"Tal vez amar es aprender
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol."
(Fragmento de un Poema de Octavio Paz)
a caminar por este mundo.
Aprender a quedarnos quietos
como el tilo y la encina de la fábula.
Aprender a mirar.
Tu mirada es sembradora.
Plantó un árbol."
(Fragmento de un Poema de Octavio Paz)
Hace unos días un amigo me envió un link con un poema de Octavio Paz llamado “Carta de Creencia” que habla del amor. Yo le dije a mi amigo que el mencionado poema está muy bonito desde el punto de vista lingüístico. Una vez que uno comienza a leer, no le queda más remedio que aumentar la velocidad a medida que avanza, como si las ideas fueran arrastradas y aceleradas por un vórtice, pero después de unas tres estrofas la idea central se escapa y usted debe frenar, solo para recomenzar el proceso de aceleración. Me pareció como los pequeños remolinos que forman la turbulencia de un riachuelo, o los inmensos ciclones que se forman en la atmosfera terrestre. Disipativos, se forman y se van, como la vida misma.Uno de los hombres que vio el poema comentó que ya sabía lo que le diría a su esposa el día siguiente, y que la hermosura del mencionado poema solo lo podía comparar con una obra de Picasso. Yo le sugerí que no comparara a su esposa con un Picasso pues terminaría durmiendo en el patio de su casa con el perro, pues a ninguna mujer le gusta que la comparen con una obra maestra que tiene un ojo en la frente y otro en la mejilla.
Muestro el último fragmento del poema al inicio de este post. Le dije a mi amigo que el poema, aunque de una belleza mágica, carece de lógica. Al fin amar, ¿es aprender a caminar o a quedarnos quietos? De cualquier manera la belleza emergente del juego de palabras es hermosa por sí misma y no necesita lógica. De hecho, en muchas ocasiones la lógica extrae la belleza de la formula ya que la belleza emerge de una mente imaginativa y creadora, pero desbocada, a mil por hora. Es más, es usual que las mentes brillantes y creativas exhiban ciertos tipos de desbalance conductual, tendiendo a la depresión, a la manía o incluso a diferentes formas de psicosis, aunque este no es siempre el caso.
Es probable que el mismo desbalance en el funcionamiento de los neurotransmisores cerebrales como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, origine por otra parte el ambiente bioquímico ideal en el que las ideas fluyen. El extremo del espectro del desequilibrio está representado por patologías psiquiátricas como la depresión mayor, el síndrome bipolar y la esquizofrenia. La esquizofrenia, particularmente, está caracterizada por un mundo interior vívido, con alucinaciones visuales o auditivas e ideas delirantes ya sea de grandeza o megalomanía (no, no es del presidente Chávez que estoy hablando), de persecución, o místicas, todas asociadas con una menor actividad de la dopamina en ciertas regiones cerebrales.Algunos alcaloides simulan un proceso esquizofrénico, y tal es el caso del famoso dietilamida del ácido lisérgico, mejor conocido por sus siglas: LSD. El LSD es un derivado de un hongo no menos famoso llamado “cornezuelo o tizón de centeno”. El nombre proviene de la estructura que semeja un pequeño cuerno que crece en el centeno, que en la edad media causó epidemias de gangrena en Europa pues algunos de sus alcaloides tienen una actividad vasoactiva intensa, y al ser ingeridos conjuntamente con el pan de centeno causaban constricción de los vasos sanguíneos. Finalmente se sindicó al cornezuelo de centeno como el culpable de la gangrena, pero una vez aislados, sus alcaloides fueron utilizados en diversos tratamientos médicos. La ergotamina se utiliza aun en nuestros días para el tratamiento de la migraña, la ergonovina para frenar el sangrado uterino después del parto. Y de la ergolina se sintetiza el LSD.
Basta ingerir una pequeña cantidad del compuesto para experimentar alucinaciones, distorsión del tiempo y fragmentación del yo, síntomas característicos de la esquizofrenia. El LSD fue famoso en la contracultura de la década de los 60. El integrante del célebre grupo de rock Los Beatles, John Lenon, compuso una canción en su honor: Lucy in the Sky with Diamonds (las siglas de estas palabras son LSD), y en la década de los 80 el bioquímico y premio Nobel norteamericano Kary Mullis refiere haber concebido su famoso invento, la reacción en cadena de la polimerasa, durante un viaje de “ácido”. Pero el LSD no es el único compuesto capaz de desencadenar una aventura alucinatoria. Algunos tipos de setas y un alcaloide del peyote llamado mezcalina son potentes alucinógenos, aunque hay muchos más.
Pero dejemos atrás la esquizofrenia simulada por alcaloides y volvamos a la enfermedad. Se ha demostrado un componente genético en la esquizofrenia, pero debido al gran número de genes involucrados, esta patología entra dentro de las denominadas “enfermedades de caracteres complejos”. Se puede responsabilizar a ciertas variantes de los receptores de la dopamina, pero la presencia de una variante no es ni necesaria ni suficiente para el desarrollo del padecimiento. Hasta el momento se han identificado cientos de genes que podrían estar implicados, algunos con funciones conocidas y otros por conocer. Algunos piensan que no se trata de una única enfermedad, sino de un conjunto de enfermedades con signos y síntomas similares, lo que se conoce como heterogeneidad genética. Indudablemente, el ambiente es un factor clave para su desencadenamiento. Alrededor de un 1% de las poblaciones humanas padece alguna las formas de esquizofrenia, aunque esta cifra puede variar ligeramente de una población a otra.
Particularmente, quiero contarles sobre la entrevista que le realicé a un esquizofrénico que llega a mi clínica diariamente a pedir dinero. Es un muchacho que inspira temor, sin embargo es completamente inofensivo. Dice la gente que lo ha conocido que antes trabajaba en un taller de carros, y que era un muy buen estudiante en la escuela. Aquí la entrevista:
“Yo: señor, ¿y usted como se llama?
Loco: El rico, Consumación de principio, términos de desgaste, mi nombre es Víctor Samuel Fúnez, Hay conductos de Oiujas que parten del distrito Federal… Nemguno, después se llamó Neptuno, y de allí nació la tierra… El rico se llama Caetera. El varón vino y le digo “esto te entrego” y me dio un agua. Insinuaciones de la fluricundicia media. El chavo se agarró el agua… Una chavala linda me la quitaron. Yo la tenía como reliquia, y me la quitó, pacto de placa activa. Yo no fornicaba con nadie. Y la distracción de imagen como la vana…
Yo: ¿Ha visto usted alguna vez un demonio?
Loco: Si, Matara. Una vez me trepé en el. La decisión de él es la viva chocosula.
Yo: ¿De dónde es usted?
Loco: De Rusia. Creo. Usted es rico el que fomenta la ouija. Doña Juanita me da de comer. Ellos son tepeaticos, o sea solo una base que en la machucada devora a otros. ¿Usted sabe dónde está la placa activa?
Yo: ¿Se siente bien?
Entrevisté a Víctor Samuel el esquizofrénico por alrededor de dos horas, pero les muestro solo algunos pequeños fragmentos de la conversación por razones obvias. El resto continuó siendo un bombardeo imparable de palabras sin sentido aparente, caracterizado por perseveración y fuga de ideas. Insistía principalmente en el “hombre rico” y “la placa activa”. Le conté de la experiencia a mi amigo, quien me dijo que es posible que el loco vea algo que nosotros ignoramos. Pensé que tal vez tenga razón y que exista la posibilidad de que su mundo imaginario no sea tan imaginario, y experimente una especie de transgresión a algún plano paralelo de nuestro universo. Bueno, solo una especulación. Pienso que mi amigo debe saber algo de eso, ya que él mismo es una persona muy creativa. Saludos.








