jueves, 10 de octubre de 2013

Balas para la paz: la estrategia del miedo y el odio

Por: Nelson Arambú


“Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.”
Marcola (Marcos Camacho) capo del Primer Comando de la Capital PCC-Brasil.

En la era de los narco-corridos, la narco-novela y el narco-gobierno; leer los pensamientos del capo Marcola en una entrevista no mayor de seis cuartillas, nos hace pensar en lo insipiente y en la complicidad detrás de las campañas políticas de esta época. No hace más de unos tres meses que el erudito venezolano J.J Rendón, abandono como rata a su pupilo hondureño Juan Orlando Hernández, candidato “democráticamente” electo del partido nacional de Honduras; no es para menos, mantener la imagen de un aprendiz de dictador no debe ser tarea fácil, aun para alguien experto en crear rumores y espejismos de libertad como el “chamo” Rendón.

Por eso nada de extraño tiene la caminata verde olivo que se desplaza a paso corto, firme y apantallante frente a la mirada atónita de los jodidos, la mirada insoluble de los que ignoran el verdadero infierno en el que están destinados a vivir. Una vida constante de soluciones mágicas sobre su miserable situación los tiene aturdidos en un nivel de autocritica tan susceptible que el eco del silencio mismo es incapaz de tolerarse; es preferible mantenerse a flote en la cotidianeidad bizarra en la que han sido destinados a vivir – según ellos – por un Dios que parece haberse ido de vacaciones a Praga, porque aun este le teme visitar New York y verse envuelto en uno de esos tiroteos sorpresivos, o tiradas de torres gemelas y trillizas que suceden por aquellas latitudes.

Antes las madres solían decir: “levante la cabeza hijo, deje de ver siempre para el piso, no ve que parece cerdo”; pero eso cambio, y cambio de pronto, nos cayó como una ráfaga de balas, como las que lanzan aquellas armas especiales de la nueva policía militar hondureña, un fusil Galil ACE 21, un arma de asalto que utiliza una munición de 5.56 milímetros y con capacidad de hacer 700 disparos por minuto; ¡si señor¡ leyó usted bien, 700 balas por minuto, eso lanzan esas porquerías creadas por la misma industria armamentista que tiene podridas de sangre las calles de Siria, Afganistán, Egipto, y toda la “primavera árabe” que carece de plaquetas puesto que se desangran como vacas en matadero.

Por ahora nos toca el comportamiento contrario, el más preciado por la clase política, aquel comportamiento sumiso en el que no respondemos, no nos quejamos, guardamos un silencio cómplice de la falsa paz que se va creando en las mentes retorcidas de toda una sociedad que lo único que hace es adaptarse; adaptarse al terror, a la mentira creada por los medios de prensa, a las telenovelas tipo televisa o venevisión que convence a las mujeres de que si algo está mal en la vida es porque se casaron con hombres fracasados, pero que aun así, limpiar, trapear, lavarse el culo, mantenerse maquilladas y sexualmente amistosas con sus maridos abusadores es la única razón que tienen para vivir – porque también para ellas, Dios así lo quiso –

No es cierto que la situación este por mejorar, como tampoco es cierto que los responsables de la violencia sean los que traficancon drogas, aquí el problema es mucho más elemental, se trata de clases sociales, y aunque a muchos no les guste el término “porque les ofende” pues lo cierto es que la guerra es una guerra disfrazada de cocaína y éxtasis, la guerra es un conflicto causado por  hambre, una batalla por aspirinas, un pleito callejero por lápices y cuadernos; aquí no hay tal huida del diablo que se ha fugado del infierno para hacernos daño a nosotros y nosotras “los inocentes”; el verdadero infierno lo hemos creado a pulso, día tras día, cada vez que hemos cruzado los bulevares y hemos cerrado las ventanas del carro para no ver, para no saber, para no enterarnos que ahí afuera existe una realidad que apesta, que ahí afuera esta atestado de niñas que trabajan para las redes de tráfico de personas, que ahí afuera hay niños, adolecentes y jóvenes sin oportunidades y sin esperanzas que venden drogas al menudeo para tener que comer en sus casas, para comprar ropa y zapatos; mientras la clase política se pasea en Toyota´s prado, BMW, Mercedes Ben y Audis; protegidos con guardaespaldas y preparando un discurso vacio y lleno de odio con el que harán algarabía en la televisión, prensa y radio.                

Aquí existe una realidad deformada y otra cierta, la primera es aquella de la que todos somos conscientes, en la que creemos que es real, esa realidad de “revista cromos” en la que una parte de la población es “gente bien”, guapa, decente, trabajadora, luchadora, honesta, solidaria, cristiana, risueña y lisonjera; pero donde también, existe otra gente que es delincuente, fea, piojosa, muerta de hambre, deshonesta, haragana, conformista, adicta, borracha, llena de enfermedades y falta de fe… a la que por supuesto hay que ver con misericordia y con distancia para no contaminarse. Porque hay que decirlo, para un sector privilegiado de la población, todo se trata de falta de fe y pereza.

Pero si vemos detrás del rotulo de coca-cola, debajo de la valla publicitaria de Tigo, Claro, Wal-Mart o Pepsi, nos damos cuenta de esa otra realidad, esa que es cierta, la insoluble, la que raspa la cara como lija, una en donde tenemos ciudades atestadas de mierda política, de publicidad basura, de muertos, de corruptos, de falsos mesías jugando a Cristo; esa realidad donde hay niños que tienen hambre, familias enteras enfermas, hospitales disfuncionales, políticos que son líderes del crimen organizado, mujeres embarazadas de un quinto, sexto o séptimo hijo, cuarterías llenas de pobreza, barrios que conforman cordones de miseria, rostros que reflejan desesperanza, enfermedades y hambre, hambre, hambre, aquí lo que abunda es el hambre. En lo que va del año, más de 3,000 plazas fantasmas de policías fueron identificadas, solo al 20% de 25,000 crímenes durante este gobierno se les ha dado algún seguimiento, hoy día 20 fiscales fueron requeridos por enriquecimiento ilícito, militares de alto rango y policías han sido librados de sus crímenes por el sistema de justicia hondureño; en el congreso nacional se han aprobado leyes que entregaron el territorio nacional a intereses extranjeros; una red de diputados, ministros y otros funcionarios públicos están embarrados por contratos amañados, robo y corrupción en las compras de medicamentos para los hospitales públicos del país; sin embargo, solo se buscan delincuentes en los barrios pobres. 

¿Y cuál es la solución que encontramos a todo esto? Armas, solo armas, militares que siendo líderes de las bandas de crimen organizado, recorren las calles armados hasta el culo y con una “licencia” oficial que les permite matar, joder, violar, delinquir y contrarrestar la violencia con balas; contrarrestar el hambre con balas, la fiebre con balas, el dolor de cabeza con balas; a conseguir la paz con balas, ni siquiera nos parece estúpido: “balas para la paz”; y luego nos quejamos cuando un niño cumple 14 o 15 años mal nutrido y posiblemente abusado por la misma violencia en su barrio o en su seno familiar, coge un stiquer de propaganda política, dos bolsas de azúcar, una libra de frijoles y una cancioncita pendeja de falsas esperanzas en la que al final aparece un estúpido que dice: ¡haré todo lo que tenga que hacer!.


No me queda la menor duda de que ese muchachito, también hará todo lo que tenga que hacer; después de todo, eso no lo aprendió solo, lo aprendió de los iconos de libertad, promotores de odio y miedo que nosotros mismos hemos creado.

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