viernes, 14 de mayo de 2010

Médico de la resistencia o, ¡doctor, me resisto a medicarme!

Dr. Edwin Francisco Herrera Paz.

Los nombres de los personajes han sido cambiados. Cualquier coincidencia con el mundo real no es más que eso: pura coincidencia (para que no me demanden).

Hace unos días charlaba amenamente con un colega y amigo, el Doctor Hermenegildo Demetrio, mientras comíamos unas deliciosas baleadas1. Hermenegildo Demetrio, quien es militante de la resistencia, es además un hombre estudioso y muy bien preparado en su campo. Además de su especialidad médica cuenta con una subespecialidad, una subsubespecialidad y una subsubsubespecialidad, por lo cual ha pasado gran parte de su vida estudiando.
El problema con mi amigo es que de tanto estar encerrado estudiando se ha quedado congelado en el tiempo, como en estado de animación suspendida, y no es hasta recientemente que está conociendo el mundo moderno. Yo a veces le ayudo enseñándole por ejemplo que ahora contamos con cosas como Google y Wikipedia, o que en un futuro cercano los diagnósticos de susceptibilidad genética se realizarán con un pequeño chip, o que ya no se utilizan electroshocks para tratar las depresiones.
No. No es como decía el ingenioso novelista sobre su ingenioso hidalgo, que a Hermenegildo Demetrio se le haya secado el cerebro de tanto estudiar. El problema es que las ciencias en general se están volviendo especializadas en extremo, lo cual no está mal si el especialista no se olvida que el ser humano es un ente integral que no se puede reducir a cada una de las partes.
Al respecto es ilustrativo mencionar el caso de una ancianita paciente de mi esposa. La viejecita tomaba un arsenal de medicamentos para cada uno de sus males, recetados por las más variadas especies de especialistas. En la primera consulta le dijo a mi esposa que tomaba más de 30 tabletas al día, y “me rechichto a medicarme mách, porque ahora me chiento peor que al princhipio”. Mi esposa procedió a retirarle la totalidad de las medicinas, con lo cual la ancianita se alivió milagrosamente de todos sus achaques. ¡Santo remedio!
Bien, departía yo con el Doctor Hermenegildo Demetrio y le comentaba de mi intención de realizar una campaña para socializar la profesión médica en nuestro país. Verán. Mi amigo, además de ser un activista del grupo denominado “La Resistencia” formado a partir de los eventos políticos del 2009 en Honduras, tiene fuertes tendencias socialistas. Es decir, es un ideólogo del socialismo.
-Mirá Hermenegildo Demetrio- le dije. –En Honduras los especialistas y subespecialistas ganan bastante más que los médicos generales. Pero desde el punto de vista socialista esto no debe ser así. Si el médico general trabaja 8 horas y el especialista también 8, entonces deben ganar lo mismo. Aunque esto debería extenderse a todas las profesiones y quehaceres laborales, nosotros como médicos debemos comenzar con la medicina. ¿Qué te parece?-
-Además- continué –las plazas del estado están acaparadas por unos pocos. Por ejemplo, vos tenés tres plazas para las cuales no te das abasto, mientras otros especialistas no tienen ninguna. Desde el punto de vista socialista estas plazas deberían estar equitativamente distribuidas, ya que muchas plazas en manos de unos pocos se aproxima más al modelo oligarca que vos con justa razón condenás. Los especialistas oligarcas, además de gozar de los jugosos salarios por sus múltiples plazas, han aprendido a sacar ventaja de sus posiciones y refieren a los pacientes de los hospitales a sus consultorios privados aduciendo “falta de medicamentos, recursos o material”. Vos sabés, como todos nosotros, del jugoso negocio consistente en la venta de material de osteosíntesis para el tratamiento quirúrgico de fracturas en los hospitales.-
Continué con mis argumentos: -Es lógico que bajo este modelo el sistema de salud en nuestro país sea deficiente, por más que para el estado sea una de las áreas a la que se destine un mayor porcentaje del gasto público. Vos sabés además que incluso hay especialistas que ostentan plazas en sitios lejanos a sus residencias y cobran sus salarios sin haberse presentado nunca a sus puestos de trabajo. Y si viven cerca del hospital donde laboran en guardias nocturnas, únicamente están “por llamado”, pero sus sueldos no los cobran por llamado sino íntegro.-
Procedí entonces a hacerle una propuesta a Hermenegildo Demetrio: -Mirá Herme, yo quiero comenzar una campaña para que se instaure un sistema socialista en el gremio médico que labora con el estado. Pero yo no trabajo con el estado ni pretendo hacerlo, y vos sí, y no hay nada que tenga más impacto que un hombre íntegro que practica lo que predica. Si vos me ayudás en esta campaña, sin lugar a dudas tendrá éxito.-  
En este punto yo ya me había emocionado con mi exposición, y proseguí: -Incluso, Herme, podríamos llevar nuestra campaña al extremo. Por ejemplo, vos tenés una hermosa residencia en una zona exclusiva de la ciudad, con cuatro dormitorios amplios. Podrías dejar dos dormitorios para vos y tu familia, y compartir los otros dos con otros médicos que aun no tienen su casa. ¿No te parece bello? ¡El verdadero comunismo de Marx en acción! Vos lo harías voluntariamente y serías un ejemplo que pronto seguirían otros.-
Todo iba bien hasta que mencioné lo de la casa. Mi amigo se atragantó con la baleada para lo cual procedí a la maniobra de Heimlich, y además tuve que darle aire con un libro que improvisé para que sirviera como ventilador. !Casi se me muere mi amigo! Una vez restablecido, continuamos la conversación y me dijo: -Bueno, bueno, habría que pensarlo. Yo te aviso, aunque no creo que sea una idea viable.-
-No te preocupés- le dije. -¡Lo sospeché desde un principio!- Porque no es lo mismo verla venir que platicar con ella. O como diría la finada Teresita, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. O como digo yo, “de la oración a la acción, hay un mundo de separación”. O tal vez, “todos podemos ser grandes ideólogos, mientras no nos toquen la bolsa”.
-Herme, ¿No te vas a comer la otra baleada?- Le dije.
-No, ya se me quitó el hambre-
-Dale la primera mordida que como dice mi madre, “comer y rascar, todo es empezar”.- 

1. Baleada: comida típica hondureña consistente en una tortilla de harina con frijoles, queso, mantequilla, huevo, chorizo, chuleta de cerdo y aguacate, aderezada con encurtido de chile y cebolla. Antes le ponían pollo, pero tras el descubrimiento de la relación entre la ingesta de pollo y la homosexualidad por parte de Evo Morales, la esperanza de vida les ha aumentado a estos plumiferos animalitos. 

jueves, 13 de mayo de 2010

De Elefantes y la Conquista del Universo

Por: Edwin Francisco Herrera Paz. Hoy, viendo televisión con mis hijos, me sorprendí al ver un programa de la caja estúpida (que a veces es inteligente) en el que un grupo de elefantes rescataba a uno de sus bebés. Les cuento: el bebé cayó a la laguna en donde los paquidermos aplacaban su sed en ese momento. Como había cierta altura desde donde estaban los elefantes hasta el agua, al pequeño animalito se le hacía imposible salir. Mientras se ahogaba, su tía bajó, y colocándose detrás de él intentó rescatarlo. Ante los esfuerzos infructuosos de la tía, la madre del bebé también bajó, auxiliada por un macho. Después de muchos esfuerzos, a la madre se le ocurrió algo ingenioso: en lugar de sacarlo por el extremo escarpado, empujó a su hijo varios metros hasta el otro extremo, más bajo. El animalito finalmente salió con la ayuda de toda la manada, pero luego, ya fuera del agua, comenzó a hundirse en el suelo cenagoso. En vano los elefantes intentaban sacarlo, pues mientras más luchaba, más se hundía. Repentinamente, a la madre se le ocurrió otra idea: comenzó a cavar un canal frente a su hijo. Pronto se le unieron los demás elefantes hasta que el pequeño logró salir por el canal sólido. La operación de rescate completa duró 7 minutos.
¡Increíble! ¿Quién dice que el ser humano es el único ser inteligente sobre la faz de la tierra? Ante la cámara, este grupo de imponentes mamíferos demostró más inteligencia que el común de las personas. Entre las características de la operación de rescate a resaltar se encuentran una rápida respuesta a la emergencia, coordinación y trabajo en equipo, ingenio y creatividad, y lo más importante, una férrea voluntad de ayudar a sus congéneres. La operación no dejó nada que desear a un grupo de rescate entrenado, o a un escuadrón de marines, o seals.
La ciencia demuestra, cada vez más, que la inteligencia no es un don propio de los mamíferos bípedos y que se encuentra ampliamente distribuida en el reino animal. Sin embargo, a los humanos se nos ha proveído de la capacidad de trascender nuestro entorno y cotidianeidad, utilizar nuestros miembros para crear complejos mecanismos y elaborar sofisticadas formas de comunicación. A pesar de eso, no me cabe duda de que, si permitiéramos la evolución de los elefantes en ambientes propicios por una cantidad adecuada (que podría ser considerable) de tiempo, terminarían adaptando su trompa a la manipulación de herramientas, su rudimentario lenguaje aumentaría en complejidad, y a esto le seguiría un aumento de su capacidad de abstracción y planificación, y tal vez, solo tal vez, podrían convertirse en una sociedad tecnológica.
¿Pero es que acaso somos los seres humanos únicos? ¿Construiría Dios este magnífico universo para ser disfrutado por nosotros, mamíferos imperfectos, llenos de pasiones, destructores los unos de los otros? Bien, le diré lo que pienso. Para comenzar, ¿para que crearía Dios algo tan raro como la vida? De verdad, la vida es algo de lo más extraño. Mientras todos los eventos en el universo tienden a aumentar la desorganización (lo que en física se denomina segunda Ley de la termodinámica), la vida parece seguir justo el camino opuesto. Las formas simples evolucionan para formar estructuras más complejas, y esto ocurre en múltiples niveles, de una manera que se asemeja a los fractales. La dirección temporal de la vida es opuesta a la del mundo inanimado. Aunque hay otros tipos de sistemas complejos, la evolución hacia la complejidad originando una gran variedad de formas adaptativas, es exclusivo de la vida.
¿Para que todo esto? ¿Para qué máquinas moleculares especializándose y cooperando para formar organelas, organelas especializándose y cooperando para formar células, células especializándose y cooperando para formar tejidos, tejidos especializándose y cooperando para formar individuos, individuos especializándose y cooperando para formar comunidades, comunidades especializándose y cooperando para formar conglomerados de sociedades? ¿Termina este proceso de evolución hacia la complejidad con la globalización? O, ¿será posible concebir aun múltiples niveles de complejidad por arriba de este?
Este proceso no es privativo del género humano. Un hormiguero, por ejemplo, funciona como un organismo, etc, por lo que la diferenciación categórica entre organismo y comunidad es el resultado de la escala espaciotemporal del ego humano; sin embargo, la estructura de niveles nos muestra que esta distinción es únicamente didáctica. Como ejemplo, los biólogos de sistemas hablan hoy en día de “inteligencia celular”, y los sociólogos hablan de “inteligencia colectiva”.
Lo que creó Dios (al crear la vida) es, a mi parecer, un sistema que se desarrolla por cuenta propia para conquistar algo. ¿Conquistar qué? No lo sé, pero puedo especular. La capacidad de los niveles vivos superiores para trascender la escala planetaria, llegando incluso a la conquista del universo entero. A esta escala, un hiperorganismo universal habrá logrado dominar los recovecos más intrincados del mundo físico, incluida la segunda Ley. ¿Se imagina? El dominio de la segunda Ley de la termodinámica, la inmortalidad del universo, lograda por el sistema (la vida) creado por Dios para ese fin. La segunda Ley se relaciona con la destrucción, con el desorden. En el mundo espiritual, se le puede relacionar con las entidades malignas, con propósitos decadentes. Es probable que en un futuro, tal vez distante, la humanidad comprenda que la teología y las ciencias son dos caras de la mima moneda.
Bien, tal vez conquistemos el universo, pero solo si sobrevivimos. Es ahora que tenemos nuestra oportunidad. Los dinosaurios fallaron, y si nosotros fallamos, quizá otra especie tome nuestro lugar. Quién sabe, tal vez los elefantes, algún pájaro, un insecto u otra especie que ahora vemos insignificante. Todo depende de la manera con la que abordemos los problemas de seguridad para la humanidad: el cambio climático, las armas nucleares, los peligros de una pandemia aniquiladora, el desarrollo sostenible, el cuidado de nuestro entorno y hasta los peligros del impacto de un meteorito. Además la humanidad debe, en esta época crucial y decisiva, idear nuevos modelos para cruzar la frontera hacia niveles superiores. Saludos.
Lea También: Sobreviviremos

lunes, 10 de mayo de 2010

No critique lo que no conoce

Si usted no es un científico agnóstico o ateo que critica la religión, este artículo no es para usted.
Por: Edwin Francisco Herrera Paz
          ¿Podrá el lego comprender al hombre de ciencia? La ciencia es una herramienta fundamental en el progreso de los pueblos, y en el desarrollo de conocimiento y comprensión de nuestro mundo. La ciencia es autocorrectiva, autocrítica y falseable. El método científico garantiza que el conocimiento adquirido sea de calidad. Los controles permiten probar las hipótesis bajo diferentes ambientes. El escepticismo en las nuevas hipótesis y teorías evita que se acepten aquellas que no se ajustan adecuadamente a la explicación de los hechos naturales. Es así como la humanidad en poco más de tres siglos ha experimentado un crecimiento y un desarrollo sin precedentes. Desde luego que las nuevas tecnologías han creado problemas que no podrán ser resueltos sino con más tecnología. En fin, el científico cree en la ciencia porque conoce sus bondades. El hombre de ciencia exhibe en muchas ocasiones un apasionamiento por sus ideas que el lego no comprende.   
          De igual manera, ¿Podrá el hombre agnóstico o falto de fe comprender a cabalidad la vida de un hombre devoto al servicio de Dios? Antaño (y en la actualidad en cierta medida), la religión intentaba explicar la naturaleza basándose en principios religiosos, algo que, demostrado está, se podría llamar el error más grande de la religión. La ciencia entonces (en muchos casos), reaccionaria, intenta en la actualidad negar los principios en los que se basa una vida de fe. Pero de igual manera que el lego no comprende al hombre de ciencia porque desconoce sus experiencias, el hombre de ciencia agnóstico o falto de fe no comprende la vida de fe porque no la ha experimentado.
          La crítica de la vida de fe le debe ser vedada al hombre de ciencia a menos que este, voluntariamente y en pos de la búsqueda sincera de la verdad, se sumerja en los preceptos religiosos y los siga. Si el hombre de ciencia comprende lo que el hombre de fe le dice, fundamentalmente que la fe no puede desarrollarse en un ambiente escéptico, este deberá entonces, en pos de la verdad, zambullirse en  la vida de fe por algún tiempo. En su afán experimentador deberá avocarse y ajustarse a una vida de oración, meditación y alabanza, pero sin dudar, olvidándose del escepticismo. Al menos por un tiempo. Al igual que el actor se apega a su personaje, lo conoce, lo vive y lo aprende. Solo por un tiempo.
          Entonces, y solo entonces, y al salir el hombre de ciencia incontaminado por los preceptos religiosos podrá este reprochar la vida de fe, porque no se puede opinar acertadamente sobre algo si ese algo no se conoce a cabalidad. Pero sospecho que entonces, el hombre de ciencia se verá transformado por el espíritu purificador de la unidad con el creador. Será entonces que el hombre de ciencia verá teleología, y verá que no todos los eventos obedecen al puro azar. Será entonces que no podrá salir sin “contaminarse” de la religión, porque verá su espíritu trasformado, comprenderá que no existe solo por existir, y que el trabajo y el vivir por propósitos eternos siempre será una mejor apuesta. Será entonces que descubrirá que el fervor religioso no es un conjunto de creencias, sino un conjunto de experiencias personales inalcanzables para el no creyente.
          Si usted es un hombre de ciencia lo reto a que lo haga. Por un par de años. Sin abandonar sus quehaceres cotidianos. De lo contrario, si no lo quiere hacer, lo incito a no criticar lo que no conoce. Saludos.