sábado, 7 de julio de 2012

¿Qué es amarillito y a veces brillante pero no es oro?


Por: Edwin Francisco Herrera Paz.

Utilidades de la M

Frasco para examen de heces
Hace un tiempo atrás necesitaba comprar unos pequeños frascos para realizar exámenes de heces, pues nos encontrábamos realizando un trabajo de investigación en el que se incluye un análisis de parásitos fecales. Mi esposa le solicitó entonces a Manuel, contador de nuestra clínica, que por favor pidiera a la compañía de suministros 700 frascos. Le dijo que pidiera frascos en los que se pudiera realizar lo siguiente: 1) Poner 10 ml. de formalina al 10%, y 2) Diluir una pequeña cantidad de heces fecales equivalente a un gramo, es decir, del tamaño aproximado de un frijol.

Platillo de frijolesBien, pues Manuel intentó seguir las instrucciones al pie de la letra, pero se confundió un poco y además le dio mucha vergüenza decir “heces fecales”. Simplemente dijo: “necesitamos frascos en los que quepan 10 ml. como para un frijol.” Cuando mi esposa preguntó por el precio del pedido se quedó con la boca abierta de la cantidad, pero pronto nos dimos cuenta de lo que pasaba. El muchacho de la tienda nos había reservado 700 guacales como para 10 libras de frijoles cada uno. Mi esposa le dijo: “Dijimos que los queríamos para una muestra de heces del tamaño de un granito de frijol, no de una sandía”. El muchacho nos dijo entonces que Manuel no le había dicho lo de las heces, con lo que se confirma aquel refrán que dice: “más vale un momento amarillito que cien descoloridos”, refiriéndonos a que es mejor pasar un momento de vergüenza que cien de confusión.

Carreta tirada por dos caballos en una ciudad
Si alguien piensa que la M no tiene ninguna utilidad y que se trata solo de desperdicios que contaminan al mundo, piense de nuevo. Para finales del siglo antepasado la ciudad de Nueva York ya era una de las más prósperas del este de los Estados Unidos, pero tenían un problema. El medio de transporte era aun la carreta tirada por caballos, pero al crecer la ciudad los animalitos fueron inundando cada vez más las calles de excremento. Su cantidad se hizo tan abundante en algunas calles que se volvió una tarea muy difícil caminar sin literalmente “meter la pata” en M hasta la rodilla. Si usted iba caminando y se tropezaba por accidente, inevitablemente terminaría comiendo M.

Excremento
Las autoridades estaban alarmadas, y no sin razón ya que la presencia de tanta M en la ciudad no solo quitaba vistosidad, sino que también constituía una fuente de contaminación y enfermedades. Eso, hasta que a alguien se le ocurrió algo brillante. En el Estados Unidos rural se utilizaba el estiércol de las vacas o de los caballos como fertilizante. ¿Por qué no recolectarlo, almacenarlo y exportarlo a las granjas? Entonces se fundó una compañía que recogía todo el sucio de los caballos de la ciudad de Nueva York, lo apilaban en gigantescos bultos y luego era exportado a las áreas rurales como fertilizante a precio módico. ¡Y bum! Con una idea genial mataron dos pájaros de un tiro y las toneladas de M fueron convertidas en oro de verdad. Una M que resultó muy valiosa, por cierto, hasta que los vehículos automotores desplazaron a las carretas.

Y es que a cualquier cosa se le puede encontrar un nicho funcional con un poco de inventiva, incluso a la gran M.

Planeta rojo
Hace un par de días leía una noticia en la cual se aseguraba que los científicos habían encontrado agua en el planeta Marte. La imaginación me comenzó a volar. Como el agua es el elemento fundamental para el crecimiento de la vida tal como la conocemos en la tierra, si en realidad hay grandes cantidades de agua en Marte sería relativamente sencillo la terraformación, es decir, la transformación gradual del planeta para hacerlo similar a la tierra y por ende habitable.

El trámite es sencillo. Bastaría con enviar a Marte bacterias extremófilas anaerobias autótrofas que utilicen el Dióxido de carbono y la luz solar para fabricar azucares, y en el proceso liberen oxígeno, para que la concentración de este último gas se fuera elevando hasta alcanzar un nivel respirable. El problema es que este procedimiento tomaría algunos millones de años y para entonces quizá ya no haya seres humanos para enviar al planeta rojo.

Cohete interplanetario
Le comentaba estos asuntos a mi esposa quien no tardó en encontrar una solución al problema. “¿Y por qué no mandar plantas de las grandes para que sinteticen el oxígeno rápidamente?” me dijo. Yo le contesté que el problema es que las plantas se deben alimentar de materia orgánica acumulada en el suelo durante mucho tiempo, o sea del humus, a lo que ella me replicó que se podrían llevar primero los animales para que el estiércol sirviera de fertilizante. Pero su aseveración carece de fundamento lógico puesto que los animales comen plantas.

Caricatura del globo terráqueo enfermoMmmm ¡todo un callejón sin salida! La construcción de un ecosistema autosostenible y habitable por los humanos no es una obra de ingeniería fácil. A la tierra le ha tomado muchísimos millones de años de experimentación, de cambios, hasta llegar a desarrollar ciclos de control o servomecanismos que la hacen asemejarse a un organismo vivo. Luego llegó el ser humano, un superpatógeno que se ha dedicado a destruir estos mecanismos de la misma forma en la que una infección destruye al cuerpo que la desarrolla. Aun así, creo que saldría más barato intentar conservar nuestro planeta que terraformar Marte, sin embargo el esfuerzo no estaría de más ante el peligro inminente que representa el hecho de que los políticos tengan el control.

Nave espacial
La discusión filosófica se prolongó durante un tiempo y luego mi esposa tuvo un momento de inspiración. “¿Qué tal sí –me dijo– mandamos las plantas junto con una buena cantidad de estiércol para que aquellas se alimenten de este?” Interesante estrategia, pero entonces ese estiércol ¡sería la M más cara haya existido jamás! Onza por onza costaría miles de veces más que el oro, pues su precio se volvería equivalente a lo que cuesta en energía acelerar ese peso durante la primera mitad del viaje y luego frenarlo durante la segunda mitad. No creo que sea muy buena idea llevar una nave interplanetaria repleta de M a Marte. ¡No señor! Además las lustrosas paredes de la nave quedarían todas embarradas…

Precandidatos presidenciales de HondurasElla (mi esposa) tuvo entonces la ocurrencia de que mandáramos a algunos políticos a Marte como fertilizante, pero de aquellos que aquí en la tierra no hacen nada excepto engañar al pueblo cada cuatro años. ¿No sería eso equivalente a enviar un buen poco de M al planeta rojo?

“¡¡¡No!!!,” le respondí yo enfáticamente. Le expliqué pacientemente –como solo puede hacerlo un sufrido marido capaz de soportar, mes tras mes, años de fluctuaciones hormonales– que la comparación de esta clase de políticos con la M no es real, sino solo una metáfora. Que mientras la M puede ser usada de abono, el político no.

Bueno, creo que todavía está un poco lejos el día en el que hagamos viajes tripulados a Marte, pero por si acaso debemos ser precavidos. Lo último que desearíamos hacer es cometer en Marte los mismos errores que hemos cometido en la tierra, por lo que más nos valdría mandar un paquete de M a nuestro vecino planetario que a un político. 

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