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sábado, 11 de febrero de 2012

Los Excesos Sexuales de Algunos Poderosos

Por: Edwin Francisco Herrera Paz


Bien lo dice aquel conocido poema de Ramón Ortega: “Lo que brille nomás tiene cabida, aunque brille por oro lo que es cobre, lo que no perdonamos en la vida, es el atroz delito de ser pobre.”

Zapatos nuevos y viejosVerdad más cierta no hay. Los seres humanos nos guiamos por las apariencias; por lo que aflora en la superficie; por lo que brilla. Por eso si usted anda bien vestidito, bien peinado con gelatina resistente a huracanes, con un buen par de chancletas con el caucho entero, manejando una nave europea que más parece transbordador espacial, y va por la vida con una ceja levantada dándose aires de perdona vidas, es posible que a usted lo dejen entrar a los sitios más exclusivos del mundo. En cambio si no levanta el brazo para que no se le vea el hoyo en la camisa y recorre el planeta o su ciudad a rebote de calcetín, usted solo aspirará a entrar, a lo sumo, a algún changarro de mala muerte.

Del mismo modo los apelativos morales y las descripciones de las condiciones o cualidades de las personas son moduladas por la apariencia física o por la cuenta de banco. Si usted es dado a hacer cosas raras y a tener ideas “diferentes” pero no tiene ni un lugarcito donde caerse muerto, entonces será un esquizofrénico; un verdadero orate de atar. Pero si su cuenta de banco se encuentra inflada entonces no será un loco sino un refinado “excéntrico”.

Si usted es un don Nadie con las hormonas revueltas y le gustan las muchachitas, y además le cuesta contener sus impulsos y se pone a enamorar a cuanta vieja y joven, señora y señorita, núbil o ya rodada por la vida que se le cruce en el camino, entonces tendrá los instintos de un violador. Será condenado por la sociedad como un lujurioso, un cerdo lleno de lascivia que se deja dominar por su concupiscencia. Será entonces culpable de haber caído en el pecado capital llamado lujuria.

Por el contrario, si usted es un magnate de los bienes raíces como Donald Trump (Donaldo Trompo en castellano), o un hombre poderoso como por ejemplo un mandatario, entonces no será lujurioso y el mundo entero pagará por la noticia de su última aventura. Si es un famoso y adinerado artista de cine como Michael Douglas entonces no será un perro insaciable sexual, acosador y lascivo. Será más bien un inofensivo y dulce “sexoholico”, o sea, un gran tipo con un pequeño problema de adicción al sexo y a lo sumo lo acusarán de lujurioso pero con un tono de benevolencia absolutoria. Y si la lujuria lo lleva además a la fama, la fortuna y al estrellato como a Hugh Hefner, pues mucho mejor.

He aquí algunos ejemplos de lujuriosos notables de la historia antigua y reciente.

JFK

Todo el mundo ha oído hablar de las andanzas del famoso y mal logrado Presidente de los Estados Unidos durante la guerra fría John Fitzgerald Kennedy. Los amoríos de JFK se cuentan por muchos, incluyendo uno con la famosa actriz Marilyn Monroe. Definitivamente  el Presidente era un gran hombre, visionario y pacifista, pero sobre todo un apasionado amante de la belleza estrogénica. La última noticia sobre los romances de JFK es la reciente salida a la venta del libro de Mimi Alford titulado “Había una vez un secreto: mi romance con John F. Kennedy”. Mimi es una ex becaria de la Casa Blanca que narra su relación con el mandatario.

El espíritu pacifista de John queda plasmado en el relato de la confesión que le hizo una vez a Mimi a propósito de la Crisis de los Misiles en Cuba: “Prefiero que mis hijos sean rojos (comunistas) a que estén muertos”, le diría a Mimi en una ocasión. Claramente John prefería hacer el amor y no la guerra.

Para el mundo entero John F. Kennedy era un modelo de hombre, el arquetipo del macho envidiado: joven, adinerado, culto, de buen ver, poderosísimo, y un imán para las féminas. A nadie se le ocurre que haya sido un lujurioso sino más bien un hombre con un gusto exquisito pero insaciable por las mujeres, al punto de necesitar su compañía para mitigar el dolor de su espalda, secuela de una lesión de guerra.
Linda chica con falda arriba

William Jefferson Clinton

Y como para que el prestigio de los Demócratas que llegan a la Casa Blanca no se perdiera, unas décadas después el Presidente número 42 de los Estados Unidos repetía las hazañas de su antecesor lejano. 

Bill Clinton fue un Presidente carismático con carita de “yo no fui” que tocaba hábilmente en público el saxofón, pero al que también le tocaban, en privado y con no menos habilidad, el sexofón. Pero a diferencia de su antecesor, Clinton tenía un defecto: una esposa aguerrida y andrógina del mismo corte de Margaret Thatcher, la célebre Primera Ministra inglesa en tiempo de la Guerra de las Malvinas; o tal vez de la firme y decidida ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice (Condolencia Arroz en castellano).

Una esposa tan perspicaz y hábil en la política no podía ser engañada tan fácilmente. Muchos opinan que una dama con tal talante descubriría a su maridito, tarde o temprano, en el acto de infidelidad puesto que a ella no se le va “chancha con mazorca”. Pero Hillary no necesitó utilizar sus ardides políticos y Bill Clinton fue atrapado y puesto en evidencia. Lo agarraron con “las manos en la masa”. O dicho más adecuadamente, a Monica Lewinski, una ex becaria de la Casa Blanca (algo tienen esas becarias, ¿no?) la atraparon con “las manos en el mazo”. Y más que haberla atrapado fue ella misma, en busca de fama y fortuna según algunos, la que finalmente confesó.

Los que seguimos la noticia en aquel entonces recordamos el juicio político que se le llevó a cabo al Presidente por aquel escándalo. Pero Bill sobrellevó muy bien y con gallardía la humillación de ser el segundo presidente de la gran nación en enfrentarse al Senado en un juicio político. Cuando preguntaban al Presidente algún detalle sobre su aventura este (aparte de hacer alguno que otro puchero) conservaba la calma y sabiamente contestaba: “Can´t recall (NO ME ACUERDO)”.

¿¡Cómo!? ¿Qué no se acuerda? ¡Por favor, Señor Presidente! ¡Cómo olvidar esos momentos de éxtasis en la Oficina Oval y en algunos otros escondrijos de la Casa Blanca! Imposible no recordar, pero como ya existía el antecedente de un ex Presidente con mal de Alzheimer (Ronald Reagan) entonces el Senado prefirió, inocentemente, otorgarle a Bill el beneficio de la duda. ¡Vamos! Después de todo, ¿Qué Senador no se ha dado su escapadita? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y la Lewinsky no fue la única en la vida del Presidente sexofonista. Para la toma de posesión de su primer mandato ya contaba con una larga lista de reclamos por parte de mujeres “enganchadas” que no dudamos que se haya visto aumentada en estos últimos años.
Felatio al Presidente de los Estados Unidos

El Rey Sabio

Salomón, Rey del pueblo de Israel, hijo de David, sustenta varios records Guinness de la antigüedad. Es considerado tal vez el hombre más rico de la historia; es escritor de nada menos que de tres libros del Antiguo Testamento, y según tengo entendido, también sustenta el record de tener la mayor cantidad de mujeres viviendo bajo el mismo techo. Con esta última marca bastaría para que se le considerara el hombre más sabio de todos los tiempos.

La hazaña de mantener juntas a mil mujeres, con todo y sus caprichos y sus síndromes premenstruales atiempados, es nada menos que sorprendente y debió haber hecho necesario un formidable despliegue de logística. ¿Se imagina el enorme gasto de la Casa Real de Israel solo en toallas sanitarias (marca Trapox™)? ¿O en lencería? Sin duda alguna la actual Primera Dama de los Estados Unidos Michelle Obama se quedaría corta con sus compras de 50,000 dólares en calzones, a menos que, claro está, se sumaran al presupuesto las prendas de las becarias de la Casa Blanca. Como dice Chelato, nunca se sabe. Después de todo el Presidente Obama también pertenece al Partido Demócrata…

Uno se sigue sorprendiendo de las habilidades del Rey Salomón cuando se da cuenta de que aun con las tantas mujeres que debía complacer, todavía le quedaba tiempo de tirarse una canita al aire con Balkis, la Reina de Saba, en una época donde aun no se había inventado el Viagra. Dicen que la Reina diría luego de conocer a Salomón: “Este Rey sí que es más sabio de lo que suponía,” refiriéndose a los acertijos contestados por el Rey. Sin embargo parece ser que a lo que menos se dedicaron ambos fue a jugar a las adivinanzas, y se dice que la Reina partió de nuevo hacia su tierra cargando un “regalito” de carne y hueso en su vientre producto de su relación.

El libro Cantar de los Cantares tuvo el privilegio de ser elegido como sagrado a pesar de ser un poema de amor. Los exégetas judíos y posteriormente los cristianos justificarían la inclusión de este libro dentro del canon sagrado calificándolo como una alegoría: la novia representa al pueblo de Dios, y el novio al mismísimo Dios. Sin embargo eso no quita que en Cantares se dibuje a plenitud la inclinación del autor por los placeres carnales desbocados.

A pesar de todo, el estamento religioso se encarga de hacer notar que el Rey Salomón pagó caro por sus excesos. La fisión del pueblo de Israel en los Reinos del Norte y del Sur se le atribuye a las faltas de Salomón. ¿Por lujurioso? De ninguna manera. Nadie tiene la osadía de acusar al Rey Salomón de lujurioso, y la tradición religiosa menciona como su único gran pecado el haberle construido templos a sus mujeres paganas para que pudieran adorar a sus dioses. ¿Lo de las mil mujeres? No, no, esas cosillas a cualquiera le pasan…
Hombre con muchas esposas

La historia está plagada de otros ejemplos, pero espero que el punto haya quedado claro. Usted puede hacer alarde de su concupiscencia siempre y cuando tenga una cuenta de banco o una fuente de poder que lo respalde. Pero si usted es pobre y desamparado ni se atreva. Será condenado al fuego eterno por lujurioso, y ni el Vaticano ni ninguna otra institución acreditada por los Cielos le hará entrega de alguna carta redactada con el perdón oficial. El calorcito a fuego lento del infierno lo esperará pacientemente, sin ninguna posibilidad de redención. 
Presidente de la Italia mujeriego

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El placer desembocado: ¿Por qué debemos refrenar nuestros impulsos básicos?

A menudo, oigo a ministros de la palabra condenar a cierto tipo de pecadores; aquellos que se dejan llevar por su concupiscencia desenfrenada  y se entregan a los brazos del amor pasajero, aquel que después de instantes de pasión suprema deja un vacío interior que hizo afirmar al sabio rey Salomón: vanidad de vanidades. Aquel que, de acuerdo con algunos filósofos de la Grecia antigua, formaba parte de la máxima virtud: la búsqueda del placer. Me estoy refiriendo a las corrientes filosóficas denominadas epicureísmo y hedonismo.
Sin embargo, sucede que el placer no se encuentra únicamente en las manifestaciones de la sexualidad humana en todas sus variantes. Sentimos placer cada vez que nos encontramos saciando un apetito, el cual es a su vez, la manifestación de una necesidad, ya sea en la lucha por sobrevivir, como de la conservación de la especie.
De no ser por estas necesidades básicas entre las que se encuentran el comer, el beber y las relaciones sexuales, los seres humanos hace tiempo hubiésemos dejado de existir como especie. Vale decir entonces, que la búsqueda del placer se nos fue dada por mecanismos evolutivos en la justa cantidad para mantenernos vivos y perpetuar nuestros genes, o al menos ha sido así durante la mayor parte de nuestra existencia como especie. Por otro lado, el exceso de tiempo libre, el ensanchamiento de nuestro radio de acción social, y la disponibilidad de un excedente de alimento, ha vuelto aquellas manifestaciones de necesidades básicas en nuestra contra.
Para el caso, la propagación de pandemias como el VIH no hubiese sido posible en un mundo de cazadores recolectores, que no viajan más de unos cientos de kilómetros a lo largo de toda su vida. Pero en nuestra época todo es diferente. Los medios de transporte que han acortado distancias y han contribuido con la globalización, también han servido para propagar la epidemia alrededor del mundo.
Los métodos de anticoncepción determinaron el comienzo de una época dominada por el libertinaje. Nunca más nos deberíamos preocupar por traer niños no deseados al mundo, y con ello fue posible darle rienda suelta a los más ardientes deseos carnales. Pero en la década de los ochenta estos dos factores, libertinaje y transporte rápido garantizaron la vertiginosa dispersión de una epidemia que continúa haciendo estragos en muchos países.
Nunca antes se había vuelto tan vigente el mandato bíblico de cuidar de nuestro cuerpo porque es “templo y morada del Espíritu Santo,” y fue entonces que encontramos una clara relación entre la abstinencia sexual voluntaria y nuestra salud corporal. La pandemia del VIH-SIDA vino a recordarnos que todo exceso es malo, que las sociedades voluptuosas son sociedades en decadencia. Los romanos (y otros grandes imperios) tuvieron sus enfermedades venéreas, y nosotros, el VIH.
¿Y qué decir sobre la alimentación? Porque, da la casualidad que muchas personas que condenan el desenfreno sexual dan rienda suelta a su apetito gastronómico sin saber que ambos comportamientos son dos caras de la misma moneda. De nuevo, el hambre no está diseñada en la medida exacta para garantizar la supervivencia. Está más bien diseñada para embutirse de alimentos hasta reventar, y almacenar estos alimentos en forma de grasa.
En un mundo como el vivido por nuestros antepasados arborícolas, y luego por nuestros antepasados cazadores-recolectores, en donde el alimento hoy está pero mañana quizá no, esta fue una sabia estrategia de supervivencia. Esa grasa corporal acumulada de más, esas “llantitas” que hoy nos parecen un poco desagradables desde el punto de vista estético, en muchas ocasiones ayudaron a sobrevivir a nuestros ancestros en tiempos de hambruna, después de los cuales el portador de dichas lonjas volvía a quedar escuálido como un espagueti, ¡pero al menos había sobrevivido! Todo gracias a su apetito voraz durante el tiempo de abundancia.
 Con el inicio de la era industrial los alimentos comenzaron a procesarse en cadena, con un aumento en la producción y una disminución del precio. Ahora, todos podían comer lo que quisieran (en el mundo desarrollado, por supuesto). Sin embargo, no había mucho tiempo. Había que mantener el engranaje productivo, trabajar mucho y los únicos restaurantes que existían eran los de “comida lenta.” No había mucho tiempo para atiborrarse. Es entonces, muy recientemente, cuando surge el flagelo que pondría en nuestra contra millones de años de evolución en el aspecto alimentario. Me estoy refiriendo a ese otro tipo de cadenas: las de comida rápida.
En efecto. Gracias a la comida rápida el mundo desarrollado (y gran parte del subdesarrollado) se vio, en unas pocas décadas en un gigantesco problema de nutrición. Al tiempo que las dificultades pretéritas en materia de salud -principalmente las enfermedades infectocontagiosas- han sido superadas bastante bien en la mayor parte del mundo, las enfermedades crónico-degenerativas, especialmente las cardiovasculares y la diabetes, son los flagelos que atacan al ciudadano moderno, y su principal factor de riesgo es la obesidad.
Volviendo al tema del placer, ¿por qué lo experimentamos? La percepción de placer y dolor son tan viejos como el reino animal, filogenéticamente hablando. Los organismos inferiores se alejan de estímulos nocivos y son atraídos hacia los estímulos favorables. Definitivamente compartimos la experiencia del placer con el resto de los animales. En cuanto al sentimiento de recompensa que despierta la sensación placentera, los neurotransmisores serotonina y dopamina se han relacionado con esta. Las aéreas del encéfalo involucradas son: el núcleo accumbens, la corteza prefrontal, el hipocampo y la amígdala. Con excepción de la corteza prefrontal estas estructuras pertenecen al sistema límbico, involucrado en las emociones en general y en la memoria a corto plazo.
Por otro lado la corteza cerebral, especialmente la neocorteza característica de los seres humanos, es capaz de provocar una inhibición de la respuesta de búsqueda del estímulo placentero. Si hay algo en lo que somos semejantes a Dios es en esa capacidad voluntaria de inhibir estos fuertes impulsos. Por eso la abstinencia sexual voluntaria y el ayuno voluntario son dos características de los seres humanos que se entregan a la espiritualidad. Definitivamente, no creo que haya en el resto del reino animal un comportamiento que tenga parangón con esta capacidad humana de alejarse voluntariamente del placer.
Piénselo. Hay otras especies inteligentes, aunque no en la magnitud que ha alcanzado el hombre. Los chimpancés son capaces de realizar abstracciones matemáticas sencillas y de comprender y comunicar el lenguaje. Las ballenas poseen una forma de comunicación acústica muy elaborada, y los elefantes poseen una memoria prodigiosa y conciencia de sí mismos. Pero no hay en el reino animal otro espécimen con esa portentosa capacidad de autodominio sobre sus impulsos, sea en la búsqueda del placer, o en dar rienda a suelta a la furia, o incluso a los temores. El dominio sobre nuestras emociones es la base de lo que se ha llamado “inteligencia emocional,” que nos diferencia de los animales de una manera más clara que la abstracción, la cultura y el lenguaje.
Y usted, ¿está ejerciendo autocontrol? ¿O se deja llevar por sus impulsos? El autocontrol se ejercita, como el músculo. Comience a ejercitarlo hoy. 

lunes, 6 de septiembre de 2010

Que no le den gato por tigre: El ligre, el tigón y otros híbridos raros

Gatos salvajes

Edwin Francisco Herrera Paz
Hace poco observaba como una pequeña perrita en celo, de esas que caben en la cartera de las mujeres, ponía como loco a un imponente pitbull. Me pregunté cómo puede la naturaleza ser tan cruel, si en esta situación hay una imposibilidad física para el apareamiento, o diría yo que se trata más bien de un amor imposible.
Perrito con una rosa
La biología actual identifica como especies diferentes aquellas que tienen un aislamiento reproductivo, es decir, que no se pueden aparear entre ellas originando descendencia. Pero si la perrita y el perrón no se pueden aparear, ¿se trata de especies diferentes? Pues no. Aunque al perro le resulte imposible satisfacer sus concupiscentes impulsos, es posible juntar el esperma del macho con el de la hembra, y tendremos una descendencia viable y fértil, aunque tal vez muy fea. Para que las especies se aíslen reproductivamente, antes deben pasar muchas generaciones de aislamiento físico entre ellas, de tal manera que sus genomas cambiaran en direcciones diferentes hasta volverse incompatibles.
Algunas especies no se diferencian mucho en sus genomas, por lo que es posible que se apareen, pero su descendencia será infértil, y los ejemplos mejor conocidos son el de la mula y el macho, los cuales resultan del cruce de un caballo con una burra o una yegua con un burro. Aunque la mula es normal, será estéril. La esterilidad se debe a que la mula tendrá (como nosotros y la mayoría de las especies del reino animal) dos juegos de cromosomas, que son las estructuras que contienen los genes, los cuales está hechos de ADN y codifican la construcción de un organismo vivo, pero un juego será de una especie y el otro juego de la otra.
Así es. La mula tendrá un juego de cromosomas equino y otro de burro. Cuando el animal está formando sus gametos (espermatozoides los machos y óvulos las hembras), en el núcleo de las células destinadas a ser espermatozoide u óvulo se registra un fenómeno llamado “apareamiento de homólogos”, que consiste en que cada cromosoma busca a su pareja homóloga. EL cromosoma 1 buscará al otro 1, el cromosoma 2 buscará al otro 2, etc., y luego se juntarán e intercambiarán material genético, para después separarse. Pero para que los cromosomas se puedan aparear, sus secuencias de ADN deben ser muy parecidas (homólogas). En los gametos de la mula, un cromosoma 1 de burro se debe aparear con un cromosoma 1 equino, un 2 de burro con un 2 equino, etc. Los cromosomas de las dos especies se parecen pero tienen diferencias notables, por lo que el apareamiento es incompleto y, por lo tanto, no se forman gametos viables. El resultado es una bestia estéril.
Por ese motivo me sorprendí cuando escuche que es posible el apareamiento de un tigre macho con una leona, o una tigresa con un león, y el resultado no es solamente un individuo viable, sino que también, en determinados casos, fértil. En el primer caso (tigre con leona) el resultado es un tigón, y en el segundo (tigresa con león) es un ligre. Estos animales son completamente diferentes entre sí. Mientras el ligre es imponente y nunca deja de crecer, el tigón es pequeño y enclenque. Pero la historia no termina aquí. Una ligre hembra pueden aparearse con un tigre macho dando como fruto de este amor a un tiligre. Si la ligresa se aparea con un león resulta un leligre. Estos apareamientos se han registrado en la realidad.
El león y el tigre no se aparean en la naturaleza, pues sus hábitats son completamente diferentes y el encuentro de ambos es una ocurrencia muy improbable, pero a los criadores de animales les gusta hacer todo tipo de experimentos. Vale la pena especular qué resultaría de otros apareamientos. Si un leligre se aparea con una tiligre ¿que sale? Me imagino que un tileligre. ¿Y un ligre con un tigón? Pues se me ocurre que saldría un litigón, que más bien suena a abogado.
Así que aquel dicho que dice “hijo de tigre sale rayado”, a veces falla. Una implicación de esto es que si usted es un tigre rayado, su esposa una tigresa rayada, y su hijo no le sale rayado, sino más bien algo melenudo, hágase una prueba de paternidad por ADN ya que podría ser que su hijo en realidad sea hijo de un león, o lo que es peor, de un gato, y usted en lugar de tigre vendría siendo venado con una hermosa y frondosa cornamenta.
Pero si estas dos especies se pueden aparear, ¿Qué hay de los apareamientos entre simios y humanos? Todos sabemos que los humanos, los chimpancés, los gorilas, los bonobos y los orangutanes compartimos gran parte de nuestro genoma. EL aislamiento reproductivo entre humanos y chimpancés, por ejemplo, está dado por el número de cromosomas. El chimpancé tiene 24 pares y los humanos, 23. Si a alguien se le ocurriera aparear a un chimpancé con un humano (no se les ocurra hacer esto en casa) el individuo resultante sería estéril. Se ha comprobado que el cromosoma 1 de los humanos es un compuesto de dos cromosomas chimpancés, así que al momento del apareamiento de homólogos, el cromosoma 1 humano del híbrido se aparearía con los dos de chimpancé formando una estructura radial que se asemejaría a una estrella de tres puntas (tri radio). Este sería el equivalente a un menage a trois en el mundo de los cromosomas que resulta incompatible con la fertilidad.
De cualquier forma, no creo que el híbrido humano-chimpancé sea viable, ni creo que haya alguien dispuesto a efectuar el experimento. Además, las implicaciones éticas son enormes. Solo me resta desearle feliz navidad y próspero año nuevo y aconsejarle que se cuide, no vaya a ser que en estas festividades le den gato por tigre.
Lea también: La nueva historia del origen del hombre moderno.
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