miércoles, 6 de enero de 2010

De gobernantes avergonzados o ¡qué susto, un cachinflín!

Dr. Edwin Francisco Herrera Paz

Hace unos minutos leía el periódico, y me impresionó la noticia sobre el tremendo susto que les sacó un cachinflín a un grupo de guardianes de la ley. Me preguntaba cómo es posible que los fornidos policías se asustaran tanto por un pequeño cohetillo, de esos que solíamos tirar cuando teníamos 4 años sin darnos cuenta del peligro que corríamos. ¡Y cachinflín, de paso! Pero después de leer caí en la cuenta de que el mencionado cachinflín encendió un gran paquete de pólvora que los policías habían decomisado, y por un pelo de la lisa y despoblada mollera de un amigo mío se escaparon de morir quemados. Definitivamente, la pólvora no es para los niños, y parece que tampoco para algunos policías.


Ojeando las páginas me encontré con los 5 muertos acribillados del día. El crimen en Honduras ha impulsado el desarrollo de un nuevo tipo de arte: la fotografía de la muerte. Muchos de los asesinados del día caen al suelo en las más diversas y raras posiciones, lo que hace que la fotografía en el periódico se cubra con un velo macabro pero artístico. Nunca dos escenas son iguales. Si así fuera, bastaría con fotografiar la escena de los 5 muertos el lunes, y luego pegar la misma foto para los del martes, y los del miércoles, y así. Pero no. Cada escena tiene su embrujo especial para la foto.


Luego de abandonar las páginas tanato-criminalísticas, me encuentro con la noticia de que el presidente electo Porfirio Lobo Sosa dice que lo mejor es que Micheletti se retire antes de tomar él posesión del cargo presidencial. Me pregunto yo, ¿y para qué? ¿Qué beneficio le traerá esto a Honduras? Definitivamente, ninguno. Lo que en realidad sucede es que algunos gobernantes de los llamados países industrializados desean decirles a sus gobernados: ¿Ya ven que hábiles somos con la política internacional? ¿Ven como pudimos al fin intervenir para la solución del conflicto en Honduras? Total, ese pobre y pequeño país no puede abstraerse de nuestras voluntades, las voluntades de los grandes del mundo, y darnos la espalda.


A mí me suena como la última esperanza de quedar bien librados (manotadas de ahogado, decía mi abuelita) luego del tremendo ridículo que los hizo pasar Honduras, demostrándoles su inhabilidad en el manejo de las relaciones internacionales en un mundo complejo.


Le voy a contar algo sobre mis dos hijos mayores. Mi hijo, es una persona educada y complaciente, y cuando se le regaña no contesta groseramente. Mi hija, en cambio, posee una personalidad fuerte y si se le reprende no se queda callada. El resultado es que a mi hijo, muchos se creen con el derecho a regañarlo y a gritarle por cualquier tontería que se les ocurra. A mi hija, en cambio, nadie le dice lo que tiene que hacer y no se meten con ella. Aunque admiro a mi hijo por todas sus cualidades, en estos momentos Honduras debe ser más como mi hija: darse a respetar. Total, lo peor ya ha pasado.


¿Por qué los grandes no se gritan y se hacen imposiciones entre ellos? ¿Por qué se aprovechan del pequeño? Pienso que a algunos gobernantes, en el caso de Honduras, se les olvidó aquella máxima que reza: “no trates al hijo ajeno como no te gusta que te traten a los tuyos”. Por eso yo pregunto, ¿Para qué cambiar de presidente unos días antes de la toma de posesión de Lobo Sosa? ¿Para redimir a un puñado de grandes avergonzados? De ninguna manera. Que hagan ellos sus propios méritos. Saludos.

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