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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Efecto Bandwagon de la libertad


“A eso a lo que vos llamas: libertad, no es sino lo antagónico a la expresión más pura de libertad; pues para que sea verdaderamente libre, necesita romper el candado que tu propio concepto le pone”

Los tramoyistas tienen la capacidad de hacernos creer que el mundo volvió a ser plano debido a un problema de perspectiva; por default, los demás repetiremos que esa nueva concepción es verdadera, puesto que no somos autosuficientes para cuestionar esa imperfección y por lo tanto, la verdad solo puede surgir de alguien facultado y no del resto de nosotros. Para hablar de libertad por ejemplo, hace falta que asúmanos nuestro rol esencial en la construcción de ese conocimiento, este que a su vez al volverse una estructura sin duda alguna pierde su naturaleza. Cuando Immanuel Kant estableció las diferencias entre el concepto práctico y el trascendental de libertad, era evidente que su propia apreciación de lo que era “correcto” en términos etimológicos, lo obligo a encuadrar esa presunta conceptualización de libertad amorfa, y esto concretamente porque – en mi opinión – somos esclavos del modelo de moralidad que aprendemos, al grado que las formas en que los demás descifran el entorno o conducen sus propias decisiones, se ven obligadas a pasar por el prisma de nuestras propias interpretaciones de lo que es correcto y lo que no lo es; por lo tanto, la libertad práctica pasa a ser poco ecuánime cuando se regulan los albedríos. 

En nuestro entorno existen múltiples reguladores respecto de: ¿Cómo asume cada uno la libertad o la pone en práctica? Por mencionar algunos elementos que intervienen directamente en su asimilación y su praxis: la religión, la política, el patriarcado, la escuela, las leyes, la familia, el sistema político, los medios de comunicación, las relaciones entre las minorías, el poder de las mayorías, la composición del estado, la distribución de la riqueza, la economía y un último factor con ímpetus hipócritamente sutiles pero determinantes como lo es: el poder armado. Los reguladores en lo concreto buscan establecer sistemas de control y estos a su vez cumplen con la función de tasar su conducta o la de otros o ambas, apuntando a un funcionamiento predefinido que elimine las probabilidades de errores en el sistema. En lo concreto, el control que cumple con un fin regulador de los comportamientos, tiene un efecto de adoctrinamiento de la libertad y hace uso de medios de control para hacer efectiva su implementación – cierto –.

Si bien puede parecer insólito, los medios informales de control social al ser mas “libres” en su accionar, realmente son la yuxtaposición a la libertad – ¿sí? – Veamos: cuando hablamos de medios de control automáticamente los separamos en medios formales y medios informales. En la primera categoría están comprendidas las leyes y la institucionalidad; sin embargo, en los informales están consideradas las tradiciones, la cultura, los prejuicios, los mitos, y una trascendental que es la información que diseminan los noticiarios, la prensa escrita, la radio, la televisión y la propaganda. Si especulamos que los medios informales dependen de la cosmovisión social, gremial o individual, pensaríamos que tienden a moverse con mayor libertad que los que están enmarcados en la legislación; sin embargo, esa supuesta espontaneidad los vuelve antagónicos, debido a un elemento clave y este es el resultado entre los prejuicios y la moral, podemos llamarlo: interpretación – sesgo cognitivo –.

Al argumento ad nauseam más habitual cuando el poder y el control se agrupan para coartar la libertad se le nombra: libertinaje; esto quiere decir que para la mayoría de la población expuesta a la retorica social, existen valores que dan estructura a la libertad y en consecuencia, cuando la libertad carece de orden se vuelve demasiado bizarra lo que la convierte en un espectro intolerable. Es aquí, cuando sobresalen las primeras contradicciones o enemigos sustanciales de la libertad: el estado de derecho como tal, asume que todo individuo debe estar representado dentro de un grupo o una etiqueta social, nada puede salirse de este canon, pues esto le permite normar las relaciones entre los individuos y los grupos, lo que a su vez reconoce al estado una supuesta capacidad de asegurar la protección de los gobernados. Sin embargo, esta ordenanza que pareciera beneficiosa, terminara desprotegiendo a algunos sectores y sobreprotegiendo a otros y en general lo hará en una relación desigual entre las minorías que tienen el poder o el control y las mayorías que carecen de los dos elementos anteriores.     

La ausencia de la evidencia subyacente sobre la que descansan los prejuicios puede ser entendida como carencia de razonamiento lógico, o simplemente, como la conspiración de muchos factores reguladores que pretenden mantener bajo control las distorsiones en el sistema; entre estos tropezones sociales cuentan el anarquismo, las revoluciones, la dialéctica, la apolítica, el ateísmo, la igualdad, el laicismo, la opinión de los sin privilegios o los sin educación, el feminismo, el estado benefactor, la praxis contra la academia, la desaparición de los derechos de autor, el individualismo, entre otros; desnudando per se a la condición de que los prejuicios sobreviven por algo a lo que los psicólogos llaman “Efecto Bandwagon” o efecto de arrastre.      
   
La persecución de las ideas es quizá uno de los mejores esbozos de ese “efecto Bandwagon”;  vuelve a las sociedades verdugos de la libertad, puesto que para erradicar el peligro que los símbolos representan – me refiero a los símbolos anti sistema – satanizar la discrepancia es la mejor arma de los sistemas reaccionarios, adictos al poder y dueños del control; por esta razón parece natural y hasta necesario el uso de la fuerza; volviendo a la yuxtaposición del idealismo; la represión, las torturas, el maltrato, las desapariciones y los asesinatos de opositores se despliegan como alternativas validas para preservar la libertad. No es de extrañarse entonces que un gobierno y sus aliados usen la represión de los sectores antagonistas en defensa de los sectores minoritarios que tienen el poder, en este caso podríamos llamarlo sarcásticamente: “autodefensa”.

Oscilaremos entonces en que la libertad sea algo más apegado a un concepto resultado de la construcción individual, colectiva o institucional, que al hecho en sí mismo. Es decir, la libertad sí es amorfa, pero en la praxis no se debe a su característica o al albedrio individual, sino a la variación determinada por la distancia que existe entre lo que representa y es válido de una persona a otra; tal es el caso – por ejemplo – del distanciamiento entre ¿cómo asumen su libertad colectivamente? Los campesinos, las mujeres, los indígenas, los homosexuales, los adolecentes, las lesbianas, los adultos, los hombres, los ricos, los pobres; comparándolo con ¿Cómo asumen su libertad como individuos? Juan, María, Carlos, José, Lucia y Miguel; no obstante, podríamos concluir que esas variaciones no son dañinas sino beneficiosas para enriquecerla, pero que se vuelven perjudiciales cuando adquieren características coercitivas basadas en regulaciones impuestas por la institucionalidad de la religión, el ejercito, el gobierno represivo y la legislación parcializada; puesto que todas las anteriores la encarcelan y establecen regulaciones para su ejercicio y esto debido concretamente a que esas regulaciones que le dan “forma” están establecidas por las mismas minorías que gozan del poder y en consecuencia establecen el control de toda la sociedad.              

La imagen de Eugene Delacroix "La Libertad guiando al pueblo" reafirma el deber individual que existe, no solo para luchar por la libertad sino para construirla como un ejercicio cotidiano del ser humano; pero ese pragmatismo tendría que poder desapegarse de los constructos históricos que forman nuestra visión de moralidad, pues de no ser así, terminaríamos siendo simples espectadores de su evolución, mas nunca protagonistas de la construcción de nuestra propia libertad. Volviendo al efecto Bandwagon, seríamos como los idiotas que añoraban y luchaban por subirse a la carreta de Dan Rice – bufón personal de Abraham Lincoln en 1848 –.  

Por: Nelson Arambu
Septiembre 2012.

sábado, 29 de octubre de 2011

El Próximo 31 de Octubre la Poblacion Mundial Alcanzará los Siete Mil Millones de Habitantes

Por: Edwin Francisco Herrera Paz.

Este 31 de octubre, día de los brujos (por respeto a las mujeres), nacerá oficialmente el habitante humano número 7 mil millones de nuestro planeta tierra. En Honduras para esa misma fecha se espera que la población alcance la risible cantidad (en comparación) de 8 millones.

Pero, ¿Qué problemas potenciales trae el aumento de la población en el mundo? ¿Se volverán realidad las pesadillas maltusianas y moriremos de hambre? ¿Hay alguna solución? Durante el siglo pasado los temores de la humanidad sobre la teoría de Maltus activaron las alarmas de los gobernantes del mundo. El gobierno de China instauró sus medidas antipopulares de control de la población, lo cual aunado al tristemente célebre movimiento eugenésico originó rechazo global al mismísimo término “control de la natalidad.” Pero eso no debe hacernos apartar la mirada del hecho de que el aumento del número de habitantes del mundo representa un verdadero problema.

Para el año 1800 la población del mundo había alcanzado la nada despreciable cifra de mil millones de personas. En los siguientes años la población experimentó un crecimiento aproximadamente lineal,  alcanzándose los dos mil millones para 1930. Pero fue el siglo pasado el que disparó el crecimiento exponencial de la población, gracias a las mejoras en la salud pública con un gran impacto en la disminución de la mortalidad infantil, el combate a enfermedades infectocontagiosas, y el surgimiento de los cultivos extensivos. Y en el futuro inmediato estaremos viendo ostensibles mejoras en las ramas biomédicas, que permitirán bajar la tasa de mortalidad de enfermedades relacionadas con la vejez, aumentando la expectativa de vida y con ello la población mundial.

El crecimiento exponencial determinó que para 1974 la población alcanzara los cuatro mil millones, y para finales de siglo los seis mil millones. Actualmente, solo once años después, la población está alcanzando los siete mil millones. Sin embargo el crecimiento se ha desacelerado ligeramente, aparentemente tendiente a alcanzar un máximo en las próximas décadas.

El territorio donde albergar semejante cantidad de almas no es problema. Se ha dicho que con una adecuada distribución, se podría acomodar esta cantidad en el territorio de Francia, manteniendo una densidad poblacional inferior a la de la ciudad de Nueva York. La producción de alimentos y otros bienes de consumo primordiales no ha representado un problema. El mundo produce más de lo que necesita para nuestra supervivencia. Sin embargo, un gran porcentaje de la humanidad aun se encuentra bajo la línea de extrema pobreza, especialmente en países de África y América (como Honduras).

Se ha demostrado que un método fiable para disminuir la tasa de natalidad es aumentado la calidad de vida. Los países en la cima en cuanto a ingresos per cápita exhiben la menor tasa de natalidad, mientras los países más pobres presentan las mayores. Esto es así por la sencilla razón de que el costo energético de criar un hijo en un país desarrollado es muy superior al de un país pobre. Como la probabilidad de supervivencia es menor en el país pobre y el costo energético de la crianza bajo, compensatoriamente se aumenta la tasa de natalidad. Por ello  en la actualidad son los países más pobres los que están contribuyendo con la explosión demográfica.

El capitalismo moderno ha representado un importante elemento en el desarrollo de los países industrializados por lo que, a simple vista, parece una buena idea intentar exportar sus principios de libertad de acción y libre mercado a los países pobres. Se ha dicho que bastaría con aumentar el producto interno bruto de estos países para estabilizar la población mundial, sin embargo el problema no es tan simple.

Dijimos que la producción mundial es más que suficiente para mantener a todos los humanos de la tierra. Sin embargo, tanto como el 20% de la producción se queda en los Estados Unidos, la primera economía del mundo, y una cantidad similar en Europa y los países industrializados de otros continentes. Es decir, más de la mitad de la producción está destinada a un pequeño porcentaje de la población. Se ha calculado que la mitad de la producción mundial de alimentos se pierde, ya sea en el proceso de transporte o en la basura de las casas y restaurantes de los países industrializados.

Basura electrónica en la India
La cantidad de desperdicios y contaminación producida por los países industrializados es enorme. Gran parte de la basura producida por los Estados Unidos es exportada a países en desarrollo, como la India, donde los desechos tóxicos, como partes de aparatos electrónicos, está creando un verdadero problema ambiental. Por lo tanto no es deseable querer aumentar el consumo energético global (desde luego en lo que al consumismo se refiere) a los mismos niveles que los países industrializados. Si todos los seres humanos de la tierra consumieran la misma cantidad de energía que un habitante de un país industrializado, la basura y contaminación crecerían exponencialmente ocasionando un desbalance ecológico cuyas consecuencias son difíciles de predecir, pero que con toda seguridad serían desastrosas para la humanidad entera.

Gigantezca isla de basura
flotando en el Pacífico
Otro motivo de preocupación es la migración de las áreas rurales a las ciudades. Para el 2008 la población urbana mundial sobrepasó a la rural. El proceso de urbanización global ha hecho que el número de habitantes de las ciudades aumente, trayendo como consecuencia problemas como el alza de la delincuencia y el desempleo. Para 1975 existían en el mundo tres ciudades cuya población excedía los diez millones de habitantes. En la actualidad hay 21. No obstante, la experiencia natural nos ha mostrado que el proceso de urbanización es inevitable e indetenible. Todos los sistemas vivos tienden a agruparse, con el tiempo, en comunidades progresivamente mayores en tamaño y complejidad.

Las estrategias, entonces, no deben ir encaminadas a frenar el éxodo del campo a la ciudad, sino en preverlo y tomar las medidas pertinentes en la planificación urbana a largo plazo. De la misma manera, la solución a los problemas del mundo no se encuentra en el aumento del consumo de energía total. El alivio de la situación mundial no está en elevar la producción muy por arriba de la actual, sino en distribuir mejor y más eficientemente los recursos, tanto entre países, como dentro de los países. En suma, reducir la desigualdad en el consumo energético.

El mundo atraviesa en estos momentos una etapa de transición como pocas en la historia de la humanidad. El género humano no solo está creciendo en número, sino en complejidad gracias a la mejora en las comunicaciones. Nunca antes los ciudadanos comunes habíamos estado tan interconectados. Los gobiernos actuales se están volviendo ineficientes en la búsqueda de soluciones a los problemas apremiantes de la humanidad, y es por ello que nos encontramos a las puertas de una revolución ideológica y social sin precedentes conducente a la búsqueda de mejores sistemas de gobierno, de distribución de la riqueza y del poder.

Pero mientras ese momento llega, brindemos por el nacimiento del habitante número 7,000,000,000 el próximo día de Halloween. Esperemos que no sea un brujito. ¡Salud!
Coeficiente GINI de desigualdad por país. El coeficiente es un número entre 0 y 1. Cero corresponde a una distribución perfectamente equitativa de los ingresos entre todos los habitantes del país. Uno corresponde a una distribución perfectamente desigual, con una persona obteniendo todo el ingreso del país y las demás ningún ingreso. 
Mapa de la tasa de asesinatos por país. Se puede ver una fuerte correlación entre la desigualdad económica por país (ver mapa anterior) y la tasa de asesinatos por país. 
En el siguiente video Richard Wilkinson muestra la manera en la que en países industrializados, es la desigualdad en los ingresos económicos la que se correlaciona con importantes indicadores sociales, y no el producto interno bruto. 

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