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lunes, 28 de mayo de 2012

TODO SOBRE PRUEBAS DE PATERNIDAD, PARA DUMMIES

Por: Edwin Francisco Herrera Paz

Decidí redactar este artículo para despejar algunas dudas y preguntas frecuentes del público y de los profesionales del Derecho sobre las pruebas de paternidad. Comienzo con la información básica.

¿Qué es la prueba de paternidad?
Es simple y sencillamente determinar científicamente si un hombre es el padre biológico de un niño (o un adulto) mediante la comparación de sus respectivos ADN.
El ADN es una substancia que se encuentra en virtualmente todas nuestras células. Está compuesto por moléculas (que llamamos nucleótidos) de las cuales hay cuatro tipos. Cada uno de estos tipos funciona como las letras de un alfabeto. Dentro de la célula estas letras forman palabras y oraciones. Finalmente, la estructuración de estas oraciones forma el libro con las instrucciones con las que está construido un ser vivo, como un ser humano, por ejemplo. Cada célula de nuestro organismo contiene el libro completo, pero cada célula solo lee la parte del libro que le corresponde para cumplir su función.
En realidad los seres humanos no tenemos uno, sino dos libros completos dentro de cada célula; uno que heredamos de nuestra madre, y otro de nuestro padre. Ambos libros son muy parecidos, pero hay sitios en donde son diferentes. Los sitios en los que ambos libros son idénticos son los que explican cómo se forma un ser humano. Los sitios que pueden ser diferentes son los que determinan las diferencias entre varios seres humanos. Algunas diferencias se traducen en la apariencia física, como el color de los ojos, de pelo, etc.
¿Cuál es la cantidad de oraciones (que llamamos genes) con las que está construido el libro (que llamamos genoma) del ser humano? Pues alrededor de 23,000. ¿Y el número de letras? Nada menos que ¡3 mil millones de letras! Por cierto un libro nada pequeño.
La prueba de paternidad se basa entonces en la simple comparación de los dos libros que forman al padre, con los dos libros que forman al hijo. Lógicamente, ambas personas deben ser idénticas en al menos uno de los libros: el heredado por el padre (ya que el otro debe ser idéntico a uno de los libros de la madre). Entonces, si uno de los libros del padre concuerda con uno de los libros del hijo decimos que la paternidad no se descarta. Pero si ninguno de los libros del padre concuerda con los dos del hijo, la paternidad se descarta. Y para descartar la paternidad basta que encontremos diferencias en un par de oraciones.
En la prueba de paternidad no analizamos todo el libro ya que leer la secuencia de 3 mil millones de letras es una labor ardua. Basta con analizar unas cuantas oraciones (que llamamos marcadores, o a veces también “sistemas”). Se analizan un total de entre 15 y 23 de tales marcadores en cada uno y luego se realiza la comparación.

¿Es la prueba de paternidad 100% segura?
A los genetistas no nos gustan las figuras absolutas y siempre hablamos en términos de probabilidades, y siempre que hablamos de probabilidades necesariamente va implícito un factor de ignorancia, de desconocimiento, de duda. Por ello, nunca realizamos un dictamen de una prueba de paternidad así: “La prueba de paternidad realizada entre don Sutano Mendez y Ciprianito Mendez es positiva”.
De ninguna manera. Preferimos no meternos en camisa de once varas y decimos algo como: “La prueba de paternidad entre Tal por Cual y Fulanito no fue excluyente de la paternidad biológica en ninguno de los 23 marcadores analizados”. Eso nos libera de culpa por si acaso a alguien se le ocurre hacer la prueba con un marcador diferente y esta sí sea excluyente. Pero para que el lector que se va a hacer la prueba esté más tranquilo, le diré que después de curarnos en salud con la frase anterior, escribimos algo como: “En este caso específico la probabilidad de paternidad es igual a 99.99999999999999992%.”
Aunque usted no lo crea los genetistas nos sentimos más a gusto con números como 99.99999999999999992% que con cifras como 100%. Pero ¿De dónde salen esas cifras? Simple y sencillamente surgen de comparar la probabilidad de que el hijo sea el verdadero hijo del señor acusado de serlo, con la probabilidad de que sea hijo de un hombre tomado al azar de la población (que llamamos “hombre de la población general”). Resulta entonces que, siempre que el señor y el hijo concuerden en todos los marcadores, la primera probabilidad es mucho más grande que la segunda. Este hecho expresado en forma de porcentaje es, en la mayoría de los casos, superior al 99.99%, y cuantos más marcadores utilicemos en la prueba, mayor y más cercana al 100% será esta cifra. A la frase del informe entonces le agregamos: “En este caso específico la probabilidad de paternidad es igual a 99.99999999999999992% comparado con un hombre de la población general”.
Cosa diferente es cuando el presunto padre y el hijo no concuerdan. Si los marcadores en discordancia son varios, podemos decir que el señor acusado no es el verdadero padre biológico con una probabilidad cercana al 100%. Entonces sí afirmamos: “En el caso en cuestión la paternidad biológica se descarta”.
Generalmente descartamos la paternidad cuando hay discordancia en dos o más marcadores. Si la discordancia es en un solo marcador, siempre existe la posibilidad de que la diferencia se deba a una mutación, por lo tanto en esos casos se deben analizar un mayor número de marcadores para llegar a una probabilidad superior a un 99.99%.
Una palabra más sobre el hecho de descartar la paternidad. Las situaciones en donde la paternidad se descarta son mucho más delicadas que aquellas en las que concuerda. ¿Por qué? Para comenzar porque de manera general acarrean más problemas morales, como la confirmación de los “cuernos”, pero también por el siguiente motivo: es extremadamente improbable que los marcadores concuerden (por pura casualidad) entre un hijo y un probable padre cuando este último NO es el verdadero padre. En cambio, es relativamente sencillo hacer que el ADN de un hijo y el probable padre NO concuerden, aunque este último sea el verdadero padre. Basta con que cambiemos las muestras. Eso se podría dar debido a un error humano o técnico, ya sea por confusión intencional o no intencional de las muestras, o por errores de calibración de los aparatos. Los laboratorios toman esto en cuenta, y siempre que la paternidad se descarta la prueba se repite. También por ello es muy importante lo que se denomina “cadena de custodia”, que le confiere responsabilidad a todas las personas que tengan que ver con la manipulación de la muestra, desde la extracción de la sangre hasta que es recibida en el laboratorio.

¿Habrá casos en los que no se pueda aplicar el análisis anterior consistente en comparar al probable padre con un hombre de la población general?
Desde luego que hay excepciones a los cálculos anteriores. Si el hombre pertenece a una población muy pequeñita en la que todo el mundo tiene una relación de parentesco, el método anterior es inexacto y se deben utilizar correcciones para determinar la probabilidad de paternidad. El caso extremo es aquel en el que no se sabe cuál de dos hermanos es el verdadero padre. En esos casos, si realizamos la prueba entre uno de los hombres y el niño, el hecho de que concuerden no nos dice que es altamente probable que sea el verdadero padre puesto que un tío podría también concordar con su sobrino en todos los marcadores, por pura casualidad. Desde luego, si la prueba es excluyente en uno de los hombres, se asume automáticamente que el otro es el verdadero padre.
Esta situación (prueba no excluyente cuando dos hermanos se disputan la paternidad) exige que la prueba se realice con AMBOS hermanos y el hijo. Si uno de los marcadores en cualquiera de los dos no concuerda con el hijo, entonces el otro será el verdadero padre. En caso de que el hijo concuerde con ambos, existirá la necesidad de analizar más marcadores hasta que nos topemos con uno en el que el NO padre sea diferente del hijo. Tal vez no está demás decir que es imposible, a la luz de la tecnología actual, resolver una disputa de paternidad entre dos hermanos gemelos idénticos.
Otro caso similar a la disputa entre dos hermanos se da en los incestos, como cuando la madre y el probable padre son hermanos, tío y sobrina, etc. Siempre existe la posibilidad de que concuerden el señor y el hijo aunque el primero no sea el verdadero padre, ya que de cualquier forma es familia del hijo. En este último caso como en los anteriores, es conveniente también analizar a la madre para determinar con exactitud cuál de los dos libros (juegos de marcadores) del hijo es el que tenemos que comparar con los del probable padre.

¿El resultado de toda prueba de paternidad debe estar avalado por un Notario Público?
Para nada. La prueba de paternidad es un procedimiento técnico que no tiene por qué ser comprendido a cabalidad por un Notario Público, puesto que no está dentro de sus competencias. Hay laboratorios que acompañan el resultado con una autenticación de Notario Público. Eso es usual cuando las muestras de sangre se toman en un país y son enviadas a otro para su análisis. El resultado es devuelto con la auténtica del Notario. Sin embargo esta autenticación es redundante e innecesaria, ya que para la realización del análisis todos los laboratorios deben contar con acreditaciones internacionales.
En el caso de los Estados Unidos el organismo responsable de la acreditación es la AABB (American Association of Blood Banks). En el caso de otros países los organismos responsables dependen directamente de la ISFG (International Society of Forensic Genetics) o del GITAD (Grupo Iberoamericano de Trabajo en Análisis de ADN). Las acreditaciones internacionales otorgadas por estas instituciones a los diferentes laboratorios del mundo hacen innecesarias las comprobaciones legales ulteriores con respecto a la eficiencia técnica o la veracidad de los resultados.
Tal vez la etapa crítica de la prueba se encuentra en la toma de la muestra y la cadena de custodia. Para evitar actos de corrupción (confusión voluntaria de las muestras con el objeto de que la prueba resulte negativa, a modo de ejemplo), la toma de la muestra debe ser un acto de fe pública. El registro del nombre completo de cada uno de los comparecientes, incluidos la madre, el probable padre y/o un testigo, acompañado del número de identidad de cada uno, se hace necesario para evitar confusiones. Se debe dar constancia de los datos de identidad en el informe. Por último, la ética profesional debe guiar el proceder de cada uno de los realizadores de la prueba, y ante la falta de legislación adecuada en algunos países (como Honduras), se debe tomar de la experiencia de otros para el correcto manejo de cada uno de los pasos.

El profesionalismo es indispensable en cada uno de los eslabones de la cadena de realización de la prueba de paternidad, además de una absoluta discreción; de esa manera el resultado será fiable para ser utilizado en los Tribunales de la República. A este último respecto debo decir que nuestra legislación hondureña presenta un desfase de 20 años cuando el artículo 118 del Código de Familia dice textualmente: “En los juicios de investigación o de impugnación de la paternidad, son admisibles las pruebas de los grupos sanguíneos, marcadores genéticos y cualquier otro método de exclusión o confirmación de paternidad que pueda desarrollarse en el futuro. Los estudios mencionados deberán ser hechos por Médicos con entrenamiento adecuado en inmunohematología (énfasis mío).” 
El entrenamiento en inmunohematología sí era necesario cuando las pruebas se realizaban a partir de grupos sanguíneos o marcadores del sistema inmune, como el HLA (DQα). Hoy en día el peritaje para la determinación de la paternidad biológica, incluyendo los ensayos moleculares y los cálculos probabilísticos, debe ser realizado por personal con un entrenamiento adecuado en genética forense, y en ninguna situación se deben aceptar los grupos sanguíneos para confirmación o exclusión de la paternidad, contrario a lo que sugiere nuestro código.   

OTRAS PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué tal si el tipo de sangre del padre no concuerda con el del hijo? ¿En ese caso debemos sospechar cuernos? Yo soy tipo A, mi mujer tipo A y mi hijo tipo O y estoy sospechando.
De ninguna manera. El tipo de sangre y el hecho de que no concuerde entre padre e hijo no descarta la paternidad en la gran mayoría de los casos. En los pocos casos en los que en apariencia sí se puede descartar, podrían estar implicados otros factores genéticos. En el caso en cuestión, la madre A puede tener A en uno de sus libros (en el sentido figurado que hemos venido usando) y O en el otro. En ese caso el A solapa al O y ella es tipo A. Lo mismo va con el padre. Si cada uno le heredó su libro O al hijo, este será tipo O.
¿Y qué tal el siguiente caso? La madre es AB (tiene A en uno de sus libros y B en el otro), el padre es AB, y el hijo sale O. En este caso sí se podría descartar la paternidad, puesto que ninguno de los dos le puede dar el libro O al hijo. Pero aun en estos casos extremos, se ha descubierto otros factores que podrían estar actuando. Por ejemplo existe una característica genética rara pero posible llamada “fenotipo Bombay” en la que se puede observar ese resultado. En casos como el anteriormente expuesto se debe realizar una prueba de paternidad porque la duda es razonable.
De cualquier forma, la prueba de paternidad mediante el análisis de marcadores del ADN es la única que tiene confiabilidad y validez internacional en la actualidad.

¡No hay dudas de que es hijo de él! Se parecen mucho y caminan igualito.
El parecido físico del presunto padre con el niño no es suficiente para afirmar que es su hijo biológico. Muchos rasgos comunes en ambos pueden surgir por los años de convivencia. Características físicas como los gestos, el tono de la voz y el estilo para caminar surgen en gran medida por el proceso de culturización y no por la herencia genética.

Mmmmm a mi me huele a cuernos. El niño es trigueñito y ellos dos son blanquitos.
El color de la piel está determinado no por uno, sino por varios genes (oraciones del libro) que actúan de manera aditiva. El color de la piel del niño no es un determinante para la negación de la paternidad, especialmente en poblaciones con mucha mezcla, como las latinoamericanas. ¿Recuerdan la canción? Soruyo, el negrito es el único tuyo.
Juancho, mejor hacete una prueba de paternidad. Ese wirro1 no se parece en nada a vos.
De nuevo, el parecido físico no es criterio para negar la paternidad. En cierta ocasión realicé una prueba entre el probable padre y dos niños, hijos de la misma madre. Uno de ellos se parecía mucho al probable padre y el otro, para nada. Resulta que el que no se parecía sí era hijo biológico, y el otro, nones.

Si no hay sospecha de cuernos no hay necesidad de una prueba de paternidad, puesto que las mujeres son fieles.
Es cierto que las mujeres, comprobado está, son muchísimo más fieles y menos promiscuas que los hombres. Sin embargo en la literatura se reportan casos en los que la prueba, que se debió realizar con otros fines, descartó la paternidad biológica de un hombre que no tenía ni la menor sospecha de cuernos. La probabilidad de que un hombre esté criando un hijo que él piensa que es suyo pero no lo es, depende de factores socioculturales y puede variar ampliamente de una población a otra. En un estudio realizado en el Reino Unido se detectó más de un 10% de falsas paternidades sin sospecha, pero esta cifra no se puede extrapolar a todas las poblaciones.

Bien, si con este artículo no he despejado sus preguntas sobre cada uno de los puntos importantes relacionados con la prueba de paternidad, no dude en ponerse en contacto conmigo al celular (504)99672450 de Honduras. Y recuerde que madre solo hay una. Y padre eeeeeh bueno, también.

Saludos.

1.Wirro: En Honduras, niño, infante.
Si le pasa esto mejor hágase la prueba.

lunes, 8 de agosto de 2011

Semejanzas Entre la Evolución Biológica y la Evolución del Lenguaje

El Código Genético como una Forma de Lenguaje
El ADN comparte con el lenguaje idiomático el hecho de ser ambos sistemas de codificación de información.

En el ADN se encuentran los genes, unidades informativas con las instrucciones para la construcción de las proteínas, que son los bloques fundamentales de la vida. Las proteínas son cadenas largas de unas pequeñas moléculas llamadas aminoácidos de los cuales hay 20 en total. El ADN es una cadena larga de pequeñas moléculas llamadas nucleótidos,  4 tipos en total, y a los cuales se les asigna la primera letra de su nombre químico: A (Adenina), T (Timidina), G (Guanina) y C (Citocina).

Un cromosoma está construido por una secuencia compuesta por millones de estos nucleótido en fila india, uno detrás de otro. No todo este ADN es codificante, es decir, forma parte de genes. Pero en una región correspondiente a un gen los nucleótidos forman verdaderas palabras del llamado lenguaje de la vida.

Cada palabra está compuesta de tres nucleótidos, y el total de combinaciones posibles de un abecedario de cuatro letras formando palabras de tres letras, es 64. Es decir, el código genético es un lenguaje de 64 palabras llamadas “codones” o tripletes. Cada palabra o codón es asignada a un aminoácido (recuerde que son 20 aminoácidos).

Lenguaje genético: Cada codón nombra un aminoácido.
Un mismo aminoácido puede ser nombrado por
varios codones sinónimos.
Como hay 61 codones o palabras asignadas a solo 20 aminoácidos (tres codones son de parada indicando la terminación de la “lectura” del gen), cada uno de estos últimos puede tener asignado más de un codón. Estos codones entonces son “sinónimos” en el mismo sentido que en el lenguaje idiomático.

Por lo tanto, queda claro que un gen es un verdadero texto escrito con palabras de tres letras, a partir de un alfabeto de cuatro letras. Repito, este texto contiene las instrucciones para la síntesis de una proteína. Las proteínas realizan virtualmente todas las funciones de un organismo, y en un individuo hay una gran diversidad de ellas (100,000 tipos diferentes de proteínas se los humanos).

La función de una proteína depende primordialmente de su forma. Pero la forma depende de la secuencia de aminoácidos la cual depende a su vez de la secuencia de nucleótidos en el gen. Luego, si variamos la secuencia del gen podríamos variar el funcionamiento de la proteína, y esta variación podría, a la vez, tener repercusiones sobre las características del individuo. ¡Y es sobre estas características que actúa la evolución!

Proteína: La función depende de la forma,
y la forma de la secuencia
Hay una diferencia entre el lenguaje genético y un idioma, y es que este último es algo más flexible puesto que las palabras son de longitud variable y los fonemas se pueden aplicar arbitrariamente a los grafemas. Pero a un nivel básico ambos se rigen por los mismos principios. Con el tiempo evolutivo las especies aumentan gradualmente en complejidad, por lo que se hace necesaria una mayor cantidad de ADN para contener todas las instrucciones o genes que codifiquen la mayor diversidad de proteínas. En el idioma, a medida que las sociedades crecen en complejidad aumenta el número de vocablos para poder nombrar los nuevos objetos. Sin duda cualquier idioma moderno es mucho más amplio que el utilizado por las primeras tribus nómadas de cazadores-recolectores.

Pero las semejanzas no terminan allí. En el siglo 19 Charles Darwin describió la evolución por selección natural que se resume así: en una población de organismos biológicos habrá cierto grado de variación entre los individuos. Algunas variantes les proporcionan a los individuos portadores una ventaja biológica, pero otras son desventajosas. Los individuos con las variantes ventajosas tendrán una mayor probabilidad de sobrevivir en un ambiente determinado, y por lo tanto también de reproducirse y heredar esas variantes a la descendencia.

Lo que nunca supo Darwin es de donde surge la variación en una población. Ahora sabemos, gracias a la labor de pacientes y entregados investigadores, que esta variación se produce por diferencias en la forma de las proteínas entre individuos, y estas diferencias surgen a partir de diferencias en las secuencias de los genes.

Mutaciones y Jergas

Y ahora vamos al kid del asunto. Las variaciones en los genes surgen por mutaciones introducidas en cada generación. Los genes se heredan de padres a hijos en copias exactas, pero de vez en cuando surge un evento disruptivo o desorganizativo. El ADN no es copiado fielmente y surge lo que se llama una mutación. La mayoría de estas mutaciones no tienen repercusiones en la forma de la proteína, pero de vez en cuando una mutación produce una variante proteínica con mayor o menor actividad biológica que se ve reflejada en las características del individuo. Es mucho más probable que una mutación origine una desventaja biológica (lo que es natural considerando que se trata de una disrupción), pero en ocasiones el cambio será favorable. Por lo tanto, la evolución echa mano de los pequeños cambios que ocurren en las instrucciones de una generación a otra. (Desde luego, además de las mutaciones hay otras fuerzas de cambio que no mencionaré aquí porque exceden el objetivo de este artículo, pero al lector interesado lo refiero a la Teoría Neutralista de la evolución molecular. Por otra parte y según mi teoría de la Evolución hacia la Complejidad, las mutaciones desfavorables son igualmente importantes dentro del grupo, fenómeno al que volveré más adelante. 

Afro descendiente, Señal
¿Cómo cambia una lengua o idioma? Exactamente de la misma manera. En cada generación surgen variaciones en forma de nuevos vocablos, o de alteraciones a vocablos ya existentes. Podríamos decir que se trata de disrupciones en el lenguaje; cambios desorganizativos entre una generación y la siguiente. Los que somos padres hemos escuchado escandalizados a nuestros hijos decir palabras o acepciones de palabras que no entendemos, que son propias de su generación porque han surgido de ella. Este fenómeno se ve exacerbado en aquellos grupos que utilizan jergas ocupacionales o grupales, o lo que conocemos popularmente como “caliche” en mi tierra. Muchas de estas palabras, o nuevas acepciones de palabras existentes, nunca se incorporan definitivamente al lenguaje y tendrán una vida efímera, pero otras recibirán aceptación y terminarán formando parte del idioma.

Un elemento importante aquí es que tanto las mutaciones como los cambios lingüísticos son fenómenos aleatorios (como todo factor desorganizativo). Es virtualmente imposible predecir en que parte del ADN ocurrirán las mutaciones, o que cambios en el lenguaje se registrarán de una generación a otra. Esto toma especial interés en el siguiente aspecto de la investigación.

Tiempos de Coalescencia

Tomemos una población de organismos vivos. Ahora, construyamos una barrera que separe la población en dos partes de tal manera que ahora tenemos dos subpoblaciones (llamémosles población 1 y 2) aisladas la una de la otra. En cada generación se registrarán algunas mutaciones. Pero los sitios en los que dichas mutaciones ocurrirán serán diferentes en cada una de las poblaciones. De esa forma la población 1 se diferenciará levemente de la población 2 en cada nueva generación.

Cavalli-Sforza
Árbol filogenético construido con datos
linguisticos y geneticos. Ver texto. 
Ahora bien. Supongamos que tenemos dos poblaciones, pero no sabemos cuánto tiempo ha transcurrido desde que ambas formaban parte de una sola población. Si contamos con la información sobre el ritmo en el que se producen las mutaciones en un gen determinado, entonces podríamos analizar el número de diferencias en ese gen entre ambas poblaciones, y de acuerdo a esa magnitud estableceríamos el número de generaciones desde la separación de la población original, y por ende el tiempo transcurrido (llamado “Tiempo de Coalescencia).”
Ahora, no estudiemos dos, sino muchas subpoblaciones. Analizando los tiempos de coalescencia entre pares de poblaciones podremos construir un árbol filogenético con cada una de las subpoblaciones al final de cada rama. La distancia entre dos ramas será proporcional al tiempo de coalescencia.

¿Y con el lenguaje? Pues usted lo adivinó. Sucede exactamente lo mismo. Separemos por completo una población humana dividiéndola en dos subpoblaciones, sin migración entre ambas. En cada nueva generación surgirán nuevos fonemas de manera aleatoria en cada una de las poblaciones, de tal manera que después de un tiempo la acumulación de diferencias determinará el surgimiento de dos idiomas. Si contamos con los métodos adecuados, mediante el análisis de las diferencias fonéticas entre dos poblaciones podríamos calcular el tiempo transcurrido entre la separación a partir de la población original (llamada “ancestro común”) y la actualidad. Y al igual que con los genes, podríamos construir árboles filogenéticos en grupos de poblaciones con diferentes dialectos.

Herrera-Paz
Árbol filogenético de las comunidades de
Gracias a Dios, Honduras, construido a
partir de frecuencias de apellidos.
¿Hay alguna prueba empírica de esto? El Doctor Luca Cavalli-Sforza es una figura sobresaliente en el campo de la genética de poblaciones, especialmente por el desarrollo de una de las herramientas más utilizada para calcular la distancia de separación a partir de series de datos poblacionales: la distancia de la cuerda de Cavalli-Sforza.

En un artículo interesante y seminal denominado Genes, Peoples and Languages (Genes, Gentes y Lenguajes) publicado por el Doctor Cavalli-Sforza en Proceedings of the National Academy of Sciences, se muestra la correspondencia entre grupos lingüísticos y genéticos mediante dendrogramas o árboles filogenéticos, lo que muestra la coevolución de los genes y los lenguajes.

Otra valiosa fuente de información lingüística con su correspondencia genética lo constituyen los apellidos. Mediante el análisis de frecuencias de apellidos se calcula la isonimia y otros parámetros que ayudan a la determinación de la estructura y la dinámica de las poblaciones humanas.


La desorganización (entropía) como elemento directriz hacia el aumento en complejidad

No puedo hablar de la evolución del lenguaje y de los genes sin enmarcarla dentro del contexto de la evolución hacia niveles de creciente complejidad. Como dije anteriormente, la Teoría de la Evolución darwiniana ha puesto énfasis en las selección de variantes genéticas ventajosas, pero de acuerdo a mi teoría, en muchos casos, son las variantes desventajosas que producen pérdida de función las que contribuyen con el aumento en complejidad creando dependencia entre los individuos de la población, y con ello especialización y colaboración.

Herrera Paz
Arboles filogenéticos de 22 poblaciones
americanas, africanas y europeas construidos
mediante dos métodos diferentes de agrupamiento
En el caso del lenguaje, un ser humano residente en una urbe moderna es incapaz de dominar todos los vocablos de su lenguaje. Muchísimos de estos vocablos son especializados y requiere de un aprendizaje profesional. Para el caso, yo no domino la propedéutica del las ciencias jurídicas, excepto someramente, y al contrario, es probable que los abogados no dominen la mayor parte del vocabulario médico.

Esto no siempre fue así, y hasta hace un tiempo no tan remoto aun había genios con conocimiento universal. La pérdida en la utilización de la información lingüística ha ido de la mano con la especialización, la interdependencia, y por ende el aumento en complejidad (revisar también Hacia una Verdadera Teoría de la Evolución, Cuando la Pérdida es Ganancia y Se Solicita Hermafrodita o ¡Qué Simple te estás Poniendo, Viejo!).

A manera de resumen, los genes y los lenguajes hablados y escritos constituyen variantes de los mismos sistemas de comunicación cumpliendo sus respectivos papeles en diferentes niveles de complejidad.

Saludos.

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