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lunes, 19 de abril de 2010

Clases medias, víctimas de la indiferencia
























Dr. Edwin Francisco Herrera Paz. El día de ayer fui a almorzar con mi pastor, un hombre carismático de San Pedro Sula quien ha edificado muchísimas vidas en el corto lapso de su ministerio. Después de pensarlo un poco, decidimos almorzar en un céntrico restaurante de nuestra ciudad San Pedro Sula en donde la especialidad son unos deliciosos tacos al estilo mexicano. Llegamos a eso de las tres de la tarde con nuestras familias, pero no tardamos en darnos cuenta de la mala decisión en la escogencia del lugar: se tardaron una hora solo en atendernos. Después de hora y media se nos sirvieron las deliciosas viandas las que disfrutamos entre platica y platica. Terminamos de comer a eso de las seis de la tarde y nos dispusimos a retornar a nuestras respectivas casas. En el estacionamiento se encontraba el dueño del lugar con cinco guardaespaldas.
Poco tiempo después recibí una llamada del pastor. Al llegar a su casa se dio cuenta que la cerradura de su carro había sido violentada. La computadora en la que mantenía la información de los ocho años de ministerio, incluidas prédicas, presentaciones, borradores de libros e información vital para el funcionamiento de la iglesia, fue robada. Regresamos al restaurante y solicitamos hablar con los dueños para recibir la colaboración que el caso ameritaba.
Bueno, al menos eso pretendimos. Después de dos horas de espera nos enviaron a Walter, el gerente. Cuando le solicitamos hablar con el dueño, el gerente nos dijo que para eso estaba él, pero lejos de intentar ayudarnos con el problema, nos dijo que el restaurante no se hacía responsable de la pérdida, que no tienen vigilante y que para eso tienen los rótulos como el que se muestra en el inicio de este post. Que ellos solo proporcionan el servicio de estacionamiento bajo riesgo del cliente. El gerente parecía más bien el agraviado, y por más que insistimos no pudimos hablar ni conseguir la colaboración de los dueños.
El restaurante le da el servicio de parqueo pero la vigilancia la debe poner usted mismo, lo cual no es difícil si usted cuenta con servicio de guardaespaldas. Pero, ¿Qué pasa si usted es una persona de clase media, de esas que son las que en realidad sustentan la economía del país, que lo único que desea es pasar un momento de esparcimiento de su familia? Usted no tiene garantías, porque garantías no se las da nadie. Ni la delincuencia, ni el gobierno, ni el establecimiento.
Bien, en la metáfora de esta historia el establecimiento representa a la oligarquía, y la víctima de robo (en este caso el pastor) a las clases medias. Vale decir que a diferencia de otros países, en Honduras la llamada “oligarquía” permanece en una total apatía e indiferencia, haciéndose de la vista gorda ante los problemas fundamentales de nuestro pueblo, es decir, carece de toda responsabilidad social (desde luego hay excepciones).
La historia que les narré es nada más que una muestra de la indiferencia de la que he sido testigo recientemente, lo que me obliga a recapitular algunos hechos políticos acaecidos en Honduras en el último año. En el mes de Junio pasado las iglesias evangélicas, las que aglomeran a la mayor parte de la clase media hondureña, realizaron la marcha más numerosa de la que se tiene conocimiento en Honduras. Miles de personas salieron a las calles en protesta contra la intromisión del presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías y su socialismo del siglo XXI. El resultado fue el convencimiento de las Fuerzas Armadas de Honduras del rechazo a dicha intromisión, lo que dio como resultado la expulsión del ex presidente Manuel Zelaya Rosales.
Los hondureños de clase media marchamos en pos de nuestro estilo de vida y en contra de los cambios, pero viendo el asunto en retrospectiva, ¿realmente marchamos por nosotros mismos? o, ¿no será que dimos la cara por los grupos realmente poderosos que serían afectados por los cambios propuestos por Manuel Zelaya Rosales? ¿Será que clases medias e iglesias caímos en una trampa muy bien elaborada? ¿Quiénes han resultado realmente afectados con el conflicto político de Honduras? El aumento de la delincuencia y especialmente de la modalidad de secuestro, ¿hacia quienes va dirigida? No al pueblo pueblo, que no tiene como pagar un rescate. Mucho menos a la oligarquía, quienes transitan por las ciudades rodeados por un gran número de guardaespaldas y habitan en sus burbujas blindadas. ¿Quiénes pagan con aumentos cuantiosos a los impuestos la crisis económica desencadenada por la condena de los países al supuesto golpe de estado? El ministro de economía William Chong Wong dijo: El pueblo debe pagar el déficit económico originado por el problema político del año pasado.
¿Pagará el gobierno? Desde luego que no. Lejos de disminuir, el engranaje burocrático está en alza y no hay medidas serias para palear el peor de los males que aqueja las finanzas del gobierno: la corrupción pública. ¿Pagará la oligarquía? Todos conocemos las condonaciones otorgadas a aquellos que han invertido cuantiosas sumas de dinero para colocar políticos a su servicio en puestos estratégicos.
No mis amigos. Pagamos las clases medias. Pagamos con la sombra del secuestro y de una delincuencia cada vez más sanguinaria, y pagamos con nuestra economía. Si, las clases medias que salimos el año pasado a las calles a luchar por nuestro “status”, para darnos cuenta de que nuestro status es de desprotección, de indiferencia gubernamental y de los grupos de poder, y de la ausencia de verdaderos cambios encaminados al desarrollo. ¿Será que nos equivocamos? ¿Será que nos hicimos el “harakiri”? ¿Será que en Honduras sí necesitamos promover verdaderos cambios? ¿Que sí necesitamos alguna manera de redistribuir el poder económico y político? Las clases medias somos las llamadas a decidir de nuevo, con nuestra voz y nuestras acciones, como lo hicimos el año pasado. No nos durmamos en nuestros laureles y recordemos que Honduras continúa siendo uno de los países más atrasados de las Américas en materia de desarrollo humano, tecnológico, científico, etc., pero el problema fundamental es la mala distribución y manejo de las finanzas.
Por eso, si usted quiere comer en un lugar en el que hay un rótulo como el del inicio de este artículo, no se estacione ya que no hay ninguna garantía para su vehículo. Mejor váyase a su casa, deje su carro y recorra el trayecto a pie, así matará dos pájaros de un tiro: comerá muy rico y perderá unas libras, aunque en la jornada lo más probable es que lo que pierda sea la vida.
Saludos.