miércoles, 2 de mayo de 2012
Cultura del poder: Etimología de los simbolismos en Honduras
viernes, 14 de mayo de 2010
Médico de la resistencia o, ¡doctor, me resisto a medicarme!
domingo, 16 de agosto de 2009
De guerras y fenómenos sociales complejos
Pero claro, así como una vez le dijeron al Emperador romano: “Cesar, el pueblo tiene hambre”, a lo que el contestó: “Dadles circo”, en los tiempos modernos decimos: “Cesar, el pueblo está inconforme” Entonces podemos contestar: “démosle futbol”. Aunque ahora el papel de Cesar no recae sobre una persona sino sobre un grupo.
Las manifestaciones que en el país se han dado a llamar colectivamente “la resistencia” son un fenómeno social complejo, que no se debe simplificar con el apelativo de “los revoltosos”, así como el grupo de los que están a favor de la destitución de Mel no se pueden llamar colectivamente “la oligarquía”. Dentro de las marchas de resistencia uno puede encontrar personas interesadas en crear el caos por diversos motivos. Por ejemplo, al presidente Hugo Chávez le interesa la desestabilización social, pero alguien más estará interesado en la eliminación de los negocios de la competencia. Los grupos de revoltosos no están necesariamente relacionados con los manifestantes que reclaman cambios en Honduras, y que además lo hacen con convicción. Entre la resistencia hay personajes reconocidos por corrupción, y hasta por actos delincuenciales, así como hay individuos con trayectorias intachables, y gente cansada de las condiciones de miseria de nuestro país, intelectuales, artistas, y algunos que solo son metidos (sampalimones, les dicen en el pueblo de mi madre). En resumen, la resistencia está formada por un grupo heterogéneo de hondureños (y algunos extranjeros) que no debe ser analizado de forma simplista sino con un abordaje basado en los sistemas complejos.
Los hombres de ciencia de todas las ramas del conocimiento se están dando cuenta de que el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa. Los gobiernos, diseñados para los cambios lentos, no se adaptan a las nuevas necesidades de las sociedades ni a sus propiedades emergentes. Por ejemplo, es sabido que las tácticas de guerra han cambiado, siendo ahora cientos de veces más efectivas con un mínimo número de bajas. En las últimas décadas del siglo pasado se puso de moda la guerra “basada en efectos”, en la que en lugar de destruir grandes contingentes de los ejércitos, utilizando una gran cantidad de poder, el objetivo se desplazaba a las necesidades, y aplicando relativamente poco poder en una línea de abastecimiento se ganaba la guerra. Pero gracias a las comunicaciones, las guerras siguen cambiando, volviéndose más sutiles y complejas.
En un sistema complejo surgen propiedades emergentes y efectos completamente desconocidos cuando se juntan dos o más factores, anteriormente aislados. Por ejemplo, la computadora personal fue diseñada en un inicio para realizar cálculos matemáticos, como procesador de texto, para jugar y hasta para hacer listas. Cuando esta tecnología se encontró con la tecnología de las comunicaciones, surgió Internet, una herramienta inesperada, y que hoy por hoy está cambiando a las sociedades humanas en muchos aspectos. Estamos hablando aquí de solo unas cuantas décadas, y se espera que los cambios en el futuro sean más radicales y rápidos, por lo que el único paradigma que se mantendrá, es que no debe haber paradigmas.
Junte usted los préstamos hipotecarios conocidos como sub-prime en los Estados Unidos por un lado, con capitales de riesgo por el otro, y usted obtendrá un derrumbe financiero de escala global, inesperado y sin precedentes. El derrumbe del sistema socialista en la antigua Unión Soviética obedeció a la confluencia de muchos factores previamente aislados, y en una combinación improbable. El mundo moderno, debido a su creciente complejidad, está lleno de factores que se encontrarán cada vez con mayor frecuencia, resultando en efectos previamente desconocidos. Junte la sed de poder del presidente Chávez, la voracidad por el oro negro del mundo, la falta de guía espiritual en la sociedad con el consiguiente aumento en el consumo de drogas, una oligarquía y una clase media asustadas, la cuarta de Mel y cientos de otros pequeños factores y ¿Que obtiene? un golpe de estado (y/o sucesión constitucional, usted nómbrelo) atípico que al mundo le cuesta comprender, por más que se le explique. Junte usted todos estos factores, añadido a intereses personales, con un pueblo por décadas inconforme, con falta de educación, sin acceso a los servicios de salud, con escasa o ninguna posibilidad de salir de la pobreza a menos que migre hacia el imperio, y usted obtendrá una revolución.
Escuchaba hace algún tiempo hablar por una radio de la capital al Abogado Enrique Ortéz Colindres, una persona a quien admiro desde mi niñez por sus amplios conocimientos y por la manera en la que transmite esos conocimientos. No estuve de acuerdo con algo que dijo: que poco a poco irá disminuyendo la resistencia en el país. No lo creo. Hay muchos intereses involucrados, una gran proporción de las clases trabajadoras siguen inconformes, y es más fácil crear el desorden, con la ayuda de la segunda Ley de la termodinámica, que organizar y construir. Y es que no estamos en los ochentas. La estructura mediática del socialismo latinoamericano es impresionante, y las nuevas formas de comunicación convierten a los grupos en entes altamente comunicados y adaptables. Además, la historia nos muestra que las revoluciones son resilientes y resistentes (por eso se llama resistencia). Las medidas utilizadas en aquel entonces no harían más que agudizar y magnificar el fenómeno.
Afortunadamente y contrario al lo que dicta el sentido común, esta guerra se puede ganar cediendo, proponiendo decididamente medidas sociales, haciendo de este conflicto una negociación de ganar-ganar. Pero eso solo se logrará con una actitud proactiva tanto de la clase gobernante como de la llamada “oligarquía”, quienes ganarán a cambio una mayor tranquilidad y seguridad para sus hijos y nietos en este país. Desde luego, no es con futbol. Es con medidas reales.
Un amigo me dijo el otro día: “vos no sos ni chicha ni limonada”. Claro que no, -le dije- “yo soy solo hondureño, pero comprometido y que quiere lo mejor para su patria”. Si usted me pregunta a que equipo de futbol le voy, yo le contestaré que al Real España, pero también al Maratón, los dos equipos de mi ciudad. Usted me dirá, con una expresión de asombro, que eso no se puede. Pero entonces usted deberá sustentar su hipótesis con sólidos argumentos, si acaso quiere convencerme. Rompamos unos cuantos paradigmas. Saludos.
sábado, 8 de agosto de 2009
Los excesos de los de la derecha y las falacias de los de la izquierda
Hay que saber sacrificar la barba para salvar la cabeza.
Proverbio Árabe
Hace unos días me encontraba en una calle cuando pasó una manifestación de Manuel Zelaya. Cuando pasaban frente a una tienda, al ver a un hombre parado en la acera, distraído viendo el desfile y el relajo, uno de los montoneros manifestantes gritó: “miren, ese turco es Canahuati, de la oligarquía, ¡agárrenlo!” El pobre hombre, ya entrado en años, pegó una carrera de esas que ni
Y es que la confusión domina el ambiente, por lo que el 80% de los hondureños sufre en estos momentos de algún grado de ansiedad. La turba, en su camino iba manchando las paredes. Me llamó la atención el hecho de que iban destruyendo los rótulos de la compañía de telefonía celular “Tigo”, por ser propiedad de la oligarquía, pero me sorprendí aun más cuando vi que una considerable proporción de los manifestante hablaba en ese momento por sus respectivos celulares, utilizando los teléfonos comprados a Tigo, y gastando las recargas de la misma compañía. Uno de los manifestantes, después de quebrar un rótulo de Tigo de una tienda, entró a la misma para comprar una tarjeta de celular.
Me dije a mi mismo: mi mismo, si esta gente supiera lo que está haciendo, lo primero que harían sería cortar por completo el consumo de productos de la oligarquía. Ese sería el mejor boicot. El presidente Chávez desea eliminar en Venezuela los productos de la oligarquía, y en su inmensa sabiduría y como verdadero ideólogo está eliminando el acceso de los niños a los juegos electrónicos y volviendo al trompo, los mables y otros juegos más saludables, entre otras cosas. Si el presidente lograra eliminar todo vestigio de oligarquía en su país, sin duda lograría su objetivo, y hasta retrocedería a la época de las cavernas. Ahora, supongamos que el presidente Chávez lograra que todos los ciudadanos fueran iguales, con las mismas oportunidades y los mismos ingresos. Por unas cuantas generaciones, quizá el Estado podría mantener esta configuración, pero al ser inestable indefectiblemente surgiría otra oligarquía, y es aquí donde entra la pugna entre ideologías.
Por un lado, la extrema derecha reclama que los individuos no son iguales, que aquellos mejor capacitados tienen derecho a prosperar, amasar grandes fortunas y hacer caminar la economía, y que esta última se debe autorregular por el libre mercado, con poca ingerencia del Estado. La extrema izquierda, en cambio, dice que no es justo ni humanitario que las desigualdades en cuanto a factores genéticos o educacionales constituyan una fuerza que contribuya a abrir la brecha entre pobres y ricos con cada nueva generación, por lo que el Estado debe regular la economía, para repartir los bienes equitativamente y evitar excesos. ¿Quién tiene razón? Debo decir que ambas posturas tienen mucho de razón, y es probable que ambas consigan soluciones adecuadas a un conjunto de problemas sociales. Si recordamos, un sistema complejo, ante un problema, presenta familias de soluciones posibles. Lo malo entonces son los extremos, y el compromiso desmedido con una de las dos posturas que inevitablemente impide la apreciación del panorama completo.
Ya he dicho en otras entradas de este blog que el ser humano tiene la tendencia a comprometerse con un bando cuando se le ofrecen dos opciones, y es así como usted no puede ir al estadio a ver un partido de futbol si no apoya a uno de los dos equipos. Este es un factor psicológico que se explota cuando se quiere inducir una polarización social y en Honduras, esta polarización fue inducida sistemáticamnete por el depuesto presidente. Ayer oía a un analista del bando que está de acuerdo con la destitución de Mel Zelaya decir que el ex presidente fue destituido por su “continua violación a las Leyes y
Los manifestantes a favor de Zelaya dicen que el pueblo rechaza el golpe, pero para ellos el pueblo solo comprende las clases desposeídas, quienes buscan la restitución de Zelaya porque beneficia a los pobres, sin ver que el ex presidente tuvo una gran oportunidad en sus años de gobierno de instaurar medidas que los favorecieran, en lugar de gastar muchos millones de lempiras en una encuesta que no servía para nada, ya que según los ideólogos del socialismo, no era vinculante. Los manifestantes deben cambiar su discurso a objetivos más claros y prácticos que conduzcan a la reducción de las desigualdades. Deben aprovechar el momento, y un consejo más: no mientan. La mentira les resta seriedad. No digan que hay una extrema represión, que hay muertos por montón, y otras cosas que les resta credibilidad ante una clase media fluctuante entre dos fuerzas. Recuerden: las clases medias existimos, no somos parte de las 10 0 12 familias que ustedes mencionan como de la oligarquía, y sobre nuestros hombros descansa el motor de la economía que mueve al país. No nos ignoren ni nos degraden.
Aunados a las filas de los dirigentes de la resistencia de izquierda, he podido ver algunos insignes capitalistas, desde luego no marchando y dando la cara, sino contribuyendo económicamente con las revueltas. Este fenómeno local simula lo que sucede en el mundo. Los grandes dirigentes del socialismo mundial son todos unos íconos del capitalismo desmedido, y el ejemplo más reciente lo podemos ver en la pareja presidencial argentina, la que ha multiplicado varias veces su fortuna debido a hábiles maniobras en el negocio de bienes raíces, lo que nos obliga a hablar de los excesos del capitalismo.
Inevitablemente, algunos grupos con ambiciones económicas y sed de poder exagerada encontrarán la manera de manejar el sistema de tal forma que les brinde los máximos beneficios con el menor esfuerzo. Cuando la cantidad de individuos que realizan maniobras amañadas de maximización de sus finanzas alcanza un punto crítico, el sistema se vuelve inestable y se derrumba. Para muestra las famosas burbujas, en las que el aumento de la rentabilidad de un negocio acapara la atención de una creciente proporción de la población que comienza una escalera ascendente de especulación, hasta que la burbuja explota, y el sistema entero colapsa, como en la crisis de las empresas puntocom en el 2000, o el colapso del mercado inmobiliario en los Estados Unidos, más recientemente. Luego, el temor y las interrelaciones entre los sistemas económicos originan un efecto dominó, que en nuestra era globalizada alcanza todos los rincones del planeta. Es inevitable que en toda sociedad de libre mercado, un pequeño grupo de personas que dominan el juego del capital acumulen grandes cantidades de dinero, pero sobre una base ficticia, amañada e inestable, basada en el valor futuro, que tarde o temprano originará un derrumbe del sistema. La solución estaría dada por mecanismos de regulación dictados por entes especiales que evitaran tales excesos: el control de los sistemas económicos se convierte en una necesidad.
Volvamos al tema de la ideología. Si los ideólogos van a luchar contra la oligarquía y el imperio, no se reúnan en un McDonalds, o en un Burger King a planear las revueltas. Estas empresas ganan millones de lempiras mientras reciben exenciones de impuestos por introducción de materiales de construcción, etc. lo que representa una competencia desigual para los empresarios que quieren comenzar su negocio nacional de comidas. Para colmo, ahora venden en dichos negocios hasta baleadas (comida típica Hondureña consistente en tortillas de harina con frijoles), compitiendo con negocios nacionales que sí pagan todos sus impuestos. Pronto venderán también enchiladas y pastelitos de perro (pastelitos de carne), compitiendo así con doña Chencha, la señora de la esquina, la que tendrá que cerrar su negocio y sobrevivir buscando trabajo en algún restaurante de comida rápida. En lugar de quebrar sus rótulos, les recomiendo a los ideólogos que se abstengan de comer sus Woopers o Big Macs. Sin una verdadera ideología, todo el desorden que causen se reduce a un circo mediático.
La mayor parte de los capitales en Honduras pertenece a familias de origen Árabe. ¿Por qué? Básicamente por dos razones. En primer lugar, estas personas, inmigrantes de diferentes puntos de oriente medio, eran ajenas a la cultura de la pobreza que tristemente se encuentra arraigada en la mayor parte de Latinoamérica. En segundo lugar, los sintimientos xenofobicos de los mestizos Hondureños determinó la creación de una legislación que obligaba a la constitución de empresas por parte de todo extranjero de determinadas nacionalidades que deseara permanecer en el país. El que no tuviera constituida su empresa al cabo de un año de residir en Honduras, era deportado (Ley de Inmigración de 1929). Los descendientes de árabes, con sus empresas constituidas, pronto aprendieron a desenvolverse y prosperar en el sistema hasta llegar a la situación actual, con todos sus excesos. Como se ve, la misma legislación hondureña destinada a evitar la inmigración fue la que impulsó a los grupos extranjeros hacia la cúspide de la escalera económica. Ahora no se quejen. Mejor conciliemos, que hoy por hoy, todos somos hondureños y la inmigración ha venido a incrementar nuestro acerbo genético y cultural.
Ha llegado la hora de equilibrarse y dirigir las acciones a objetivos que en realidad conduzcan a una reducción de la desigualdad y de los flagelos que nos azotan, como la corrupción, la deficiencia en la educación y la falta de servicios de salud adecuados. La oligarquía y la clase gobernante no deben conformarse en estos momentos con medidas tibias, como la rebaja a la canasta básica, que como se sabe, son temporales y durarán mientras “pasa el agua”. Deben proponer medidas agresivas, legislación especial contra los monopolios y la corrupción, medidas contra el favoritismo de un sector de la población, soluciones claras al problema de la educación pública, etc. etc. etc. Comencemos ahora, y hagámoslo con tesón y ahínco, igual que el tesón que demuestra el presidente Chávez en su conquista a Honduras. Para el, la expulsión de Zelaya es perder una batalla, pero no la guerra. Emulemos su perseverancia, pero hacia derroteros grandes en beneficio de todos los hondureños. ¿Qué a la oligarquía no le conviene? Claro que si. No hay nada como poder salir tranquilo de su casa, caminar por las calles sin necesidad de ir escoltado por dos o tres guaruras (guardaespaldas), sin andar más reactivo que un grillo que salta de susto al menor contacto o apariencia de peligro. Este es el momento de sentarnos todos a conversar, por un futuro mejor para nuestros hijos.
Y como ya tengo hambre me voy a comer mi Wooper. Una al año no hace mucho daño, ni a mi cuerpo ni al sistema social. Saludos.
jueves, 6 de agosto de 2009
De futbol, educación y robo de medicamentos en Honduras

Por: Edwin Francisco Herrera Paz

Para salir del subdesarrollo crónico, de la cultura de la pobreza que nos agobia, debemos abandonar ciertas actitudes. El día de ayer escuchaba una rueda de prensa en la que se informaba al público que el partido de futbol entre Honduras y Costa Rica se realizaría en el estadio olímpico de San Pedro Sula, a pesar de las advertencias previas del Ministro de Salud, quien en un principio dijo que dicho partido debería ser realizado a puerta cerrada debido a la epidemia de influenza A H1N1. La aglomeración de personas que asistirán a disfrutar de dicho partido es un riesgo evidente y un factor que sin lugar a dudas acelerará la propagación del virus. Por otro lado, muchas escuelas anuncian la suspensión de clases por una semana debido a la epidemia. Un pueblo que le da prioridad a un partido de futbol sobre la educación definitivamente no saldrá de la pobreza. Pero el partido de futbol significa una sustancial ganancia para un sector de la población, mientras la educación del pueblo no representa beneficios, y el único perdedor es el pueblo con todo y su futuro.
Algo similar ocurrió unos días antes de azotar el mortal huracán Mich en Honduras. La alerta roja por la inminente llegada del meteoro no se dio sino minutos después de un partido de la final de futbol. Mientras tanto, el público se encontraba casi en total ignorancia de la situación de emergencia, en una actitud proteccionista a intereses económicos. Son estas y otras actitudes de nuestro pueblo las que ha facilitado la ganancia de adeptos a las filas del socialismo del siglo XXI. Los ideólogos del socialismo, por otro lado, sacan a la luz pública y denuncian a los grupos pertenecientes a la oligarquía Hondureña. Lo que me llama la atención es que esta lista no incluye a TODOS los grupos, y excluye algunos que se han involucrado con la cuarta urna. Lo que finalmente se puede ver es que parte de la oligarquía está involucrada también en el proyecto del socialismo para Honduras, por lo que queda claro que muchos oligarcas "siempre caen parados".
Lo que sí es evidente en Honduras es la falta de claridad ideológica. Una falta de propuestas claras, de objetivos, de una actitud que no deje lugar a dudas de que lo que se quiere es en realidad beneficiar al pueblo Hondureño. Esta actitud de falta de propuestas es crónica en Honduras, y los partidos políticos tradicionalmente (con excepciones) no han tenido una propuesta de país, que sin duda debe incluir un plan agresivo para mejorar la educación y la salud.
Hablando de la salud, el día de ayer, en un hospital público (el Mario Catarino Rivas) fue operada una amiga mía. El hospital no contaba con una sola ampolla de analgésico, de ningún tipo, para tratar el dolor en el postoperatorio. Sin embargo, todos los médicos que brindamos atención privada sabemos de la venta de medicamentos robados en los hospitales públicos, con la leyenda “Propiedad del Estado de Honduras”. Esos medicamentos son comprados con sus impuestos, con el dinero que a usted tanto le cuesta, pero destinado a los más pobres, a los que nunca llega. El medicamento entonces sirve como modus vivendi para las personas que se dedican a vender los medicamentos a clínicas privadas. Y es que en Honduras así funcionan las cosas, pues la corrupción es tal vez el más grande flagelo que nos agobia, involucrando a todos los sectores de nuestra sociedad.
Mientras tanto, si los rojos, los azules y los verdes no me muestran un plan de gobierno coherente, que incluya procedimientos adecuados para el combate de la corrupción y un plan agresivo de mejora a la salud y a la educación, no votaré, y tengan la seguridad de que la sombra de la revolución nos continuará persiguiendo, incrementándose día con día. La búsqueda de soluciones es ahora. Aprovechemos la crisis.









