Por: Edwin Francisco Herrera Paz. Hace solo unos meses, el Xavi Hernández expresó que para
el equipo español “la Eurocopa es más difícil que el Mundial, más intensa. No
hay cenicientas. En el Mundial, con todos mis respetos, te puede tocar, no sé,
Honduras o Arabia. En la Eurocopa te puede ganar cualquiera" Hoy, Honduras
eliminó a España goleándolo 1 a 0 en la primera ronda de los Juegos Olímpicos versión
2012.
domingo, 29 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
¿Qué es amarillito y a veces brillante pero no es oro?
Por: Edwin Francisco Herrera Paz.
Utilidades de la M
Hace un tiempo atrás necesitaba comprar unos pequeños
frascos para realizar exámenes de heces, pues nos encontrábamos realizando un
trabajo de investigación en el que se incluye un análisis de parásitos fecales.
Mi esposa le solicitó entonces a Manuel, contador de nuestra clínica, que por
favor pidiera a la compañía de suministros 700 frascos. Le dijo que pidiera frascos
en los que se pudiera realizar lo siguiente: 1) Poner 10 ml. de formalina al
10%, y 2) Diluir una pequeña cantidad de heces fecales equivalente a un gramo,
es decir, del tamaño aproximado de un frijol.
Bien, pues Manuel intentó seguir las instrucciones al pie
de la letra, pero se confundió un poco y además le dio mucha vergüenza decir “heces
fecales”. Simplemente dijo: “necesitamos frascos en los que quepan 10 ml. como
para un frijol.” Cuando mi esposa preguntó por el precio del pedido se quedó
con la boca abierta de la cantidad, pero pronto nos dimos cuenta de lo que
pasaba. El muchacho de la tienda nos había reservado 700 guacales como para 10
libras de frijoles cada uno. Mi esposa le dijo: “Dijimos que los queríamos para
una muestra de heces del tamaño de un granito de frijol, no de una sandía”. El
muchacho nos dijo entonces que Manuel no le había dicho lo de las heces, con lo
que se confirma aquel refrán que dice: “más vale un momento amarillito que cien
descoloridos”, refiriéndonos a que es mejor pasar un momento de vergüenza que
cien de confusión.
Si alguien piensa que la M no tiene ninguna utilidad
y que se trata solo de desperdicios que contaminan al mundo, piense de nuevo.
Para finales del siglo antepasado la ciudad de Nueva York ya era una de las más
prósperas del este de los Estados Unidos, pero tenían un problema. El medio de
transporte era aun la carreta tirada por caballos, pero al crecer la ciudad los
animalitos fueron inundando cada vez más las calles de excremento. Su cantidad
se hizo tan abundante en algunas calles que se volvió una tarea muy difícil
caminar sin literalmente “meter la pata” en M hasta la rodilla. Si usted iba
caminando y se tropezaba por accidente, inevitablemente terminaría comiendo M.
Las autoridades estaban alarmadas, y no sin razón ya que
la presencia de tanta M en la ciudad no solo quitaba vistosidad, sino que
también constituía una fuente de contaminación y enfermedades. Eso, hasta que a
alguien se le ocurrió algo brillante. En el Estados Unidos rural se utilizaba
el estiércol de las vacas o de los caballos como fertilizante. ¿Por qué no
recolectarlo, almacenarlo y exportarlo a las granjas? Entonces se fundó una compañía
que recogía todo el sucio de los caballos de la ciudad de Nueva York, lo
apilaban en gigantescos bultos y luego era exportado a las áreas rurales como
fertilizante a precio módico. ¡Y bum! Con una idea genial mataron dos pájaros
de un tiro y las toneladas de M fueron convertidas en oro de verdad. Una M que
resultó muy valiosa, por cierto, hasta que los vehículos automotores
desplazaron a las carretas.
Y es que a cualquier cosa se le puede encontrar un nicho funcional
con un poco de inventiva, incluso a la gran M.
Hace un par de días leía una noticia en la cual se
aseguraba que los científicos habían encontrado agua en el planeta Marte. La
imaginación me comenzó a volar. Como el agua es el elemento fundamental para el
crecimiento de la vida tal como la conocemos en la tierra, si en realidad hay
grandes cantidades de agua en Marte sería relativamente sencillo la
terraformación, es decir, la transformación gradual del planeta para hacerlo similar
a la tierra y por ende habitable.
El trámite es sencillo. Bastaría con enviar a Marte bacterias extremófilas anaerobias autótrofas que utilicen el Dióxido de carbono y la luz solar para
fabricar azucares, y en el proceso liberen oxígeno, para que la concentración
de este último gas se fuera elevando hasta alcanzar un nivel respirable. El
problema es que este procedimiento tomaría algunos millones de años y para
entonces quizá ya no haya seres humanos para enviar al planeta rojo.
Le comentaba estos asuntos a mi esposa quien no tardó en
encontrar una solución al problema. “¿Y por qué no mandar plantas de las
grandes para que sinteticen el oxígeno rápidamente?” me dijo. Yo le contesté
que el problema es que las plantas se deben alimentar de materia orgánica
acumulada en el suelo durante mucho tiempo, o sea del humus, a lo que ella me
replicó que se podrían llevar primero los animales para que el estiércol
sirviera de fertilizante. Pero su aseveración carece de fundamento lógico
puesto que los animales comen plantas.
La discusión filosófica se prolongó durante un tiempo y
luego mi esposa tuvo un momento de inspiración. “¿Qué tal sí –me dijo– mandamos
las plantas junto con una buena cantidad de estiércol para que aquellas se
alimenten de este?” Interesante estrategia, pero entonces ese estiércol ¡sería
la M más cara haya existido jamás! Onza por onza costaría miles de veces más
que el oro, pues su precio se volvería equivalente a lo que cuesta en energía
acelerar ese peso durante la primera mitad del viaje y luego frenarlo durante
la segunda mitad. No creo que sea muy buena idea llevar una nave
interplanetaria repleta de M a Marte. ¡No señor! Además las lustrosas paredes
de la nave quedarían todas embarradas…
Ella (mi esposa) tuvo entonces la ocurrencia de que
mandáramos a algunos políticos a Marte como fertilizante, pero de aquellos que
aquí en la tierra no hacen nada excepto engañar al pueblo cada cuatro años.
¿No sería eso equivalente a enviar un buen poco de M al planeta rojo?
“¡¡¡No!!!,” le respondí yo enfáticamente. Le expliqué
pacientemente –como solo puede hacerlo un sufrido marido capaz de soportar, mes
tras mes, años de fluctuaciones hormonales– que la comparación de esta clase de
políticos con la M no es real, sino solo una metáfora. Que mientras la M puede ser usada de abono, el político no.
Bueno, creo que todavía está un poco lejos el día en el que
hagamos viajes tripulados a Marte, pero por si acaso debemos ser precavidos. Lo
último que desearíamos hacer es cometer en Marte los mismos errores que hemos
cometido en la tierra, por lo que más nos valdría mandar un paquete de M a
nuestro vecino planetario que a un político.
Etiquetas:
Agua en Marte,
Frijoles,
Político corruptos
miércoles, 27 de junio de 2012
ALGUNOS APUNTES SOBRE EL SENTIDO COMÚN (O MÁS BIEN DE SU AUSENCIA)
Por: Edwin Francisco Herrera Paz
¿Recuerdan que estaba dispuesto a conquistar el mundo?
Pues he decidido volver a intentarlo. Mi compañero de letras ya trazó un plan
que he decidido compartir con ustedes. Resulta que cuando uno gana poder es
porque otro lo ha perdido, lo que no puede pasar sin consecuencias excepto si
las cosas se hacen de la manera correcta. ¿Recuerdan a Gandhi? Adquirió mucho
poder y además murió viejito, aunque al final fue asesinado. El secreto está
en…. Mmm no, mejor no cuento y procedo al tema, o como dice mi madre “a lo que
te traje, Chencha…”
Es muy difícil para una persona escéptica y amante de la ciencia convertirse en creyente. Sin embargo, desde hace algunos años me
zambullí en la vida de fe con resultados positivos. Afortunadamente la persona
que me guió en esos primeros pasos era un líder indiscutible, más no tardé en
darme cuenta que las imperfecciones del ser humano permean la iglesia de la
misma manera que a cualquier otra institución, con la gravedad que se desprende
del poder y la capacidad de manipulación que se adquiere con una posición de liderazgo espiritual.
Así, vemos iglesias en las que el trabajador, voluntario
o con paga, se le trata como esclavo con la justificación de una “esclavitud por amor a Cristo”. Cuando en estos sitios un empleado renuncia o es despedido, no se le pagan sus prestaciones o derechos
adquiridos pues la iglesia se encuentra falta de fondos, y además todo trabajo se debe realizar por amor a la obra. Pero extrañamente, a pesar del déficit de capital, el (o
la) líder viaja cada dos meses a Miami, una vez al año a Europa (¡con invitados
incluidos!), renta un lujoso apartamento y se construye una casa con todos los fierros en una exclusiva colonia de la ciudad, todo pagado con fondos de la iglesia. La congregación, con una evidente falta de revelación, sabiduría y
sentido común, paga sus diezmos puntualmente.
Un hermano en Cristo me increpaba que los diezmos y las
ofrendas son un trato personal con Dios, por lo que el destino del dinero
ofrendado no es de nuestra incumbencia. Yo le di parcialmente la razón en
cuanto al trato con Dios, pero eso es así únicamente cuando sabemos que nuestro
dinero es utilizado en obras positivas, como contribuir en la alimentación o la
educación de los pobres, o en el correcto funcionamiento de la iglesia como
entidad que "alimenta el espíritu" del necesitado. El creyente sabio
debería interrumpir su colaboración monetaria voluntaria (el énfasis es adrede)
en el mismo momento en el que se da cuenta que los fondos de su iglesia son
utilizados de forma incorrecta, pues de lo contrario estará sembrando en mala
tierra y depositando en saco roto. Por lo demás, no creo que resulte una labor
muy ardua para un creyente medianamente inteligente y letrado darse cuenta de
la diferencia entre el buen y mal uso de los recursos económicos. Verán, la
Palabra Revelada raramente se encuentra en contradicción con uno de los regalos
más preciados que dio Dios a los humanos: el sentido común (que sobra decirlo,
es el menos común de los sentidos).
Hablando con otro amigo le comentaba que no entendía el
mecanismo psicológico por el cual un conjunto de personas, muchas de ellas con una amplia preparación intelectual, pueden caer en un estado tal de obnubilación mental que son inducidas a actuar aun en contra de principios morales, éticos o cristianos, si al lider así le place. Me
contestaba mi amigo que yo estaba equivocado puesto que este fenómeno se ve más
frecuentemente en culturas poco instruidas, con una educación deficiente pues las personas que las conforman son fácilmente manipulables, pero se vuelve infrecuente a medida que el grado de preparación intelectual aumenta.
Recordamos entonces el caso del Pastor Jim Jones, quien indujo a
cometer suicidio colectivo voluntario a 909 personas, muchas de ellas con el
más alto grado de preparación universitaria. En un hecho mucho más reciente, el APOSTOL DOCTOR José Luis de Jesús Miranda, autoproclamado "Jesucristo Hombre" y cuyo símbolo representativo es el 666, ha convencido a sus seguidores (que se cuentan por millares en todo el mundo) que el próximo sábado se convertirá en un ser inmortal, para lo cual cambiará su cuerpo carnal en un cuerpo glorificado. Muchos de sus adeptos pertenecientes a todas las esferas sociales han dejado sus trabajos en espera de ese día. Aunque es conocido que la educación en el mundo se
encuentra mal repartida, eventos como el de Jim Jones y Miranda nos muestran
que el nivel educativo es en gran medida independiente de la amplia falta de
sentido común, al menos en estas condiciones de manipulación mental continua.
Cambiando el sitio y los eventos pero no el tema, ayer me
encontraba departiendo alegremente con mi hermano y algunos familiares
políticos. Platicábamos de todo tipo de asuntos triviales. Comenzamos a
platicar sobre la castración de la mascota de mi hermano. Desde la cirugía el
pobre perrito ladra muy raro y cuando corre mueve las caderas para un lado y
para el otro en un sospechoso vaiven.
De pronto, como buen joven del siglo XXI que soy, se me ocurrió revisar mi bb cel mientras los demás conversaban. Alguien había posteado en Facebook la fotografía de una placa con una frase atribuida al mal logrado ex presidente de Chile, Dr. Salvador Allende. La placa decía: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. Como lo que se aseveraba en aquella corta oración me pareció interesante procedí a leerlo en voz alta a mis familiares. Aunque mi hermano es un experimentado leguleyo litigón (abogado) de primera categoría, cometió el error argumental de juzgar la frase por la filiación ideológica de la fuente. Yo procedí, con toda la cautela del mundo, a explicar que aquella frase sí tiene sentido ya que, desde el punto de vista biológico, los jóvenes se caracterizan por su espíritu revolucionario. Cometí el garrafal error de dejar a medias mi explicación, que en realidad se basa en el hecho conocido de que son los jóvenes los que impulsan los cambios en las sociedades, cualquiera que sea la ideología prevaleciente. Un ejemplo claro es la evolución de los lenguajes. Entre los adultos existe la tendencia a ser conservadores en la manera de hablar. La juventud, por el contrario, introduce nuevos vocablos, algunos de los cuales terminan incorporándose al lenguaje formal.
Bien, inmediatamente la conversación se derivó en contra
del comunismo. Debo hacer antes la aclaración de que el comunismo no es mi
ideología predilecta. Tal vez sea un sistema político ideal para seres como las
hormigas puesto que todos los individuos de una colonia son clones, genéticamente muy
semejantes entre sí. Pero entre las
poblaciones humanas existe una mezcla variable entre genes que contribuyen al
altruismo y los que contribuyen al individualismo, y si intentamos acallar la
expresión de estos últimos lo que tendremos es una olla de presión siempre a
punto de estallar. Tarde o temprano estos genes encontrarán su camino y el
sistema entero estará destinado al colapso. Además, el sistema no hace uso de
las ventajas que ofrece la inteligencia colectiva y los mecanismos de
autorregulación del libre mercado (que en la actualidad se ha desregulado, descontrolado y convertido más bien en el libertinaje
de los banqueros).

Otra familiar sacó a colación un viejo cuento en el que
un alumno, amante del sistema comunista, argumentaba en la clase sobre las
virtudes y bondades del mencionado sistema. El maestro, capitalista hasta los
tuétanos, para hacer valer su punto de vista le propuso al estudiante dividir
sus excelentes calificaciones entre todos los demás, emulando un sistema
comunista. Desde luego, el estudiante se negó. Yo, de nuevo de sacón*, procedí
a explicar que algunos alumnos sacarán buenas notas porque se lo merecen, pero
muchos, emulando a los sistemas capitalistas, transarán con el profesor ofreciendo
obsequios o favores a cambio de buenas notas. Más aun, los que tengan mayor
poder adquisitivo tendrán una clara ventaja sobre los pobres si resulta que el
maestro es corrupto y proclive a este proceder, emulando los gobiernos de
América Latina.
Interrumpió un familiar con un chiste. Contaba que un comunista le preguntaba a otro si estaría dispuesto a ceder una de sus casas
para el sistema, a lo que contestó que sí, que ¡claro que estaría dispuesto!
Luego le preguntó si estaría dispuesto a ceder uno de sus carros, a lo que
contestó que sí, que estaría dispuesto a ceder un carro. Seguidamente le
preguntó si estaría dispuesto a ceder una de sus dos gallinas, a lo que el otro
contestó: ¡Claro que no! No estoy dispuesto a ceder una de mis gallinas. Cuando
el primero le preguntó por qué, el segundo replicó: “Porque las dos gallinas sí
las tengo”.
Inmediatamente se me dibujó una amplia y sincera sonrisa
en el rostro, porque en realidad el chiste me pareció gracioso. Sin embargo,
cinco segundos después y mientras aun nos reíamos, mi familiar político se
calló bruscamente y se puso de pie para despedirse, como en actitud de “mi chiste
es la última palabra y no estoy dispuesto a discutir más con comunistas. ¡Caso
cerrado!” Me sentí muy triste, no tanto por ser incomprendido sino por mi
evidente falta de sentido común en el manejo de la conversación. Y es que la
sabiduría dicta que hay tiempo y momento específicos para cada tema: revoluciones,
comunismo y capitalismo en foros y blogs políticos; perritos castrados,
celulares y carteras en reuniones familiares. En fin, que de cualquier forma de
la experiencia se aprende. Eso me enseñará a no criticar la falta de sentido
común de mis hermanos en la fe, cuyo proceder obedece a los más nobles
impulsos, aunque debo decirlo, mal canalizados. O como diría el poeta, arrieros
somos y en el camino andamos…
*Sacón: regionalismo hondureño que significa metiche, que
no sabe cuando callarse.
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