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lunes, 5 de diciembre de 2011

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA NAVIDAD, LAS HORMONAS Y EL CONSUMISMO

Por: Edwin Francisco Herrera Paz


Hoy estamos próximos a la navidad. Por estos tiempos los apetitos se exacerban y los sentidos se agudizan quien sabe por qué mágico motivo, si fisiológico, social o psicológico, o quizá un poco de los tres.

Calle con edificios y arbol de navidad
La gente se mueve de aquí para allá y de allá para acá. La ciudad parece un hormiguero sacudido por alguna fuerza misteriosa. Las familias hacen planes: que el 24 con tu familia y el 31 con la mía. Que si ya reservamos el cerdito y los tamales de doña chencha. La mejor excusa que hemos encontrado para celebrar es el natalicio del Señor Jesús, sin embargo, es improbable que nuestro Señor haya nacido por estas fechas.

La fecha de la celebración de la natividad es más bien producto del sincretismo del cristianismo con las religiones paganas de antaño. La Iglesia, en un intento por ganar adeptos, no reparaba en fusionar los elementos cristianos con los ritos, creencias y fechas propias de los paganos. El 25 de diciembre es más bien la antigua fecha probable de la celebración del nacimiento del dios Sol, pues se sabe que dicha celebración se realizaba cerca del solsticio de invierno.

También hemos puesto como excusa la finalización del viejo año y la llegada de uno nuevo, trayendo con ello una oportunidad de renovación en la que viejos sueños y antiguos planes se resucitan. Siempre el nuevo año es una buena oportunidad para comenzar de nuevo. Que este próximo año sí bajo de peso; que el primero de enero dejo de fumar; que ahora sí me meto al gimnasio…

Ciclos Circanuales

Globo terraqueo desde nave en orbita
Sin embargo, yo creo que el verdadero motivo de las celebraciones en estas fechas se encuentra escrito en lo profundo de nuestros genes. Los seres humanos estamos ligados indisolublemente a los períodos alternantes de luz y sombra de nuestro astro rey en los ciclos conocidos como circadianos. Las concentraciones sanguíneas de muchas hormonas fluctúan en diferentes horas del día. Dormimos ocho horas por la noche y trabajamos durante las horas de luz, y diversos parámetros fisiológicos varían con la hora.

Pero así como hay ciclos circadianos, debe haber ciclos circanuales. O sea, diversos parámetros fisiológicos deben estar relacionados con los cambios ocasionados por el movimiento de traslación de nuestro planeta. Más aun, la biosfera en su totalidad se encuentra regulada en ciclos anuales. El tiempo de la siembra y de la cosecha, el florecimiento de la plantas, las migraciones de aves y mariposas, la hibernación de muchas especies e infinidad de otros comportamientos se encuentran ligados a fenómenos como las estaciones del año en las regiones templadas, la llegada de las lluvias en el trópico, y la alternancia entre el día perpetuo y la noche perpetua en las regiones polares.

paquidermo jugando en el agua
Uno de los fenómenos biológicos más espectaculares y llamativos en el planeta se registra en el continente africano, en el desierto de Kalahari, para ser precisos. Todos los años, a mitad del verano, en el tiempo de mayor sequía, las manadas de elefantes recorren cientos de kilómetros para encontrarse con las preciosas aguas del delta del río Okavango. Este no es un verdadero delta pues no desemboca en el mar. Es más bien un desbordamiento anual del agua hacia el desierto, que luego es drenada por evaporación hasta secarse completamente unos meses después. Las aguas del río se originan en las tierras altas de Angola, en las precipitaciones de los meses de enero y febrero, tardándose un mes su llegada hasta el delta. En los siguientes cuatro meses el delta se llena trayendo consigo un florecimiento de la vida; un verdadero paraíso para los elefantes y cientos de otras especies.

muchachas en pasarela
Es de esperarse que nosotros los seres humanos, como organismos biológicos, nos encontremos profundamente influenciados por los ciclos anuales. En las regiones templadas es llamativa la manera en la que la actividad comercial se encuentra ligada a las estaciones, especialmente en la moda en el vestir. Es posible que diferentes parámetros biológicos se encuentren relacionados con las fluctuaciones anuales de temperatura, humedad y cantidad de luz solar. Se ha demostrado, por ejemplo, que la variación en la incidencia de la luz en la retina se asocia con la producción de neurotransmisores cerebrales. Así, los inviernos prolongados nos hacen más proclives a la depresión.

bebé llorando
Los médicos en Honduras sabemos de un fenómeno interesante: El mes en el que se registra la mayor cantidad de partos en el año es septiembre. Los niños nacidos en este mes son concebidos en diciembre, lo que da lugar a la pregunta: ¿Es el efecto psicológico que producen las festividades navideñas el que predispone a una conducta de mayor actividad sexual? O por el contrario, ¿Será más bien la fluctuación climática anual influyendo sobre nuestra fisiología la que nos predispone a la sexualidad y por ende, a celebrar en estas fechas? De ser así, la navidad y el año nuevo no serían nada más que excusas.

 Eso no puede ser así, me dirá usted, puesto que la navidad y el año nuevo se celebran en todo el mundo, y el clima, muy al contrario, no es uniforme. Cuando en el hemisferio norte es invierno en el sur es verano. Cuando en Nueva York y en Chicago los niños juegan a las guerras de nieve, en Buenos Aires y Santiago se divierten en piscinas y actividades al aire libre. Esto es así debido a que el eje alrededor del cual la tierra rota, no es exactamente perpendicular al plano del movimiento de traslación alrededor de nuestra estrella, sino más bien inclinado unos 23 grados y medio.

Plano de la eclíptica
Pues bien, más que un problema este hecho representa una excelente oportunidad para un estudio científico. ¿Se debe la exacerbación del comportamiento sexual a las fiestas navideñas, o más bien al clima? Bastaría entonces con recopilar datos sobre la cantidad de nacimientos por mes en países de ambos hemisferios. Si la hipótesis de la influencia climática fuera cierta, en el hemisferio norte se observaría una mayor proporción de partos entre los meses de agosto y octubre, y en el sur entre mayo y julio. De ser así, habría que buscar una conexión entre niveles hormonales (como la oxitocina) y la cantidad de luz solar, la duración del día y la temperatura.
Avion con dibujo de Papá Noel
Por otra parte, un comportamiento íntimamente relacionado con el anterior es la necesidad de comprar. Necesitamos gastar nuestro dinero en regalos. Algunos, incluso pagan a alguien para que se vista con un simpático y ridículo trajecito rojo, gorrito de pelota y luenga barba blanca, diga jo jo jo y reparta los regalos a los niños. Muchas veces el papelón lo juega el padre de familia; pero los niños de hoy, siempre on line y bien informados, ya no se tragan el cuento.

De cualquier forma gastamos nuestro dinero por estas fechas para que nuestros amigos y familiares nos quieran y nos acepten, para confirmar y estrechar las relaciones. A decir verdad, la ciencia moderna ha comprobado que un elemento importante para llevar una vida feliz es la abundancia y calidad de las relaciones interpersonales, algo que ha sido aprovechado por el moderno sistema económico para aumentar las ventas.

Papá Noel enojado
Por medio de la publicidad masiva el comercio, alentado por el sistema financiero, ha conectado en la psiquis colectiva la necesidad humana básica de relacionarnos con nuestros congéneres, con la compra de productos. Entonces, nos han programado para que el consumo en estas fechas se convierta en una ley natural. Si no regalamos es porque no tenemos o porque somos unos tacaños miserables, como Ebenezer Scrooge en la famosa obra de Charles Dickens.

Santa Claus, el viejecito bueno que regala (no vende) en navidad, paradójicamente se ha convertido en el ícono del capitalismo moderno.

Epicuro, las relaciones y el consumismo

Sin embargo la calidad de las relaciones no se compra con regalos ni consumo, un hecho conocido por la ciencia moderna, pero que no es nada nuevo.

Ya el filósofo Epicuro en la antigua Grecia había establecido la felicidad como el principio que conduce a la virtud. Frecuentemente se asocia al epicureísmo con una vida desenfrenada de placeres. No obstante, para Epicuro los placeres del alma son superiores a los del cuerpo.

Según Epicuro son tres los fundamentos de una vida feliz. El primero es tener buenas relaciones interpersonales. Decía el sabio que nadie debe ir a la mesa solo. Siempre debe estar acompañado. Y para vivir la filosofía que profesaba se hizo de una casa grande que compartía con sus seguidores y amigos.

famoso filósofo griego
El segundo fundamento es la libertad. Pero para ser realmente libre, Epicuro emigró luego con un grupo de seguidores y se asentó en un área rural. La verdadera libertad debía incluir la liberación de las presiones políticas, sociales y económicas. Contrario a la tendencia actual de relacionar la capacidad adquisitiva y el consumismo con la felicidad, el epicureísmo buscaba escapar de su dominio. Esta faceta del epicureísmo se hizo popular, y su influencia duró unos 400 años durante los cuales los adeptos formaban comunidades autosuficientes a todo lo largo y ancho del mundo antiguo.

El último fundamento de la felicidad para Epicuro es una vida de autoanálisis, de meditación sobre las actitudes, las acciones, gustos y motivaciones propias. En fin, una vida de introspección.

Bien, para terminar solo me queda desearle felices festividades. Acérquese a Dios en oración,  disfrute del cerdito al horno (excepto si profesa la fe judía, en cuyo caso tampoco celebrará la navidad), compre hasta donde su presupuesto se lo permita y no se endeude con su tarjeta de crédito. Si toma hágalo con moderación, no juegue juegos de azar y no queme pólvora que lo único que hace es intoxicar el ambiente mientras pone en riesgo su integridad física. Eso sí, dele rienda suelta a sus impulsos acrecentados por sus hormonas, pero solo si tiene una relación sentimental lícita… y no se vaya a quejar de los resultados en septiembre.

Saludos

martes, 30 de marzo de 2010

Los estrógenos y la luz de luna llena



Por: Edwin Francisco Herrera Paz


Me parece extraño, o más bien curioso, el hecho de que los ciclos de luz y sombra de nuestro único satélite natural concuerden exactamente con el ciclo reproductivo femenino: 28 días. ¿Es casual? No lo creo. En la naturaleza rara vez se observan casualidades de ese tipo, por lo que pienso que en esta relación prima algún factor evolutivo actuando principalmente en la búsqueda de pareja y el apareamiento.

El hecho de que el ciclo lunar sea de 28 días se debe a que es en este periodo de tiempo que la luna da una vuelta completa alrededor de la tierra (traslación), y en las diferentes etapas de este viaje, refleja la luz solar desde diversos ángulos. Dividimos las fases lunares en cuatro, con siete días de duración cada una. La fase más excitante es la de plenilunio, o luna llena.

En todos los tiempos y culturas el sol se relaciona con lo masculino y la luna con lo femenino. Cuando los hombres vemos al cielo durante esos siete días de luna llena, la suave luz de aquel disco rebosante que libera a los rincones nocturnos de la sombra, toca fibras íntimas. Elevamos la mirada y la contemplamos, y se activan nuestras dotes de poeta. Ningún compositor que se precie de ser llamado romántico puede omitir en su repertorio una obra dedicada al astro opaco. Debussy y Beethoven tienen cada uno su “Claro de luna”, y el satélite (¿o debemos decir “la satélita”?) ha servido de celestina a más de un embrujado de amor. Claro, como no va a ser así si es la celestina natural, cómplice y aliada de la mujer en una danza biológica que se ha repetido desde nuestra existencia como cazadores-recolectoras.

Como dije anteriormente el ciclo sexual femenino también dura 28 días, y tiene como objetivo preparar a la mujer para concebir y perpetuar la especie. Pero cuidado, que el ciclo no solo afecta a la mujer sino también a su pareja o potenciales parejas. Los médicos tomamos como inicio del ciclo, el primer día de la menstruación, que en promedio dura unos cinco días. Al periodo que comprende desde este primer día hasta aproximadamente la mitad del ciclo le llamamos fase estrogenica. La ovulación ocurre alrededor del día 14, y a partir de allí comienza la fase progestacional.


A partir del día 14 comienza la producción de la hormona cuyos efectos están destinados a mantener al fruto de la fecundacion (el embrion) en caso de haberla: la progesterona. En esta fase y bajo el influjo de esta hormona la mujer experimenta retención hídrica, aumento del apetito, y muchos otros cambios, como labilidad emocional, irritabilidad y otras alteraciones del carácter. Estos cambios condicionan un cierto grado de distanciamiento de la pareja, pues se hace más importante desde el punto de vista biológico la preservación del embrión que el apareamiento. La progesterona es una hormona esencial para la supervivencia de nuestra especie, pero particularmente no es del agrado de los hombres.
Es entonces durante la primera mitad del ciclo cuando se secreta la reina de las hormonas, la que esculpe el cuerpo femenino mejor que el mejor de los maestros, la hormona que es la verdadera musa de los poetas y de los cantores que le cantan a la amor, y a la belleza femenina. Son los estrógenos los que preparan a la mujer para el encuentro amoroso, las que abrillantan el cabello, encienden la mirada, suavizan la expresión y endulzan el carácter. Es en la etapa estrogenica cuando la mujer más gusta al hombre. 

La secreción de estrógenos comienza desde el primer día del ciclo menstrual, y las concentraciones de la hormona continúan en aumento durante el resto del ciclo. Los primeros días, que concuerdan con la menstruación, los niveles hormonales son muy bajos, pero alrededor del día siete la hormona alcanza los niveles necesarios para exaltar todo el potencial de la belleza femenina a los ojos del varón. Entonces desde alrededor del día siete hasta el día 14 (que es cuando comienza a secretarse la progesterona) la mujer se encuentra en su máximo esplendor para atraer al hombre que le ayudará a perpetuar sus genes.

Siete días de belleza radiante, irresistible, exuberante. Siete días de plenitud de luz lunar. Siete días de poesía e inspiración masculina. ¿Casualidad? No lo creo. ¿Qué se necesita para que el hombre habitante de una comunidad de cazadores-recolectoras de regreso ya tarde de la cacería, logre apreciar todo el esplendor de la belleza de su pareja? Ya usted lo entendió: la tenue y embrujante luz de luna, por supuesto. Ese fue un tiempo de fuerte competencia, por lo que la evolución se valió de estos (y muchos otros) trucos para perpetuar la especie.

Desde luego que esta es una conjetura, y es la rigurosidad de los datos en la investigación la que determinarán la validez de la teoría. Yo le prometo informarle de mis hallazgos, pero mientras tanto, disfrute de la luna llena.