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viernes, 17 de septiembre de 2010

La evolución de la fe

“¿Cuándo despojaremos por completo a la naturaleza de sus atributos divinos? ¿Cuándo tendremos derecho los hombre a volvernos naturales, en una naturaleza pura, descubierta y emancipada de nuevo?” Esto lo expresó el célebre filósofo teutón Friedrich Wilhelm Nietzsche, en su libro “Gaya Ciencia.”
Carl Sagan, el eminente astrofísico y magnífico divulgador científico norteamericano, autor de Cosmos y otros libros, ganador del premio Pulitzer por “Los Dragones del Edén”, en su libro basado en sus ponencias en las prestigiosas Conferencias Gifford “La diversidad de la ciencia,” argumenta magistralmente que la religión es un producto de nuestra incapacidad de comprender el mundo. Cuando no se comprendía algo, entonces se les atribuía a los dioses. Se adoraba a los dioses buscando su favor.
El renombrado fisiólogo Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis intentó por su parte, en “Totem y Tabú,” dar una explicación racional a la religiosidad, principalmente al cristianismo.
Como estos, muchos otros hombres, principalmente de ciencia, han intentado eliminar a Dios de la ecuación. El universo existe por sí mismo. Mejor dejemos las cosas como están, porque con un universo complejo es suficiente. No nos hace falta un creador todavía más complejo. Eso complica las cosas.
Mas ninguna de las explicaciones esgrimidas por los más ilustres filósofos y hombres de ciencia logra deshacerse de Dios. Carl Sagan no podría explicar por qué en la actualidad la gente continúa buscando de Dios más que de la ciencia, no para intentar dar explicación a los fenómenos naturales -ya sabemos que la ciencia se encarga de esto-, sino para curar las heridas del alma. Aun en este tiempo de rápidos avances científicos, el género humano obstinadamente, insistentemente, vuelve al tema de Dios.
Se le dice al público que la religión se ha equivocado demasiadas veces; que la religión es culpable de muchos de los grandes conflictos y que el fervor religioso nos más que un subproducto de algún factor evolutivo que ya no nos es útil. Sin embargo allí seguimos, científicos y legos, en búsqueda de aquello que nos trasciende porque no podemos comprender. ¿Qué nos hace creer que hay algo, alun factor de inteligencia infinitamente superior a nosotros? ¿No es acaso más sencillo para nuestra mente racional desaparecer a Dios de la fórmula y quedarnos con lo que sí podemos comprender? Pues resulta que no. Continuamos insistiendo. Somos unos necios.
Resulta que ni Dios está fuera de la ecuación, ni el hombre está cerca aun de comprender el por qué de la existencia de nuestro universo, así como de las constantes universales, la evolución a la complejidad, los cerebros humanos, la belleza, la luz, y tampoco de la tristeza, la maldad y la oscuridad. De hecho, cada vez que un hombre se proclama poseedor de la verdad surge la evidencia apabullante que demuestra cuán equivocado estaba.
Resulta que, la búsqueda de la verdad es una cualidad humana tanto como lo es la espiritualidad. Es más, pienso que espiritualidad y razón son dos cualidades que han evolucionado simultáneamente. Además, por cada tesis de los detractores de Dios se puede esgrimir una antítesis tan plausible y válida como la primera.
En “La diversidad de la ciencia” Carl Sagan cita un proverbio yiddish que dice: “si rezar sirviera de algo, contratarían a gente para hacerlo,” minimizando el poder de la fe y de la oración a simples supercherías. Desde luego, un hombre escéptico nunca conocerá ni entenderá el poder de la fe, no porque ciencia y fe sean contrarias, sino porque la misma definición de “fe” excluye al pensamiento escéptico de su comprensión.
La fe es: la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. No existe ningún creyente que haya experimentado el poder de la fe que no crea en ella. Por otro lado, no existe ningún escéptico que sepa en realidad algo sobre el poder de la fe, a menos que se abandone por un momento y se vacíe de su escepticismo para acogerla. Es decir, la ciencia puede aproximarse por el método científico a cualquier fenómeno de la naturaleza, con excepción de la fe. Esta ha resultado una barrera infranqueable entre ciencia y religión.
A continuación presento una hipótesis alternativa del por qué el ser humano busca a Dios y a la fe, intentando simultáneamente encontrar un asidero en donde confluyan ambos caminos del entendimiento.
Hipótesis evolutiva del cerebro complejo. Debido a la complejidad de los crecientes neocortex en evolución, el ser humano comenzó a comunicarse, a formar una cultura tecnológica y a dominar su entorno. Un subproducto de esta evolución fue su percepción de lo trascendente. Debe haber algo inteligente, superior a nuestra naturaleza que maneje los hilos. Hasta aquí la hipótesis es idéntica a la de Carl Sagan, pero con una diferencia.
A partir de esos primeros contactos con la fe el ser humano encontró un factor adicional de supervivencia. La fe le ayudó al hombre primitivo, junto con otras cualidades que hacen de nosotros lo que somos, a sobrellevar su vida, a sobrevivir en los helados parajes europeos durante las eras glaciales (algo que no lograron nuestros primos los neandertales) y llegar al estado tecnológico actual. En este caso la fe habría sido un factor evolutivo y de supervivencia tan poderoso como lo son el lenguaje, la capacidad de abstracción, el manejo de herramientas y la compleja conducta social, pero eso solo es posible sí, y solo sí, la fe efectivamente ayuda a “mover los hilos.”
¿Por qué los humanos, al igual que otros animales superiores, somos capaces de categorizar, de compartimentalizar los objetos a nuestro alrededor clasificándolos en categorías que van de específicas a generales? Pues debido a nuestra estructura cerebral, la cual es en sí misma compartimentalizada y compleja. La mente humana evolucionó para sacar el máximo provecho de esta capacidad. Estructura, función y evolución van juntas. De igual manera, la complejidad de nuestro cerebro nos acerca más al concepto de Dios, una mente de una infinita complejidad.
Me parece una idea genial. Realmente buscamos a Dios porque en el planeta tierra somos los organismos más cercanos a Él. Somos lo que más se le parece y por lo tanto lo intuimos, y la fe es nada más que una consecuencia de esa realidad. De ser verdadera esta hipótesis, las consecuencias que se desprenderían serían interesantes. Estructuras más complejas que los cerebros humanos (los superorganismos, por ejemplo) se aproximarían mucho más a Dios como realidad de lo que sería capaz cualquier ser humano. Más aún. Niveles crecientes de complejidad se aproximarían paulatinamente más a Dios, hasta que en una enorme estructura mental de complejidad universal, finalmente converjan ciencia y religión en una sola verdad.
Por eso el universo está diseñado de ese modo. Por eso las partículas se unen en relaciones crecientes hasta formar seres vivos, los cuales se asocian para formar estructuras cada vez más complejas, con mayores niveles de conciencia, cada vez más cercanas a Él. En el estudio de los sistemas complejos vivos se unen ciencia y teología. Allí podemos encontrar la clave.
Bien, hasta aquí mi hipótesis. 
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sábado, 15 de mayo de 2010

Ayer Pedí






Automovil visto desde arriba

Por: Edwin Francisco Herrera Paz. 


Ayer, antes de orar, hice un repaso de las cosas que quería pedirle a mi Señor. Una casa. Si, si. Una casa grande. ¿Cómo la quiero? Hace poco revisando el correo electrónico abrí un mensaje con una presentación adjunta en la que se mostraba la lujosa vivienda del golfista estadounidense Tiger Woods. Es exactamente ase tipo de casa el que deseo. Me gusta. Es muy amplia y lujosa, y está cerca del mar.


También necesito un carro. Tengo dos, pero quiero uno último modelo. Una camioneta europea, y adicionalmente un carro deportivo. Lo visualicé. Azul metálico, que brille con el resplandor del sol, una belleza puro músculo. También necesito un quirófano para mi clínica, no solo para tener mayores ganancias, sino también para ayudar a un mayor número de personas: los bienes materiales se disfrutan más cuando se bendice a otros.
Habitación de lujosa mansiónNecesito salud y bienestar físico y mental para mí y para mi familia. Que mis hijos estén sanos y sin complicaciones. Necesito también sabiduría para escribir, investigar e impartir mis clases. No me caería mal de aquí a algún tiempo ganar el premio Nobel. ¿O tal vez el Pulitzer? Bueno, para ganar el Pulitzer hay que escribir en ingles, pero quizá un día de estos me anime. Y qué decir de unos, mmm ¿Qué tal diez millones de dólares? Antes pedía uno, pero ya que para Dios es lo mismo uno que diez, mejor pido diez. También pensé en pedir por los pobres del mundo, por los necesitados y por la manumisión de los esclavos, presos por cadenas propias o ajenas.
Certificado de premio Nobel a un famoso investigador médicoY es que no está mal pedir. Los hijos le piden a su padre y el padre, bondadoso, les provee a sus hijos. Jesús en sus enseñanzas dijo: “Pedid, y se os Dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá”, la oración de fe es una de de las fuerzas más poderosas del universo. Muchos dudan de la fe, pero el que duda nunca verá la fe en acción, pues fe y duda son términos opuestos: no puede existir la una en presencia de la otra. Jesús dijo: “Si tan solo vuestra fe fuera del tamaño de una semilla de mostaza…”. Bien, todas esas cosas le pediré al Señor, y el Señor me las dará si pido con fe.
Después de pensar sobre todos esos asuntos me puse a escuchar una alabanza: “con gran poder y gloria” y comencé a orar. Justo en ese momento sentí una presencia especial, una presencia de amor y protección. Pienso que es como la sensación que experimenta dentro del vientre de su madre un niño que no ha nacido aun. En ese instante olvidé todas esas cosas que quería pedir, porque todas las cosas quedaron pequeñas, porque todo queda pequeño cuando se está en su presencia, en la presencia del Dios creador. Y entonces, ya no pedí nada porque en ese instante lo tenía todo. Solo pude decir, “sea tu voluntad, Señor.”

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lunes, 12 de abril de 2010

Lo que está perdiendo la medicina convencional

Dr. Edwin Francisco Herrera Paz

Una niña sana, preciosa, de rizos dorados. Poco a poco la enfermedad la va consumiendo. ¿Qué enfermedad? Ninguna en especial. Simplemente, “la enfermedad”. La madre de la niña se dedica a pedir limosna utilizando la supuesta enfermedad de la menor como excusa. “Siento molestarlo, pero mi hija está muy enferma y necesita unos exámenes”.

Una cara grotesca. Los labios edematizados con ulceras. Una especie de crema cubre toda la hemicara derecha y no se distingue si se trata de un hombre o una mujer. Se dedica a pedir en las calles. Es cáncer-pienso-. Sin embargo han pasado muchos años, unos quince desde que lo vi por primera vez en las calles y continúa en la misma situación. A pesar de que la deformidad ha empeorado, es obvio que no se trata de cáncer. De ser así ya habría muerto.

Una paciente con colon irritable, un padecimiento molesto de tipo psicosomático para el que las ciencias médicas solo ofrecen paliativos, a lo sumo. La mencionada paciente también padece de una fobia severa a las cucarachas. Las fobias son padecimientos psiquiátricos difíciles de tratar, y requiere de largas sesiones de psicoterapia o tratamiento conductual. Para colmo, el bruxismo (padecimiento consistente en “rechinar” los dientes durante las horas de sueño) estaba a punto de hacerla perder sus dientes. La paciente comienza a asistir a una iglesia. Durante un retiro es sanada de los tres padecimientos.

Una paciente con cáncer de ovario avanzado. Será operada por la mañana. Durante la noche se dedica a orar fervientemente y atraviesa por una experiencia mística por la cual –afirma- que ha recibido sanación. Por la mañana, el cirujano la revisa una vez más antes de operarla, pero la masa abdominal no está. Ordena los exámenes pertinentes y descubre que ha habido una completa remisión del proceso. Muchos médicos han sido testigos de este tipo de experiencias a las que extrañamente la ciencia les da la espalda. Usted no leerá nunca un artículo en el que aparece una de tales curaciones en las que el autor aconseje que “sería conveniente revisar más a fondo el asunto”.  

¿De qué nos hablan todos estos casos? Pues nada más y nada menos del enorme poder la mente y el espíritu para moldear el destino de nuestro cuerpo a voluntad, sea positiva como negativamente. Sería elogio decir simplemente que la ciencia moderna ha desdeñado dicho poder. Más bien ha denigrado la  evidencia en pos de una medicina reduccionista y despersonalizada producto de poderosos intereses económicos. Esto no es decir que la medicina farmacológica basada en la evidencia sea mala. De ninguna manera. La moderna farmacología nos ofrece un exuberante arsenal para tratar un gran número de padecimientos, pero en el camino hemos olvidado al ser humano integral, a la influencia del entorno psico social y a la influencia de la mente sobre el cuerpo. No en balde cada día muchísimas personas se desilusionan de nuestra medicina convencional para volcarse a la llamada medicina alternativa.

Se lo ilustraré de la siguiente manera: Imaginemos un padecimiento (hipotético) para el cual hay dos posibles tratamientos. Uno de ellos utiliza los recursos psicológicos del individuo y resulta casi gratis, aunque presenta el ligero inconveniente de tener que recurrir al adiestramiento del paciente, quien deberá reaprender sus conceptos sobre enfermedad y sobre sí mismo. El segundo es un tratamiento farmacológico muy prometedor, que además se espera que genere millonarias ganancias a una compañía farmacéutica. ¿A cuál de los tratamientos se le dará prioridad? Es lógico suponer que resultado será la destinación de fuertes sumas de dinero para el financiamiento del segundo tratamiento. Incluso es posible que el primer tratamiento sea denigrado a la categoría de pseudociencia.

Los médicos reconocemos actualmente la relación entre psiquis y la enfermedad, por lo que ha surgido la rama de la psiquiatría denominada medicina psicosomática. Conocemos de algunas rutas neuronales que unen el sistema nervioso central con el sistema nervioso periférico y el endocrino a través de las estructuras del sistema límbico, ocupando el hipotálamo el lugar de honor como estructura integradora. Conocemos también los efectos de las llamadas hormonas des estrés, las cuales elevan la glucosa sanguínea y deprimen el sistema inmune, y conocemos las relaciones del sistema límbico con las emociones y la memoria.

Sin embargo nuestros conocimientos modernos sobre la trascendencia y naturaleza de los mecanismos que actúan en el complejo control de la salud y la enfermedad por parte de la mente, se quedan cortos. Después de cada milagro de curación Jesús decía al enfermo: “tu fe te ha sanado”, haciendo referencia a ese enorme poder de control sobre el mundo físico que se nos ha otorgado y que reside en nuestro interior. Poder del que los médicos solo vemos algunos vestigios en casos como los mencionados al inicio de este artículo, y también en el célebre efecto placebo, verdadero protagonista de los estudios de casos y controles en los que se investiga la efectividad de un tratamiento.

¿No cree usted que valdría la pena profundizar en este tema y utilizar más de nuestros recursos de investigación en el mismo? ¿No cree usted que en lugar de alimentar la psiquis de nuestros niños en las escuelas con una enorme cantidad de datos, deberíamos adiestrarlos en el dominio voluntario de su inteligencia, creatividad, autocontrol y automotivación obteniendo ciudadanos intelectual, física y emocionalmente más eficientes y felices? ¿No piensa que deberíamos enseñar a nuestros niños a vivir bien, no solo desde el punto de vista económico sino del ser interior? Basta con echar una mirada a nuestro alrededor: enfermedades psicosomáticas, autoinmunes, degenerativas y cáncer en in crecendo, ánimos debilitados, depresión, estrés, familias desintegradas, todo esto independientemente del estrato social del individuo, que se ven reflejados a la vez en problemas sociales como la delincuencia y el alza en la demanda de servicios de salud pública.  

Necesitamos una educación y una medicina orientada a valores y a descubrir el enorme poder que hay en nosotros en beneficio de nosotros mismos.  Para cambiar el entorno, es necesario comenzar por el cambio interior. Saludos.