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lunes, 12 de abril de 2010

Lo que está perdiendo la medicina convencional

Dr. Edwin Francisco Herrera Paz

Una niña sana, preciosa, de rizos dorados. Poco a poco la enfermedad la va consumiendo. ¿Qué enfermedad? Ninguna en especial. Simplemente, “la enfermedad”. La madre de la niña se dedica a pedir limosna utilizando la supuesta enfermedad de la menor como excusa. “Siento molestarlo, pero mi hija está muy enferma y necesita unos exámenes”.

Una cara grotesca. Los labios edematizados con ulceras. Una especie de crema cubre toda la hemicara derecha y no se distingue si se trata de un hombre o una mujer. Se dedica a pedir en las calles. Es cáncer-pienso-. Sin embargo han pasado muchos años, unos quince desde que lo vi por primera vez en las calles y continúa en la misma situación. A pesar de que la deformidad ha empeorado, es obvio que no se trata de cáncer. De ser así ya habría muerto.

Una paciente con colon irritable, un padecimiento molesto de tipo psicosomático para el que las ciencias médicas solo ofrecen paliativos, a lo sumo. La mencionada paciente también padece de una fobia severa a las cucarachas. Las fobias son padecimientos psiquiátricos difíciles de tratar, y requiere de largas sesiones de psicoterapia o tratamiento conductual. Para colmo, el bruxismo (padecimiento consistente en “rechinar” los dientes durante las horas de sueño) estaba a punto de hacerla perder sus dientes. La paciente comienza a asistir a una iglesia. Durante un retiro es sanada de los tres padecimientos.

Una paciente con cáncer de ovario avanzado. Será operada por la mañana. Durante la noche se dedica a orar fervientemente y atraviesa por una experiencia mística por la cual –afirma- que ha recibido sanación. Por la mañana, el cirujano la revisa una vez más antes de operarla, pero la masa abdominal no está. Ordena los exámenes pertinentes y descubre que ha habido una completa remisión del proceso. Muchos médicos han sido testigos de este tipo de experiencias a las que extrañamente la ciencia les da la espalda. Usted no leerá nunca un artículo en el que aparece una de tales curaciones en las que el autor aconseje que “sería conveniente revisar más a fondo el asunto”.  

¿De qué nos hablan todos estos casos? Pues nada más y nada menos del enorme poder la mente y el espíritu para moldear el destino de nuestro cuerpo a voluntad, sea positiva como negativamente. Sería elogio decir simplemente que la ciencia moderna ha desdeñado dicho poder. Más bien ha denigrado la  evidencia en pos de una medicina reduccionista y despersonalizada producto de poderosos intereses económicos. Esto no es decir que la medicina farmacológica basada en la evidencia sea mala. De ninguna manera. La moderna farmacología nos ofrece un exuberante arsenal para tratar un gran número de padecimientos, pero en el camino hemos olvidado al ser humano integral, a la influencia del entorno psico social y a la influencia de la mente sobre el cuerpo. No en balde cada día muchísimas personas se desilusionan de nuestra medicina convencional para volcarse a la llamada medicina alternativa.

Se lo ilustraré de la siguiente manera: Imaginemos un padecimiento (hipotético) para el cual hay dos posibles tratamientos. Uno de ellos utiliza los recursos psicológicos del individuo y resulta casi gratis, aunque presenta el ligero inconveniente de tener que recurrir al adiestramiento del paciente, quien deberá reaprender sus conceptos sobre enfermedad y sobre sí mismo. El segundo es un tratamiento farmacológico muy prometedor, que además se espera que genere millonarias ganancias a una compañía farmacéutica. ¿A cuál de los tratamientos se le dará prioridad? Es lógico suponer que resultado será la destinación de fuertes sumas de dinero para el financiamiento del segundo tratamiento. Incluso es posible que el primer tratamiento sea denigrado a la categoría de pseudociencia.

Los médicos reconocemos actualmente la relación entre psiquis y la enfermedad, por lo que ha surgido la rama de la psiquiatría denominada medicina psicosomática. Conocemos de algunas rutas neuronales que unen el sistema nervioso central con el sistema nervioso periférico y el endocrino a través de las estructuras del sistema límbico, ocupando el hipotálamo el lugar de honor como estructura integradora. Conocemos también los efectos de las llamadas hormonas des estrés, las cuales elevan la glucosa sanguínea y deprimen el sistema inmune, y conocemos las relaciones del sistema límbico con las emociones y la memoria.

Sin embargo nuestros conocimientos modernos sobre la trascendencia y naturaleza de los mecanismos que actúan en el complejo control de la salud y la enfermedad por parte de la mente, se quedan cortos. Después de cada milagro de curación Jesús decía al enfermo: “tu fe te ha sanado”, haciendo referencia a ese enorme poder de control sobre el mundo físico que se nos ha otorgado y que reside en nuestro interior. Poder del que los médicos solo vemos algunos vestigios en casos como los mencionados al inicio de este artículo, y también en el célebre efecto placebo, verdadero protagonista de los estudios de casos y controles en los que se investiga la efectividad de un tratamiento.

¿No cree usted que valdría la pena profundizar en este tema y utilizar más de nuestros recursos de investigación en el mismo? ¿No cree usted que en lugar de alimentar la psiquis de nuestros niños en las escuelas con una enorme cantidad de datos, deberíamos adiestrarlos en el dominio voluntario de su inteligencia, creatividad, autocontrol y automotivación obteniendo ciudadanos intelectual, física y emocionalmente más eficientes y felices? ¿No piensa que deberíamos enseñar a nuestros niños a vivir bien, no solo desde el punto de vista económico sino del ser interior? Basta con echar una mirada a nuestro alrededor: enfermedades psicosomáticas, autoinmunes, degenerativas y cáncer en in crecendo, ánimos debilitados, depresión, estrés, familias desintegradas, todo esto independientemente del estrato social del individuo, que se ven reflejados a la vez en problemas sociales como la delincuencia y el alza en la demanda de servicios de salud pública.  

Necesitamos una educación y una medicina orientada a valores y a descubrir el enorme poder que hay en nosotros en beneficio de nosotros mismos.  Para cambiar el entorno, es necesario comenzar por el cambio interior. Saludos.