva, cruenta pero atinada, con pensamientos engalanados con  el sentido común y la claridad, hace derroche de un estilo incomparablemente entretenido con volquetadas de sarcasmo, erudición e ingenio. Tiene en su palmarés novelas que son éxitos: La Biblia del Asno, La Puta Política, Los Hijos del Infortunio y otras que los académicos todavía discuten donde ubicar, pero que ya están acomodados en las tarimas del corazón y en los bagajes intelectuales del lector sincero. 

Desde mi barrera coralina contemplo las batallas que libra y la polvareda que levanta mientras avanza por los tortuosos caminos de esta patria hasta ahora irredenta.

Fuerza Indiano, arrecia tu silbatina y fustiga, no te canses de arriar y enviar al coprofestín a fantoches, zanganos y fariseos!  


Agosto 20, 2012.


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