lunes, 20 de diciembre de 2010

El origen de la duda: el temor a los cuernos, las disputas por la paternidad y comportamientos sexuales biológicamente condicionados


Edwin Francisco Herrera Paz. Ya hace más de 3000 años una mujer acudió ante el rey para solicitar su veredicto en un delicado asunto. Ella y otra mujer dieron a luz en la misma habitación. La reclamante decía que el niño de la otra mujer había muerto durante la noche, y al verlo muerto lo cambió por su hijo mientras ella dormía. Al despertar reconoció inmediatamente que la criatura no era la suya. ¿Cómo saber si decía la verdad?

El sabio rey Salomón encontró una salida fácil e ingeniosa al asunto (aunque un poco violenta). Ordenó que el niño fuera partido en dos y se le diera la mitad a cada una de las mujeres. De inmediato, la verdadera madre se negó. Prefería que el niño pasara a manos de la otra mujer antes que verlo muerto. El asunto quedó zanjado adecuadamente.
Es muy poco probable observar en la actualidad un caso como este, narrado en 1Re3:16-28, puesto que en los hospitales de hoy se identifica claramente al recién nacido con un brazalete para evitar confusiones. Pero, ¿qué pasaría si los brazaletes se confundieran? Si los familiares repararan en el cambio se les realizaría una sencilla prueba de paternidad a los niños y a las madres. Pero no es hasta muy recientemente que la humanidad ha podido, gracias a la tecnología de tipificación del ADN, determinar la paternidad o maternidad biológica sin margen de duda.
El juicio de Salomón es uno de esos raros casos en los cuales la historia registra una disputa por maternidad. Lo usual es la duda sobre la paternidad, o en palabras de los genetistas forenses, “de la madre no se duda”. Pero, ¿por qué es tan importante determinar la paternidad biológica? Bueno, porque para los hombres tiene una importancia psicológica fundamental por razones evolutivas que explicaré a continuación.


Muchos aspectos del comportamiento del humano han sido modelados en un rango de tiempo que va de unas decenas de miles, a millones de años. La actitud frente a las cuestiones económicas, la búsqueda de pareja, la vida en familia, las relaciones, la conducta altruista, la inclinación sexual, la violencia, la guerra, los hábitos alimenticos y aun nuestro gusto por el futbol,  tienen un alto componente genético determinado por esta evolución. Sin embargo, la fracción con la que contribuye la genética y la fracción en la que interviene el entorno cultural en muchos de estos aspectos es objeto de investigación en la actualidad. A pesar de esto, sin duda hay comportamientos universales que tienen una signatura evolutiva evidente.
La conducta sexual diferencial es un ejemplo. El hombre produce diariamente cientos de miles de gametos (espermatozoides), mientras la mujer produce un solo gameto (óvulo) cada mes. Es decir, los hombres son miles de millones de veces más fértiles que las mujeres, lo que naturalmente determina diferencias conductuales.


Para el hombre resulta ventajoso, desde el punto de vista biológico, fecundar la mayor cantidad posible de mujeres puesto que es capaz de procrear con todas ellas transmitiendo sus genes a su descendencia. Biológicamente, para el hombre no es tan importante la calidad como la cantidad. La maximización económica en términos de la supervivencia de los genes masculinos, está dada por la máxima cantidad de mujeres con las que se puede aparear, con un mínimo de gasto energético en las crías. Así, si una mujer porta el hijo de un hombre en su vientre, a este le conviene que otro se haga cargo de la responsabilidad de criarlo. Esta ventaja biológica se ve reflejada en una conducta sexual masculina más liberada y promiscua que su contraparte femenina, y en los altos índices de paternidad irresponsable que se observa en algunos países.


Ahora veamos qué pasa cuando un hombre cría (sin saberlo) un hijo que no es suyo. Este individuo estará sin duda experimentando un enorme gasto energético con una recompensa biológica prácticamente nula. Este hombre no pasará sus genes a la descendencia y por ende el comportamiento conformista con respecto a la paternidad morirá con él. Así, el comportamiento masculino que ha encontrado su ruta hasta nuestros días, es el de suspicacia con respecto a la paternidad, siendo frecuente una pequeña –e incómoda- duda que raras veces se expresa. Para el caso, se ha demostrado que los celos de los hombres tienen su origen en el temor a “los cuernos” que darían lugar a un embarazo en su pareja con el qué, sobra decirlo, él mismo tendría que cargar.


Las mujeres, en cambio, necesitan cuidar sus preciados y escasos óvulos. Para que su genoma sobreviva y se perpetúe, deberá cuidar extremadamente bien a su descendencia. Deberá encontrar una pareja que le ayude adecuadamente con su cría: un hombre fuerte y altruista. A la mujer le conviene calidad y no cantidad. Por lo tanto, el comportamiento femenino que maximizará su éxito biológico será el de escoger cuidadosamente a su pareja sexual. Además para la mujer, desde el punto de vista biológico, no será tan importante que el hombre a su lado sea el verdadero padre de la criatura. Mientras este proporcione el adecuado gasto energético a la cría, ella podrá transmitir sus genes a la descendencia. Por lo tanto, el silencio de la infidelidad le conviene.
En el ser humano moderno la vida en pareja y en familia, y las relaciones conyugales con todas sus dificultades, dependen del estira y encoge de estas conductas para lograr un balance adecuado que favorezca los resultados de grupo, y aunque las conductas pueden ser modificadas por las presiones culturales, continúan manifestándose en su forma básica que se ve reflejada en las estadísticas, como por ejemplo:
-         1) En estudios efectuados en diversos países se ha demostrado un porcentaje nada despreciable de familias en las que un hombre, sin saberlo, está criando un niño que no es su hijo biológico.
-          2) Tan fuerte es el temor a criar hijos ajenos, que un porcentaje importante de asesinatos en diferentes países está conformado por crímenes pasionales en los que el hombre se entera que su pareja está teniendo una aventura.
-         3) Las pruebas de paternidad con fines privados (no requeridas por alguna institución del estado) han tenido un importante auge en la última década a pesar su precio relativamente alto.
Un motivo frecuente de solicitud de la prueba de paternidad (según he podido constatar en mi base de datos) es el siguiente: Un hombre mayor pero económicamente solvente, o un ciudadano americano, tiene relaciones con una joven hondureña la cual queda embarazada. La muchacha alega que el padre es el hombre mayor (o el ciudadano americano). En estos casos la prueba resulta, frecuentemente, excluyente de la paternidad. Sin duda este tipo de casos ilustran en todo su esplendor el comportamiento condicionado biológicamente. El señor mayor ha cumplido con formar una familia. Ahora, procrear con una muchacha joven le garantizará el aumento de su acervo genético. La muchacha, en cambio, busca un joven fuerte y vigoroso que pueda darle hijos sanos, pero acusa al señor de ser el padre pues de este obtendrá el cuidado adecuado para su futuro hijo. Aunque la mentira puede ser descubierta hoy en día gracias a la prueba de paternidad, la evolución determinó que este tipo de interacciones fuera más bien frecuente. Ambos están jugando, sin saberlo, a una lotería biológica de miles de años de existencia.
Considero aclarar, a estas alturas, que estos fenómenos se llevan a cabo inconscientemente, conducidos por procesos hormonales y neurales que dan como resultado un impulso, un deseo, una tendencia. Así como una interfaz de computadora está construida capa sobre capa, donde la primera capa es un lenguaje de ceros y unos y la última una sofisticada plataforma gráfica, el origen de nuestro comportamiento se encuentra oculto en la primera capa constituida por las secuencias de nuestros genes, que se manifiestan de alguna forma en la última capa compuesta por un intrincado código de comportamiento. Pero aunque la analogía es adecuada, los procesos bilógicos son supremamente más complejos que los procesos llevados a cabo en el interior de las computadoras actuales.
A este respecto y continuando con la analogía, nadie puede negar que una computadora adquiere una “personalidad” particular. Dos computadoras idénticas y con el mismo software se diferenciarán en su comportamiento con el paso del tiempo, dependiendo de los gustos, habilidades y preferencias del usuario y los programas descargados de la red. Así mismo, los genes preparan la infraestructura en donde se desarrollará el complejo código de comportamiento, pero es finalmente el ambiente y el entorno cultural los que determinarán como se manifestarán las tendencias.
Así es que ya sabe. Si usted es una mujer a la que su pareja le ha confesado que tiene dudas sobre la paternidad, no se moleste con él. Recuerde que es una reacción normal escrita en lo más profundo de su genoma. Permítale hacer una prueba de paternidad para aclarar las dudas de una vez por todas. 

martes, 14 de diciembre de 2010

LA LUNA Y LA ENVIDIA: LOS GUIÑOS SIDERALES Y LOS AGUJEROS NEGROS

Diferentes fases de un eclipse lunar
Eclipse lunar 21 de diciembre de 2010 visto desde Honduras. Tomado de: www.laprensa.hn
José María Castillo Hidalgo. Por alguna buena razón el único satélite natural que tiene nuestro planeta, siempre ha sido identificado con el sexo femenino, así desde tiempo inmemorial cuando el hombre vestía con pieles y luchaba cuerpo a cuerpo con las fieras, en todas las culturas y en todos los ambientes, la Luna es la diosa, ya del amor, de la fertilidad o del encanto sexual. Algunos se atreven a afirmar que esto se debe a su inconmensurable capacidad de ser esquiva, cautivadora, sensual y...falaz, já. Yo mas creo que es por su belleza incomparable, su capacidad de iluminar de manera lúdica y suave... pero si, y con esto creo, vuelvo a caer en los mismos yerros de mis antepasados... su embrujo. Y es que mirar al cielo en una noche estrellada y adornada de Luna hace evocar siluetas femeninas blancas, bronceadas y trigueñas, todas al mismo tiempo, lo que nos embelesa, de manera que caminar bajo su luz es un placer de dioses que hace que el espíritu se inflame y se deslice plácidamente por los valles y collados...
Luna muy brillante
Pero menos evocadoramente, se ha preguntado Ud. alguna vez ¿Porqué la Luna se ve gigantesca cuando está precisamente encima del horizonte, entre los edificios o los árboles, que más parece un gran globo traslúcido, a veces pincelado de púrpura o de rosa? ¿Y porqué cuando está en el cénit de la cúpula celeste se ve pequeña, como una pelota de golf?

Déjeme decirle que si lo ha hecho, en menudo lío se ha metido. La primera conjetura que se nos viene a la cabeza es que cuando está sobre el horizonte está más cerca de nosotros y cuando está colocada precisamente sobre el punto en el que estamos parados, está más lejos. Pero si reparamos un momento, veremos que seguimos sexplicando y no pensando con claridad. La Luna gira alrededor de la tierra en un movimiento de traslación que más que una elíptica es casi un círculo perfecto. Esto se traduce en que casi siempre se encuentra a la misma distancia del planeta azul, con variaciones nimias.
Fases lunares
En algún momento pensé en dejar la respuesta a este misterio para el final, y así mantener al estimado lector en vilo, pero la verdad es que la sencillez de la solución de manera alguna justifica mayor dilación y tal vez hubiera dado lugar a un innecesario disgusto. La verdad es que con toda la tecnología actual, telescopios nucleares, satélites y computadoras...nadie lo sabe. Se han vertido dispares hipótesis, ninguna de las cuales ha podido ser comprobada y mucho menos satisfacen a todos los criterios y gustos, y la que es aceptada con mayor generalidad es la que los científicos han dado en llamar "Teoría Psicológica" que afirma que todo se debe a una percepción subjetiva: el observador relaciona la Luna con los objetos circundantes y la aprecia mas grande, sin que esto sea real.

Pero he aquí otro detallito con respecto a la Luna que tal vez le sorprenda aún más. Si bien la luna órbita alrededor de la pelota cósmica que habitamos, su movimiento de traslación con el cual nos circunda es convexo con relación a la Tierra (que no cóncavo). Así como lo oye. La Luna, como satélite al circundar la Tierra, suma su masa a la del planeta, formando un sola fuerza gravitatoria que a su vez circunvoluciona alrededor del Sol; y siendo que el centro de este microsistema no está precisamente en el centro de la tierra sino algo distante de allí, tal situación obliga a la Luna a girar de una forma más bien revoloteante, coqueta y cadenciosa...y convexa alrededor nuestro. Trate ested de verla desde aquí y dígame si NO lo deja maravillado y murmurando: ¡Qué de trucos los de esta morena...!
Físico teórico famoso Stephen Hawking
Y más: Si Ud. es amante del rock clásico o ha leído poesía de vanguardia, por allí debe haber escuchado la afirmación "the dark side of the moon" que en buen castizo quiere decir "el lado oscuro de la luna" al que a veces los cantores también llaman "el otro lado de la Luna". Bueno para explicar tal aseveración, déjeme desde el principio decirle que tiene bastante de verdad, algo de erróneo y mucho de maravilloso.

En efecto, al igual que la Tierra, la luna tiene dos movimientos: el de rotación (sobre su eje) y el de traslación (alrededor del cuerpo espacial que es su alfa). Como sabemos desde el kínder, la Tierra gira en unas 24 horas sobre su eje y transita formando una elíptica alrededor del Sol en 365 días y unas 6 horas (lo que se corrige con el año bisiesto cada 4 años, etc.). Así también se sabe que el período de orbitación sexi y cadencioso de la Luna alrededor de la Tierra es de unos 27 y pico días, con una coincidencia pasmosa según datos preliminares con el período de ovulación de la hembra del humano, lo que ha dado lugar a interesantes teorías como la de nuestro Doctor Edwin Francisco Herrera Paz, la cual fue galardonada con el cariño de los lectores y al cual especialmente lo remito en este mismo blog (Los estrógenos y la luz de la Luna llena).
En términos estrictamente científicos, "el desplazamiento completo de nuestro satélite dura un período sidéreo de veintisiete días, siete horas y cuarenta y tres minutos, computados con relación a un punto de referencia que no rote, o con las estrellas". Bien, esto es bien sabido, pero aunque usted tal vez suponga lógicamente cual ha de ser la siguiente pregunta, quizás inconscientemente la esté evadiendo (si no es aficionado a los temas del espacio): ¿Cuánto tarda la Luna en girar sobre su propio eje?
Cuerpo celeste hoyo negro
La respuesta explica el porqué hay un LADO OSCURO DE LA LUNA aunque hablando con total propiedad deberíamos decir que LO QUE HAY ES UN LADO DE LA LUNA QUE NUNCA ES VISIBLE DESDE LA TIERRA. De manera que es difícil de creer y nos deja atónitos, y de lo cual resulta que, después de todo, la Luna si es una bandida, por decir lo menos, ya que por el efecto equilibrante de las fuerzas gravitatorias en juego, el movimiento de rotación de la Luna dura exactamente lo mismo que el de traslación.

Cuando digo exactamente quiero decir que quirúrgica y cronométricamente tienen la misma duración, de manera tal que tanto los Sumerios como los egipcios, los griegos, los arabes, los mayas, y subsiguientes auscultadores del cielo, llámense Galileo, Copérnico, Newton, etc, hasta llegar a Stephen Hawking (mientras pueda doblar el pescuezo o cuello), han visto desde la tierra el mismo lado o cara de la Luna, precisamente por la sincronización asombrosa de dichos movimientos, de manera que la Luna al ir circunvolucionando sigue presentando idéntica faz hacia nosotros. Aunque hay que enfatizar que lo cierto es que el lado de la Luna que queda contrapuesto a la Tierra, en verdad a veces está totalmente iluminado, medio iluminado o nada iluminado por el Sol dependiendo de la etapa del periplo en que se encuentre, por lo que es inexacto llamarle lado oscuro.
Perro grande con hueso pequeño y perro pequeño con hueso grande
Y este enano, ¿de donde sacó ese hueso tan grande?
¡Debe andar en malos pasos!

Si no fueran perfectamente sincronizados dichos movimientos, con el transcurso de los milenios la mas mínima variación implicaría una exposición diferente de la superficie lunar hacia la Tierra que iría in crescendo, y que nos permitiría ver partes nunca antes vistas...lo que NO ha sucedido desde la última glaciación por lo menos.

Lo invito ahora a que extrapolemos los guiños siderales con los agujeros negros psíquicos: Cuando fallamos en reconocer que somos espíritu y materia, y que cada parte de nuestro ser requiere su propio alimento, se pierde la sincronía o equilibrio de nuestro estado anímico o afectivo. ¿Cómo saber que tan bien calibrados o sincronizados están estos dos aspectos de nuestra naturaleza? Por fortuna hay un instrumento de precisión infalible del cual podemos echar mano. Es aquel que los moralistas llaman el más infame, burdo y cruel de los sentimientos: La envidia, la cual debe su mala fama a que supuestamente no sirve para nada y si puede hacer mucho daño a ambos lados (envidioso y envidiado) y ya lo creo, que muchas guerras y muertes se deben a ella. Pero es mi intención en todo su atrevimiento, dejar sentado aquí un nuevo paradigma, en el sentido de que de alguna manera se puede aprovechar este sentimiento. En términos científicos a la envidia no podríamos llamarle pecado, pero en términos psicológicos es sin duda una manifestación de un desequilibrio afectivo más o menos amplio.

Como sabemos la envidia, la constituye aquella sensación que va desde una simple desazón siguiendo a molestia, prurito, disgusto y hasta cólera incendiaria que nos ocasiona y provoca el hecho de ver que alguien tiene algo que nosotros No tenemos y que le permite ser más feliz que a nosotros; pero también la conforma aquella infelicidad y amargura que nos provoca ver que alguien llega a tener algo que nosotros ya tenemos y que le permite ser tan "feliz" como nosotros, lo cual nos desbanca de nuestra situación de privilegio (circunstancia considerada herética). En verdad, esto es solo una percepción subjetiva equivocada y viene de subestimarnos sin necesidad, tal vez debido a una interpretación errónea de algún suceso en la infancia y el cual NO hemos vuelto a revisar con posterioridad ya con un mejor criterio o quizás de alguna fantasía compensatoria que fabricamos también hace tiempo y que NO tiene buena razón de ser, vaya usted a saber, pero lo cierto es que todos tenemos la misma capacidad de ser felices y nadie nos pide que demos lo que no podemos buenamente dar, y normalmente si estamos bien afinados invariablemente nos alegramos cuando los demás buenamente se alegran (es decir, sin mediar injusticias).

Hombre mayor en la playa con mujer bonita
La suerte del feo, el bonito la envidia.
Nuestros pensamientos informan a nuestro raciocinio que es lo que como sujetos nos hace felices. Así usted puede ser más feliz estrechándole la mano a una viejecita desconocida para ayudarle a cruzar la calle como buen "boy scout" o bailar un merengue con una mulata despampanante en pleno carnaval, que por digamos, recibir el premio Nobel de Física por teorizar la Tercera Ley de la Termodinámica o por ganarse la lotería alemana sin comprar el boleto, siempre y cuando su cerebro le informe que esto es así, por ser aquello intrínsecamente mas valioso que esto y por lo que sea que son sus motivaciones o fines últimos.

Recuerde que el Universo tiene fuerzas que se sobreponen unas a otras para que todo sea perfecto. Es importante saber jerarquizar para su propia vida y hacer valoraciones inteligentes. Piense que la envidia es cuestión de una percepción subjetiva equivocada pero que con una óptica positiva nos sirve de pitazo sobre la necesidad de una calibración o recalibración, de la cual depende tanto nuestra felicidad como la de aquellos más cercanos a nosotros...; es como un botón rojo parpadeante que nos avisa de un desorden en nuestras corrientes psíquicas.

Evoque entonces a su propia discreción los trucos de la Luna y hágase consciente de qué percepciones preliminares nos pueden engañar, pues hay situaciones que requieren de una visión razonada...así también haga de su mente una conjugación de fuerzas en equilibrio el cual sea espejo de la armonía de las esferas del universo.

Estimado amigo y amiga: Que la Fuerza le acompañe.

Roatán, Diciembre 12, 2010.

JOSE MARIA CASTILLO HIDALGO.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Me río de mi mismo

Edwin Francisco Herrera Paz
Por tiempos resulta bueno reírse de uno mismo. Hay que hacerlo para aterrizar; para recordar que el universo no orbita alrededor de nosotros. Que si estamos vivos y avanzamos en la vida, no es porque seamos la última gasolinera del camino. Nos levantamos hoy por la gracia y misericordia de Dios. ¡Somos tan finitos, frágiles y temporales….! Además, la risa es buena para preservar la salud al disminuir las hormonas del estrés y aumentar las endorfinas.
Así que a reírnos de nosotros mismos se ha dicho. Anoche hacía el intento de recordar episodios de mi vida que me ayudaran en la mencionada labor. Entonces, recordé aquel día de mi juventud. Tendría a la sazón unos 14 o 15 años cuando invité a salir a una linda muchacha que aceptó, con la condición de llevar a su amiga.
Después de bañarme, vestirme adecuadamente para la ocasión (según yo), acicalarme y perfumarme hasta el pelo, salí en mi carro (me lo prestó mi mamá) a estrenarme como macho seductor. La recogí en su casa, le abrí la puerta del carro como todo un caballero y nos dirigimos a recoger a su amiga. Al llegar a la casa de la amiga, procedí a decirle a la muchacha: “Regresaré pronto. Si me extrañas, grita.” Bueno, me parece que eso le dije. O tal vez haya sido un simple y escueto “ya vengo.” Pero eso sí, con aires de supermacho impregnado de testosterona.
Me le quedé viendo, como diciéndole con la mirada “¡me gustas, y yo sé que te gusto!,” y sin desprenderle la vista abrí la puerta del carro muy despacio dispuesto bajarme a recoger a su amiga. Procedí a salir del carro aun viéndola, intentando mantener una risa ladeada y socarrona –como la de Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”- cuando de pronto sentí que me iba de este mundo. Literalmente la tierra me chupó cuando al apearme comencé a caer en una profunda fosa del sistema de alcantarillado en construcción.
Afortunadamente, salvé mi vida cuando en una fracción de segundo reaccione agarrándome de la ventana de la puerta. Quedé colgado sin saber qué hacer. Como pude, con un esfuerzo sobrehumano desarrollado más por vergüenza que por valentía, me alcé con mis brazos hasta salir del peligro. La joven que me acompañaba intentaba ayudarme pero la risa no se lo permitía. ¡En ese momento hubiese deseado mejor que la tierra me terminara de tragar! Al salir, todo tembloroso y sudoroso, me fui a recoger a la amiga. Luego visitamos varios lugares pero yo no abrí la boca en toda la noche. Sin duda esta es una experiencia traumática para un joven adolescente en su debut de picaflor, pero ahora lo recuerdo con risa.
Y es que algunos acontecimientos dolorosos se convierten en risibles con el tiempo, cuando se ven en perspectiva, y cuando no han originado un daño irreparable. Me acordaba de mis primeros turnos como médico en una clínica privada. Un día llegué al turno. Había un grupo de personas fuera de la clínica, entre pacientes y familiares. Me bajé del carro, le puse llave, y cuando voltee bruscamente, mi frente fue a impactar con una caja de metal colocada en un poste de luz que no sé qué contenía (ni me interesa); lo que sí sé es que la caja estaba bastante dura.
¿Usted recuerda lo que pasaba en los dibujos animados de la tele cuando un personaje se golpeaba la cabeza? Le aparecían estrellitas por todos lados. Yo pensé que era broma de los dibujantes, pero ese día me di cuenta que es cierto. De veras, uno ve estrellas. Pero si hay algo que influye más fuertemente en nuestro comportamiento que el dolor físico, es el dolor moral. La vergüenza de ser visto en esa situación embarazosa.
Como pude, contuve el grito de dolor. Pasé entre la gente con la cabeza en alto como diciendo: “Todos tranquilos. No ha pasado nada. Todo bajo control que aquí el doctor soy yo.” Entré a la clínica y busqué un rinconcito donde acurrucarme sin que nadie me viera y allí, en soledad, solté un llanto de dolor genuino acompañado de un lastimero lamento o quejido. ¿Ya ve? En ese entonces me dolió, pero ahora me voy al suelo de la risa.
A veces, es mejor reír ante los malos tratos que nos puede dar la vida. No hay duda que es mejor para nuestra salud que llorar o encolerizarnos. Ahora me río, pero hace unos meses tuve ganas de llorar por los acontecimientos que les narraré.
Como debíamos pagar las deudas por las operaciones de nuestra clínica, hace unos meses decidimos –mi esposa y yo- vender un aparato de ultrasonido que teníamos subutilizado. Pusimos el anuncio en el periódico: “Se vende ultrasonido portátil Medison SA 600. Dos transductores (uno nuevo)…” Para sorpresa y alegría nuestra, el primer día de anuncio apareció un cliente. Se trataba de un médico de otra ciudad que estaba interesado y mandaría a alguien para que revisara el equipo, lo que efectivamente ocurrió por la mañana. Unas horas después el médico me llamó para acordar el precio final que después de unos 10 minutos de regateo de parte del galeno, decidí bajar substancialmente.
Acordamos que el pago se realizaría mediante depósito en mi cuenta cuyo número le proporcioné. Por la tarde, me llamó confirmando la transacción. Yo verifiqué en mi banco que el depósito había sido efectuado y ordené que se le entregara el aparato a la persona que lo había llegado a recoger. Dos días después regresé al banco para efectuar otra transacción y me di cuenta de que todo el dinero depositado hacía dos días, había sido debitado el día anterior. Le reclamé a la cajera quien, después de indagar más a fondo, me informó que el cheque con el que se hizo el pago no tenía fondos. Fue depositado, no en una ciudad lejana, sino en mi propia ciudad San Pedro Sula. ¡Me estafaron! ¡Oh no, me estafarooooon! ¡No puede ser! Y de paso el banco me cobró la penalidad por el cheque rebotado.
Recurrí infructuosamente a nuestras autoridades del Ministerio Público en la división de delitos financieros, pero más me hubiera valido no hacerlo. Gasté valiosas horas y muchos litros de combustible para encontrarme con la más absoluta apatía e indiferencia. De nuevo, ¿ha visto en los dibujos animados cuando el personaje estafado aparece con una bolsa de arena en lugar de cabeza? Pues es exactamente lo que se siente.
iijooooo....  iijoooooo
La pérdida no duele tanto como el sentimiento de haber sido timado. Entonces me dije a mi mismo: “mi mismo, la culpa es tuya por confiar en los estafadores, en tu brillante banco y en tus autoridades. Más te vale, mi mismo, que comencés a reírte de vos mismo. Perdiste el aparato, el dinero que el banco te cobró, tu tiempo y gasolina buscando una ayuda imposible de obtener en tu país… no vas ahora a perder la salud, por lo que más te vale que te rias.”
Aun guardo el cheque como recuerdo. Y cuando me quiero poner triste o enojado, saco el cheque, lo miro, me acuerdo de lo que me dije a mi mismo, e inevitablemente suelto una sonora carcajada.